sábado, 29 de abril de 2017

Cope Navarra


Una agradable charla la que mantuve la otra tarde con Carlos Colina en Cope Navarra, a propósito de Contra la nueva educación y La sociedad gaseosa. Puede escucharse aquí.

jueves, 27 de abril de 2017

¿Tragedia más tiempo? Sublimación de la burricie


El Ministerio de Educación tendrá que buscar una fórmula para que el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) especifique con un término «análogo» al «aprobado» que se ha superado la etapa con una nota inferior al cinco. Este es el acuerdo que se alcanzó en la reunión del Consejo Escolar del Estado, en el que se analizó un informe preliminar que considera «anómalo» que se pueda obtener este título sin haber alcanzado el 5.

La noticia no es de El Mundo Today, sino del diario ABC. Y la fuente no es la Wikipedia sino el Consejo Escolar del Estado.

Decía Lester (Alan Alda) en la soberbia Delitos y faltas de Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo. A ver si va a ser al contrario y sumando comedia más tiempo... terminamos en tragedia. Pero, de momento, tomemos las cosas con sentido del humor para sobrellevar la situación. Como afirmaba Zeldin en Los placeres ocultos de la vida, a través del humor, el desacuerdo aviva el ingenio.


Ayudemos pues a nuestro Ministerio de Magia y Hechicería a encontrar esa fórmula mágica que permita aprobar sin aprobar. Mis sugerencias son las que siguen:

Aprobadillo
Suspensado
Aprospenso
Dispensado
Haprovao
Ocanutado
Másdará

Y, a continuación, otras propuestas que me han ido llegando y que agradezco profundamente:

Aprobado alternativo sin duda trumpiana posible
Ha probado
Colgado y enmarcado
Casi-aprobado
Flipped passed
Empoderado
Resiliente
Aprobado en grado de tentativa
Presunto aprobado
Gracias por venir
Casi-casi
¡Uyyyy!
Cum laude
Ahí lo llevas
Poste
Ha tocado aro
Rozando el larguero
Aprobado dermatológicamente testado
Taslucío
Con tu pan te lo comas
Tanta gloria lleves como descanso dejas
SEAPC (Suspendido, ergo apto para concejal)
MPS (Marrón pal siguiente)
Anó (r) malo
Apto-bajo
Indemnizado en diferido
Toguapo
Mira lo que he pillao
Adaptado transversal a la situación psicosocial del alumno
Pa que matarse a estudiar si vas a titular.
Aprobadoooo... ¿Dónde estás, aprobado? (Léase imitando al doblador de Robert de Niro en El cabo del miedo)
Va, pensiero
Ya te suspenderá la vida

NOTA: En estos tiempos mojigatos y politiquísimamente correctos, se hace necesario aclarar que el autor de esta entrada defiende la igualdad de oportunidades en la escuela pública, lo que significa que ningún alumno, por más dificultades que tenga, debe dejar de recibir todo el apoyo que necesite para que pueda superar sus dificultades y desarrollar al máximo sus capacidades. La única exigencia que se le puede hacer es que muestre interés por conseguirlo. En relación con la idea de que calificar es "síntoma de sadismo", he de decir que el objetivo de un buen docente nunca es la calificación sino lo que esta refleja. Este matiz es de suma importancia. Considerar que "la nota no tiene importancia" demuestra una enorme desconfianza hacia los docentes y suele proceder de quienes denostan el conocimiento y reducen su transmisión a la caricatura de una memorización absurda de datos descontextualizados (añadiendo la connotación gore de "la letra con sangre entra"). Transmitir conocimiento es, sin embargo, algo mucho más complejo, mucho más valioso y mucho más  emocionante. Claro que un profesor no puede valorar lo que sus alumnos han aprendido solo con un examen. Esto es evidente. Ahora bien, no conozco a ningún docente que solo cuente con la nota de un examen para calificar. Por otra parte, una calificación final (en la que se tenga en cuenta todo lo que un alumno ha hecho -no solo los exámenes-) es, hasta la fecha, la forma menos subjetiva de evaluar si el alumno ha aprendido. Nuevamente, apelo a la confianza: el profesor es el profesional de la enseñanza y, por ello, quien mejor sabe qué nota merecen sus alumnos. El trasfondo de todo esto es la absoluta falta de convicciones de una sociedad gaseosa en la que todo se confunde: la exigencia con la discriminación, el esfuerzo con el sufrimiento, la ambición con el clasismo... Un buen profesor siempre intenta ser justo. Como ya se ha apuntado, ni el alumno menos capaz su familia deben sospechar que la exigencia les va a perjudicar sino todo lo contrario, porque el buen profesor exige en función de las posibilidades de cada uno (extraer el máximo de las capacidades de cada cual ha de ser el fin). Al alumno esforzado (lo repito porque esto es lo mínimo) hay que proporcionarle toda la ayuda que necesite para que llegue hasta donde pueda. Rebajar (más) el nivel de exigencia general no solo no estimulará al alumno menos capaz o más holgazán, sino que desincentivará al más capaz o más esforzado.

domingo, 23 de abril de 2017

Tercera edición


Ayer, casi coincidiendo con el Día del Libro, me llegaba la buena noticia de que "Contra la nueva educación​" ya va por la tercera edición.

Esto de escribir ha sido algo muy poco planeado. Siempre me gustó leer lo que otros escribían, pero de forma natural fui sintiendo la necesidad de poner por escrito lo que yo mismo pensaba. Creo que los dos libros que he publicado reflejan con fidelidad mi manera de entender el mundo. Lo peor es que uno tiene a veces la sensación de haber quedado muy expuesto; lo mejor, el reconocimiento de personas a las que uno respeta y admira. Dejó dicho Shakespeare en uno de sus sonetos: "Si a otros por sus dichos los respetas, / a mí, por lo que pienso, que es mi letra".

Es cierto que uno escribe, primero, para sí mismo, pero también para ser leído. Joseph Conrad dijo que el autor solo escribe la mitad del libro y que es el lector el que se ha de ocupar del resto. Tengo que agradecer, pues, el interés de cuantos se han molestado en leer "Contra la nueva educación" (o "La sociedad gaseosa", que no lleva todavía un mes en las librerías y parece haber sido acogido muy bien). 

Gracias.

jueves, 20 de abril de 2017

La sociedad gaseosa, en Catalunya Vanguardista


Catalunya Vanguardista es una excelente revista digital sobre la actualidad científica, cultural, económica, social y gastronómica. Hoy, publica la entrevista que me hizo recientemente Xavier Massó, a propósito de la presentación, el pasado 29 de marzo, en Barcelona, de La sociedad gaseosa. Xavier introduce la entrevista hablando de este segundo ensayo como de un trabajo que retoma "Contra la nueva educación" en el preciso punto donde la había dejado, podríamos decir que a modo de solución de continuidad, proponiendo, desde una óptica más personal, las posibles alternativas a una sociedad gaseosa cuya relación con la nueva educación nos plantea el viejo problema, nunca resuelto, de si fue primero el huevo o la gallina.  Un planteamiento artificioso que,  dice Xavier, Alberto Royo desenmascara con contundencia.

La entrevista puede leerse aquí.

martes, 11 de abril de 2017

En la Casa de Aragón en Navarra, hablaremos sobre las convicciones



Cada año, por la festividad de San Jorge, patrón de la comunidad, la Casa de Aragón en Navarra celebra una semana cultural cuyo acto más relevante es el discurso inaugural, para el que suele invitarse a un aragonés que esté vinculado a Navarra. Este año han querido que sea yo el encargado de darlo. Y sin duda será un honor.

La semana que viene, pues, en la sede de la Casa de Aragón (Grupo Rinaldi, 9, bajo, de Pamplona), disertaré a lo largo de unos treinta y cinco o cuarenta minutos. Tengo previsto hablar sobre la necesidad de tener convicciones.

lunes, 3 de abril de 2017

La sociedad gaseosa, en el blog "Antididáctica"


Dice Gerard Romo en su blog:

Honestidad, sinceridad, profesionalidad. ¡Y valentía para decirlo, para defender la dignidad de su profesión! Esto define a un docente, un buen docente.

Lo terrible de la situación actual es que el profesorado, además de reciclarse, es decir de adquirir nuevos y renovados conocimientos, tiene que luchar a muerte para defenderse de la horda de pedagogos y gurús de la educación que se han convertido en su peor depredador.  Ellos, que supuestamente están a su servicio. Ellos, los “expertos”, los “salvapatrias” educativos que no son más que exiliados del aula que se venden a cualquier precio (y las Administraciones públicas que con nuestro dinero los promocionan y financian. Eso sí es terrorismo de Estado). El resultado de esta depredación docente lo vemos cada día en nuestras aulas: Mediocridad y la invasión de las pseudociencias en las escuelas, es decir, vino aguado. Por eso son tan necesarios actualmente libros como este. Porque no hay nada peor para un profesor que sentirse "aguado".

El artículo completo, aquí.

Muchas gracias, Gerard.

domingo, 2 de abril de 2017

La vocación sobrevenida. Entrevista en Diario de Navarra


La primera entrevista después de la publicación de un libro es complicada. Uno aún no se ha habituado a hablar de un texto del que se ha distanciado una vez enviado a imprenta y está expectante por conocer qué opinará el lector. Sin embargo, la charla con Sonsoles Echavarren (que publica Diario de Navarra hoy domingo) fue, como siempre, cordial y provechosa y hablamos de cómo en esta sociedad gaseosa lo más consistente ha ido, poco a poco, dejando de serlo. El conocimiento ha dejado de ser, dicen los "expertos", lo fundamental en un profesor, al que se le exige más vocación que erudición, y se sacraliza una capacidad comunicativa que, sin una solida base de conocimientos, jamás puede devenir en eficacia docente. Precisamente mi valoración de esta cualidad glorificada en estos tiempos gaseosos, la vocación, es la que ha indignado a alguien que ha leído la entrevista. Parece que la única manera de ser un buen maestro es haber querido serlo siempre. No imagino que nadie pudiera escandalizarse si un médico manifiesta que su sueño infantil era ser futbolista, bombero o poeta. Supongo que nadie pregunta por su vocación al médico que va a operarle sino que se asegura de que posea conocimientos, experiencia y profesionalidad. Pues bien, en la enseñanza, convertida ya en una suerte de sacerdocio, no se puede decir que uno llegó a ella por tan oscuros y lucrativos intereses como tener una estabilidad económica y laboral -como si esto fuera inmoral- y por algo tan prosaico como que le atraía el temario de las oposiciones. Esto fue lo que me ocurrió a mí. Como cuento en La sociedad gaseosa con más detalle, siempre quise ser... músico (y qué suerte que lo soy). ¿Es algo malo haber querido serlo para enseñar... música? ¿Debí haber fantaseado desde los seis años con entrar en una aula llena de adolescentes, hacer programaciones didácticas y corregir exámenes? En mi humilde opinión, ser vocacional no garantiza que uno desarrolle mejor la actividad que haga. Y, en cualquier caso, querer evaluar, juzgar, repudiar al docente no vocacional, condicionar el acierto o desacierto de sus planteamiento a su ausencia de vocación, es realmente osado. Pero estamos en la sociedad gaseosa, la de la educación como espectáculo, la de las frases bonitas, los profes que se suben a las mesas, la del oh capitán, mi capitán, los premios a la innovación, los maestros del corazón. Y, claro, si uno dice que es "de vocación sobrevenida" inmediatamente es señalado como un ateo, un traidor a la causa, un agorero. Como creo que ya es hora de que nos dejemos de complejos, insisto en que no soy un profesor vocacional. Sin embargo, estoy más que comprometido con la enseñanza pública, con mis alumnos y con mi labor. Amo la música y, por consiguiente, amo enseñarla. Así que, con permiso, que nadie me retire el carnet de buen profesor por mi sinceridad.