miércoles, 25 de octubre de 2017

Mi intervención en el debate "La escuela del mañana. Evolución o ruptura"


Después de la mesa redonda celebrada ayer en el Auditorio CIVICAN de Pamplona, dejo un texto que refleja aproximadamente en qué consistió mi intervención, a partir de las tres preguntas que se nos plantearon.

1. ¿Cuáles son las bases pedagógicas del modelo educativo que defendéis?

Desde el punto de vista de las ideas, entiendo la enseñanza, en función de mi responsabilidad como profesor de instituto, como una parte fundamental de la educación del individuo, consistente en la transmisión de una serie de conocimientos que, por complejos y específicos, solo pueden ser transmitidos por un especialista y en el ámbito académico. Esta tarea tiene unas evidentes connotaciones sociales, por el valor intrínseco del conocimiento y por la propia concepción de la escuela como vehículo de ascenso social. Desde el punto de vista de la didáctica, considero que el fin de la escuela es trabajar para lograr la mejor versión de cada alumno, o lo que es lo mismo: garantizar (o hacer lo posible por garantizar) que cada alumno será capaz de llegar al máximo de lo que su capacidad y actitud le permitan, garantizando igualmente el apoyo necesario al que tenga mayores dificultades. Para lograr esta aspiración, defiendo la libertad de cátedra y la libertad metodológica, porque entiendo que es el profesional de la enseñanza el que mejor sabe qué estrategia es la más adecuada para conseguir sus objetivos, adaptándose siempre a cada circunstancia, en un proceso continuo de reflexión, actualización y revisión. Y reivindico una cierta normalidad a la hora de explicar lo que los profesores hacemos, que no tiene por qué ser espectacular o asombroso sino que más bien es artesanal, modesto y pasuado y requiere sobre todo conocimientos, mano izquierda, compromiso, entusiasmo e ideas claras.

2. ¿Cuáles creéis que son los principales retos educativos de los próximos años?

No creo que los retos de la educación del futuro sean distintos de los que afrontaba la educación del pasado. Pienso que hoy, igual que ayer, una persona formada siempre será menos manipulable que una persona ignorante. Pienso también que el espíritu crítico está estrechamente relacionado con una formación académica solvente, como lo está la creatividad o las habilidades sociales. Es más fácil que un ciudadano culto sea empático, solidario o imaginativo que alguien que no tiene una base sólida de conocimientos. Por todo esto, me parece un error pensar que los retos educativos dependen de la época, de las tendencias o de las modas. La enseñanza ha de ser atemporal, como los clásicos. Precisamente, ante el exceso de inmediatez y superficialidad de nuestro tiempo, la escuela debe ser capaz de mantenerse como una institución sólida y de algún modo impermeable, no para cerrarse a la sociedad sino para dejar pasar solo lo más valioso de esta. En mi opinión, el principal problema que nos encontramos hoy en la enseñanza es la confusión. Pondré algunos ejemplos:

a.- Esforzarse y sufrir no son lo mismo. Nadie busca el sufrimiento de nadie, pero es imposible aprender sin esfuerzo. La exigencia, en este sentido, es irreemplazable.
b.- Educar las emociones es una redundancia, puesto que el conocimiento ya es en sí mismo emocionante.
c.- Aprender, saber, puede contribuir a la felicidad, pero el fin de la escuela no puede ser proporcionar felicidad sino conocimientos.
d.- Si convertimos la institución escolar en un centro de terapia, o si pretendemos que la labor del profesor deje de ser docente y pase a ser asistencial, estaremos abandonando a quienes realmente necesitan terapia y ayudas específicas y dejando de atender profesionalmente a los que buscan conocimiento.
e.- De manera similar, si apostamos por entretener en lugar de formar, solo aquellos que dispongan en su entorno de cierto nivel cultural, podrán acceder a él. El entretenimiento está casi en cualquier parte; el conocimiento y la cultura, no.
f.- Solo aquel que ha enseñado puede considerarse experto en educación.
g.- Es urgente apelar a la naturalidad y a la confianza en la educación. Naturalidad para asumir de qué forma uno aprende. Confianza para encomendar a los profesores la formación de nuestros hijos.
h.- Innovar no es bueno ni malo. Depende. Lo sensato es conservar aquello que es valioso y que funciona razonablemente bien y modificar lo que se ha demostrado ineficaz.
i.- La educación no puede ser un banco de pruebas ni los alumnos y profesores conejillos de indias. Toda propuesta pedagógica seria ha de estar avalada por la experiencia y respaldada por la evidencia. Da igual que hablemos de los estilos de aprendizaje, de las inteligencias múltiples o del brain-gym.
j.- No hay nada más estimulante para un alumno que comprobar que progresa, que aprende, que evoluciona. La motivación está, pues, en el mismo conocimiento. Aprender es, en cierta manera, adictivo.
h.- Ni el conocimiento ni la inteligencia son democráticos. No todos tenemos la misma capacidad ni necesitamos las mismas dosis de esfuerzo. El más capaz, con menos, aprende enseguida; el menos capaz, tendrá que esforzarse más. Pero en todo esto hay algo de justicia: alguien menos capaz pero más perserverante que otro, podrá alcanzarle e incluso llegar más lejos que él.
i. El aprendizaje cooperativo puede ser útil, siempre que no sustituya al imprescindible trabajo individual.
j.- Internet es una fuente de información provechosa para quien tiene una base de conocimientos. Para quien no, es una magnífica manera de desorientarse.
h.- Ningún profesor que sabe poco, puede enseñar bien.
i.- Lo rápido y lo cómodo no siempre son lo mejor. El reto del aprendizaje es que lleva tiempo y esfuerzo.
j.- El ejercicio intelectual nunca es pasivo.
h.- Los hábitos son indispensables para poder aprender. Cuando antes se tengan, menos traumático resultará.
i.- La enseñanza es una labor discreta y de resultados tardíos. Uno siembra curiosidad y gusto por aprender, trata de contagiar entusiasmo y de generar expectativas, con la intención de que en la mayoría de los alumnos cale y suponga una influencia positiva para ellos.
j.- Para madurar, es el alumno el que ha de ir adaptándose al entorno y no al contrario. Acomodar todo al estudiante es, en mi opinión, un grave error.
k.- Preocuparnos por nuestros hijos no es hacerlo solo por su bienestar.
l.- Las buenas intenciones no tienen por qué dar buenos resultados.

3. ¿Qué consideráis que es prioritario cambiar del actual modelo educativo?

Aludiendo al título de esta mesa redonda, creo que la enseñanza no debe apostar por la ruptura sino por la evolución, pues toda renovación ha de basarse en lo conocido, bien como inspiración, bien como diferenciación. Solo desde el profundo conocimiento de lo que uno se trae entre manos es posible trascenderlo para mejorarlo. Así que si, sin entrar en detalles, pues ya he ido dejando pinceladas de mi planteamiento, me parece urgente reclamar que el debate educativo esté guiado por la racionalidad y que se apueste más por lo sensato que por lo mediático. Solo con esto, habríamos ganado mucho. En cuanto al modelo educativo actual, lo primero que hay que aclarar es que desde el año 90, con la implantación de la LOGSE, apenas ha habido cambios. Podríamos decir que seguimos con aquella ley, aunque matizada en sucesivas normativas que en ningún caso han modificado el espíritu de aquello. Luego criticar la LOGSE sin hacer lo propio con la LOMCE, o viceversa, en un ejercicio de maniqueísmo. Dicho esto, creo que algunas ideas que podrían mejorar nuestro modelo educativo son:

- Situar al conocimiento y no al alumno como centro del sistema.
- Eliminar la promoción automática y reconocer el mérito del buen estudiante.
- Considerar la igualdad como punto partida y no de llegada, proporcionando los medios necesarios para que los alumnos con dificultades puedan progresar sin tener que bajar el nivel de todos.
- Entender que es absurdo asignar el papel de experto a personas sin experiencia en el aula y decidir en función de las opiniones de los únicos expertos en la enseñanza, que somos aquellos que la ejercemos.
- Recuperar la confianza de algunas familias en el compromiso y buen hacer del profesor.
- Prestigiar el saber y la cultura a nivel social.
- Tratar la enseñanza de manera seria y responsable, sin frivolidades ni ocurrencias que le confieren más un cariz de espectáculo que del servicio público tan importante que es.

De manera más concreta y desde mi experiencia, día a día, en el aula, puedo explicar de qué manera estoy seguro de que mi trabajo mejoraría:

1º.- Con un número de alumnos mucho más reducido. Piensen que tengo aproximadamente treinta alumnos adolescentes en cada grupo.
2º.- Con una adecuada consideración social del docente, y un mayor respeto al maestro como autoridad intelectual y profesional, que sin duda redundaría en una mejor actitud generalizada en los alumnos.
3º.- Con un nivel de exigencia apropiado que no permitiera a ningún alumno tener la sensación de que con poco esfuerzo terminará titulando.
4º.- Con una reducción de tareas burocráticas que restan tiempo al profesor para preparar bien sus clases.
5º.- Con una concienciación de todos respecto a la imprescindible generación de hábitos de trabajo desde las primeras etapas educativas, que no obliguen a un profesor de Secundaria a exigir unos hábitos que el alumno debería haber adquirido tiempo atrás.

2 comentarios:

  1. Alberto, totalmente de acuerdo con los puntos que has defendido en la mesa redonda. Proximamente asistiré en Pontevedra a unas jornadas de educación para profesores, llevan por título: "A educación a debate". Con tu permiso, trataré de exponer y defender esos principios educativos.
    Gracias por tu lucha, llena de racionalidad y sensatez.
    Unha aperta dende Galicia.

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    1. Gracias a ti, Manuel. No dejes de contarme sobre esas jornadas.

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