sábado, 29 de abril de 2017

Cope Navarra


Una agradable charla la que mantuve la otra tarde con Carlos Colina en Cope Navarra, a propósito de Contra la nueva educación y La sociedad gaseosa. Puede escucharse aquí.

jueves, 27 de abril de 2017

¿Tragedia más tiempo? Sublimación de la burricie


El Ministerio de Educación tendrá que buscar una fórmula para que el título de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) especifique con un término «análogo» al «aprobado» que se ha superado la etapa con una nota inferior al cinco. Este es el acuerdo que se alcanzó en la reunión del Consejo Escolar del Estado, en el que se analizó un informe preliminar que considera «anómalo» que se pueda obtener este título sin haber alcanzado el 5.

La noticia no es de El Mundo Today, sino del diario ABC. Y la fuente no es la Wikipedia sino el Consejo Escolar del Estado.

Decía Lester (Alan Alda) en la soberbia Delitos y faltas de Woody Allen que la comedia es tragedia más tiempo. A ver si va a ser al contrario y sumando comedia más tiempo... terminamos en tragedia. Pero, de momento, tomemos las cosas con sentido del humor para sobrellevar la situación. Como afirmaba Zeldin en Los placeres ocultos de la vida, a través del humor, el desacuerdo aviva el ingenio.


Ayudemos pues a nuestro Ministerio de Magia y Hechicería a encontrar esa fórmula mágica que permita aprobar sin aprobar. Mis sugerencias son las que siguen:

Aprobadillo
Suspensado
Aprospenso
Dispensado
Haprovao
Ocanutado
Másdará

Y, a continuación, otras propuestas que me han ido llegando y que agradezco profundamente:

Aprobado alternativo sin duda trumpiana posible
Ha probado
Colgado y enmarcado
Casi-aprobado
Flipped passed
Empoderado
Resiliente
Aprobado en grado de tentativa
Presunto aprobado
Gracias por venir
Casi-casi
¡Uyyyy!
Cum laude
Ahí lo llevas
Poste
Ha tocado aro
Rozando el larguero
Aprobado dermatológicamente testado
Taslucío
Con tu pan te lo comas
Tanta gloria lleves como descanso dejas
SEAPC (Suspendido, ergo apto para concejal)
MPS (Marrón pal siguiente)
Anó (r) malo
Apto-bajo
Indemnizado en diferido
Toguapo
Mira lo que he pillao
Adaptado transversal a la situación psicosocial del alumno
Pa que matarse a estudiar si vas a titular.
Aprobadoooo... ¿Dónde estás, aprobado? (Léase imitando al doblador de Robert de Niro en El cabo del miedo)
Va, pensiero
Ya te suspenderá la vida

NOTA: En estos tiempos mojigatos y politiquísimamente correctos, se hace necesario aclarar que el autor de esta entrada defiende la igualdad de oportunidades en la escuela pública, lo que significa que ningún alumno, por más dificultades que tenga, debe dejar de recibir todo el apoyo que necesite para que pueda superar sus dificultades y desarrollar al máximo sus capacidades. La única exigencia que se le puede hacer es que muestre interés por conseguirlo. En relación con la idea de que calificar es "síntoma de sadismo", he de decir que el objetivo de un buen docente nunca es la calificación sino lo que esta refleja. Este matiz es de suma importancia. Considerar que "la nota no tiene importancia" demuestra una enorme desconfianza hacia los docentes y suele proceder de quienes denostan el conocimiento y reducen su transmisión a la caricatura de una memorización absurda de datos descontextualizados (añadiendo la connotación gore de "la letra con sangre entra"). Transmitir conocimiento es, sin embargo, algo mucho más complejo, mucho más valioso y mucho más  emocionante. Claro que un profesor no puede valorar lo que sus alumnos han aprendido solo con un examen. Esto es evidente. Ahora bien, no conozco a ningún docente que solo cuente con la nota de un examen para calificar. Por otra parte, una calificación final (en la que se tenga en cuenta todo lo que un alumno ha hecho -no solo los exámenes-) es, hasta la fecha, la forma menos subjetiva de evaluar si el alumno ha aprendido. Nuevamente, apelo a la confianza: el profesor es el profesional de la enseñanza y, por ello, quien mejor sabe qué nota merecen sus alumnos. El trasfondo de todo esto es la absoluta falta de convicciones de una sociedad gaseosa en la que todo se confunde: la exigencia con la discriminación, el esfuerzo con el sufrimiento, la ambición con el clasismo... Un buen profesor siempre intenta ser justo. Como ya se ha apuntado, ni el alumno menos capaz su familia deben sospechar que la exigencia les va a perjudicar sino todo lo contrario, porque el buen profesor exige en función de las posibilidades de cada uno (extraer el máximo de las capacidades de cada cual ha de ser el fin). Al alumno esforzado (lo repito porque esto es lo mínimo) hay que proporcionarle toda la ayuda que necesite para que llegue hasta donde pueda. Rebajar (más) el nivel de exigencia general no solo no estimulará al alumno menos capaz o más holgazán, sino que desincentivará al más capaz o más esforzado.

domingo, 23 de abril de 2017

Tercera edición


Ayer, casi coincidiendo con el Día del Libro, me llegaba la buena noticia de que "Contra la nueva educación​" ya va por la tercera edición.

Esto de escribir ha sido algo muy poco planeado. Siempre me gustó leer lo que otros escribían, pero de forma natural fui sintiendo la necesidad de poner por escrito lo que yo mismo pensaba. Creo que los dos libros que he publicado reflejan con fidelidad mi manera de entender el mundo. Lo peor es que uno tiene a veces la sensación de haber quedado muy expuesto; lo mejor, el reconocimiento de personas a las que uno respeta y admira. Dejó dicho Shakespeare en uno de sus sonetos: "Si a otros por sus dichos los respetas, / a mí, por lo que pienso, que es mi letra".

Es cierto que uno escribe, primero, para sí mismo, pero también para ser leído. Joseph Conrad dijo que el autor solo escribe la mitad del libro y que es el lector el que se ha de ocupar del resto. Tengo que agradecer, pues, el interés de cuantos se han molestado en leer "Contra la nueva educación" (o "La sociedad gaseosa", que no lleva todavía un mes en las librerías y parece haber sido acogido muy bien). 

Gracias.

jueves, 20 de abril de 2017

La sociedad gaseosa, en Catalunya Vanguardista


Catalunya Vanguardista es una excelente revista digital sobre la actualidad científica, cultural, económica, social y gastronómica. Hoy, publica la entrevista que me hizo recientemente Xavier Massó, a propósito de la presentación, el pasado 29 de marzo, en Barcelona, de La sociedad gaseosa. Xavier introduce la entrevista hablando de este segundo ensayo como de un trabajo que retoma "Contra la nueva educación" en el preciso punto donde la había dejado, podríamos decir que a modo de solución de continuidad, proponiendo, desde una óptica más personal, las posibles alternativas a una sociedad gaseosa cuya relación con la nueva educación nos plantea el viejo problema, nunca resuelto, de si fue primero el huevo o la gallina.  Un planteamiento artificioso que,  dice Xavier, Alberto Royo desenmascara con contundencia.

La entrevista puede leerse aquí.

martes, 11 de abril de 2017

En la Casa de Aragón en Navarra, hablaremos sobre las convicciones



Cada año, por la festividad de San Jorge, patrón de la comunidad, la Casa de Aragón en Navarra celebra una semana cultural cuyo acto más relevante es el discurso inaugural, para el que suele invitarse a un aragonés que esté vinculado a Navarra. Este año han querido que sea yo el encargado de darlo. Y sin duda será un honor.

La semana que viene, pues, en la sede de la Casa de Aragón (Grupo Rinaldi, 9, bajo, de Pamplona), disertaré a lo largo de unos treinta y cinco o cuarenta minutos. Tengo previsto hablar sobre la necesidad de tener convicciones.

lunes, 3 de abril de 2017

La sociedad gaseosa, en el blog "Antididáctica"


Dice Gerard Romo en su blog:

Honestidad, sinceridad, profesionalidad. ¡Y valentía para decirlo, para defender la dignidad de su profesión! Esto define a un docente, un buen docente.

Lo terrible de la situación actual es que el profesorado, además de reciclarse, es decir de adquirir nuevos y renovados conocimientos, tiene que luchar a muerte para defenderse de la horda de pedagogos y gurús de la educación que se han convertido en su peor depredador.  Ellos, que supuestamente están a su servicio. Ellos, los “expertos”, los “salvapatrias” educativos que no son más que exiliados del aula que se venden a cualquier precio (y las Administraciones públicas que con nuestro dinero los promocionan y financian. Eso sí es terrorismo de Estado). El resultado de esta depredación docente lo vemos cada día en nuestras aulas: Mediocridad y la invasión de las pseudociencias en las escuelas, es decir, vino aguado. Por eso son tan necesarios actualmente libros como este. Porque no hay nada peor para un profesor que sentirse "aguado".

El artículo completo, aquí.

Muchas gracias, Gerard.

domingo, 2 de abril de 2017

La vocación sobrevenida. Entrevista en Diario de Navarra


La primera entrevista después de la publicación de un libro es complicada. Uno aún no se ha habituado a hablar de un texto del que se ha distanciado una vez enviado a imprenta y está expectante por conocer qué opinará el lector. Sin embargo, la charla con Sonsoles Echavarren (que publica Diario de Navarra hoy domingo) fue, como siempre, cordial y provechosa y hablamos de cómo en esta sociedad gaseosa lo más consistente ha ido, poco a poco, dejando de serlo. El conocimiento ha dejado de ser, dicen los "expertos", lo fundamental en un profesor, al que se le exige más vocación que erudición, y se sacraliza una capacidad comunicativa que, sin una solida base de conocimientos, jamás puede devenir en eficacia docente. Precisamente mi valoración de esta cualidad glorificada en estos tiempos gaseosos, la vocación, es la que ha indignado a alguien que ha leído la entrevista. Parece que la única manera de ser un buen maestro es haber querido serlo siempre. No imagino que nadie pudiera escandalizarse si un médico manifiesta que su sueño infantil era ser futbolista, bombero o poeta. Supongo que nadie pregunta por su vocación al médico que va a operarle sino que se asegura de que posea conocimientos, experiencia y profesionalidad. Pues bien, en la enseñanza, convertida ya en una suerte de sacerdocio, no se puede decir que uno llegó a ella por tan oscuros y lucrativos intereses como tener una estabilidad económica y laboral -como si esto fuera inmoral- y por algo tan prosaico como que le atraía el temario de las oposiciones. Esto fue lo que me ocurrió a mí. Como cuento en La sociedad gaseosa con más detalle, siempre quise ser... músico (y qué suerte que lo soy). ¿Es algo malo haber querido serlo para enseñar... música? ¿Debí haber fantaseado desde los seis años con entrar en una aula llena de adolescentes, hacer programaciones didácticas y corregir exámenes? En mi humilde opinión, ser vocacional no garantiza que uno desarrolle mejor la actividad que haga. Y, en cualquier caso, querer evaluar, juzgar, repudiar al docente no vocacional, condicionar el acierto o desacierto de sus planteamiento a su ausencia de vocación, es realmente osado. Pero estamos en la sociedad gaseosa, la de la educación como espectáculo, la de las frases bonitas, los profes que se suben a las mesas, la del oh capitán, mi capitán, los premios a la innovación, los maestros del corazón. Y, claro, si uno dice que es "de vocación sobrevenida" inmediatamente es señalado como un ateo, un traidor a la causa, un agorero. Como creo que ya es hora de que nos dejemos de complejos, insisto en que no soy un profesor vocacional. Sin embargo, estoy más que comprometido con la enseñanza pública, con mis alumnos y con mi labor. Amo la música y, por consiguiente, amo enseñarla. Así que, con permiso, que nadie me retire el carnet de buen profesor por mi sinceridad. 


jueves, 30 de marzo de 2017

Puesta de largo de La sociedad gaseosa en Barcelona


Ayer por la tarde tuvo lugar la puesta de largo de La sociedad gaseosa, en Casa del Libro de Passeig de Gràcia de Barcelona. Como en anteriores ocasiones, ha sido una visita provechosa. Me acompañaron Jordi Nadal, director de Plataforma, y Antoni Dalmases, a quien no conocía personalmente. Antoni, además de ser un tipo muy agradable, hizo una presentación irónica, profunda y divertida al mismo tiempo. Hubo tiempo para la charla, que continuó después durante la cena con algunos de los muchos amigos contraeducativos que tuvieron el detalle de asistir a esta presentación. Dejo a continuación algunas instantáneas más de un día estupendo.

 Con Antoni y Jordi, en los primeros momentos de la presentación

Antoni Dalmases buscando en el móvil un Whatsapp "sospechoso"

 Empezando a hablar sobre La sociedad gaseosa

Jordi Nadal explicando por qué necesitamos buenos libros y buenos maestros

Con Gregorio Luri, Jordi y David

¡Dios mío! ¡Resulta que la lengua es un medio de comunicación! ¡La conversación no es sólo un intercambio de disparos en el que uno pega tiros y los recibe, donde hay que escamotearse para salvar la vida y, de paso, afinar la puntería! ¡Las palabras no son sólo bombas y balas! ¡Qué va! ¡Son regalos llenos de sentido!, dijo Philip Roth. En la imagen, el placer de la conversación inteligente con Anna, Marta, Gerard, David, Ramón, Jorge, Xavier y Francesc. Un lujo (gracias, amigos).

Una de las conclusiones de la noche: Gaudí... es gaseoso

Revisando mis apuntes en el viaje de ida

Una sabia frase, a la que me referí durante mi intervención de un grande: el especialista en música antigua Hopkinson Smith (la reflexión completa, en el capítulo 10 de La sociedad gaseosa):

Para terminar, el vídeo de mi intervención, gentileza de Gerard Romo:

martes, 28 de marzo de 2017

Presentación de La sociedad gaseosa en Barcelona

Mañana por la tarde, poco más de un año después de haber presentado en esta misma ciudad Contra la nueva educación, presentaremos La sociedad gaseosa en Barcelona. Estarán conmigo Jordi Nadal y Antoni Dalmases. Será la puesta oficial de largo del libro. Como siempre, quedan todos invitados.

sábado, 25 de marzo de 2017

De regreso de Elche

Regreso de Elche cansado pero contento y reconfortado.

La librería Ali i Truc llevó ejemplares de "Contra la nueva educación" y "La sociedad gaseosa".

La Torre de la Calahorra, a la salida.

En el tren de ida, revisando el texto de la conferencia.

La sala masónica, donde tuvo lugar la ponencia y la presentación.

La escalera, desde la balaustrada. Foto de Javier Esteve.

El precioso hotel donde me alojé: Hotel Huerto del cura, en el Palmeral.

Hablamos sobre tradición y posmodernidad, presentamos La sociedad gaseosa y pude saludar a Nayeli, Arielle, Miguel Ángel y Cristina, África y Borja... Y conversar después con algunos de ellos, y también con Eduardo, Ángel, Pedro, Antonio. Me trataron tan bien que amenazo con volver.

domingo, 19 de marzo de 2017

Mañana, La sociedad gaseosa estará en las librerías




En la magistral Infiltrados de Martin Scorsese, Frank Costello le preguntaba a un todavía niño Collin Sullivan: "¿Te va bien en el cole?", a lo que este asentía. "Eso es bueno", respondía Costello, "como a mí: eso se llama paradoja". 

También es una paradoja que mañana, 20 de marzo, salga a la venta La sociedad gaseosa, y coincida con el Día Internacional... de la felicidad. Podía ocurrir, porque hoy existe un día para casi todo. Tenemos incluso el día del inodoro (el 19 de diciembre). Y mañana es el de la felicidad. Quizás sea apropiado, después de todo, una "feliz coincidencia". Hay pocas ideas más gaseosas que la idea de felicidad. En cualquier caso, La sociedad gaseosa echa mañana a andar. Veremos hacia dónde, con qué paso y si llega a donde a uno le gustaría. 


viernes, 17 de marzo de 2017

"Celebración de un libro: Contra la nueva educación"



Mi colega Carlos Rodríguez Estacio ha tenido a bien glosar Contra la nueva educación. Y lo ha hecho de forma muy generosa. Yo se lo agradezco y transcribo aquí su amable reseña.
Celebración de un libro: Contra la nueva educación.
Uno de los mayores dramas de este país es la ausencia de un verdadero debate educativo. ¿Qué entiendo por verdadero debate? Pues aquel en el que cada parte pueda exponer razonablemente sus puntos de vista y, de este modo, hacer que el mejor argumento disponga de las mayores probabilidades de triunfar. En España no existe tal cosa. En gran medida, por una constelación de fuerzas que impone una determinada visión aneja a sus intereses. En efecto, entre los sectores con capacidad de influir en la opinión pública (especialmente los medios de comunicación) existe un acuerdo bastante generalizado, salvo en cuestiones menores (y, sí, daba la magnitud de la debacle, la religión ha pasado a ser una cuestión menor), acerca de los dioses pedagógicos a los que rendir tributo. No es extraño, pues, que estos dioses se hayan cronificado (en el doble sentido de hacerse crónicos y de derrocar al Saber, que, forzando la metáfora, sería el Padre que debiera dar sentido a todos los dioses de la pedagogía).
El profesorado, salvo alguna reacción aislada o poco significativa, no ha presentado apenas resistencia. Sencillamente rindió la plaza y se refugió en el ámbito privado, incluyendo en esta categoría la docencia. Desde cierta perspectiva, podríamos hablar de `traición´, muy en línea con la que Julian Benda denunció respecto de los intelectuales (en La trahison des clercs), sin que sirva de excusa la poderosa aleación de intereses mencionada arriba, o la existencia de una deriva semejante en otros países, o que, en definitiva, esa traición se haya producido principalmente por omisión. Como era de prever, esta actitud `silenciosa´ favoreció el avance de la barbarie y, a día de hoy, es frecuente incluso encontrar entre el profesorado una suerte de síndrome de Estocolmo, por el que interiorizan y hacen suyo el discurso que ha destruido su profesión.
Y, entonces, fue Alberto Royo. En primer lugar, ha escrito un libro luminoso, ágil de leer, por momentos hilarante, vigoroso, en el que toma partido con entusiasmo pero sin enredarse nunca en trifulcas estériles. Lo más valioso del libro es, sin duda, que arma el sentido común educativo y lo expresa en un lenguaje asequible a todos. Probablemente no exista, en este ámbito, ninguna tarea más urgente. Pero, además, y sobre todo, se ha atrevido a comparecer en “territorio comanche”, es decir, en los medios, aún en los más mediatizados, medrosos y mediocres.
Estoy seguro de que el coraje cívico que demuestra al intentar hacer mediática su defensa del conocimiento y de la enseñanza en un país tan dado al exabrupto, a la simplificación y a la etiqueta (no precisamente de gala) no es sino el material del que se hacen las grandes transformaciones sociales. Tampoco me cabe duda de los múltiples inconvenientes que ha tenido que padecer por ello. No es fácil en este país disentir de la línea buenista, tontigualitaria, demagógica y anti-intelectualista dominante. Pero él afronta estos asuntos a la manera de su admirado Atticus Fich, sin empeñar el hígado, con alegre determinación, convencido de que es lo que hay que hacer; y siempre, siempre señalando la luna, nunca el dedo. Él mismo advierte en las primeras páginas que la negatividad del título (Contra la nueva educación) no debe llamar a engaño, pues no se trata de “un libro de carácter agresivo” sino de “un acto de resistencia. De legítima defensa”. Y qué falta hace esa résistance como respuesta a la enseñanza `ocupada´.
Una excelente muestra de la ejemplaridad de su actitud es la aparición de personas dispuestas a seguir su legado. Ricardo Moreno Castillo tiene algunos años más que él, y el Panfleto antipedagógico es bastante anterior a su libro. Sin embargo, sólo ahora Ricardo parece haberse convencido de que es necesario exponerse a la intemperie mediática (o, después de todo, quizás sean los propios medios los que hayan cambiado de opinión y empezado a buscar docentes audaces para sus programas atroces). El tercer tenor –o mejor, mosquetero– que se ha unido recientemente a esta “profusión de riesgo” es Javier Orrico que, de la mano de su La tarima vacía, parece dispuesto a subirse a cualquier plató, escenario o ring, cuyos límites en este tema no siempre quedan claros (si no incluyo en esta terna al excelente Gregorio Luri, es debido a que considero su perfil más de carácter académico que estrictamente polemista).
Es de justicia celebrar la novedad: ¡aparecen profesores en debates educativos!, ¡se escuchan palabras sensatas sobre educación en la tele! Se ha instalado una pica en el corazón mismo del sistema. Por ello es necesario también felicitar a esta avanzadilla ilustrada e impenitente, que batalla contra la ignorancia, la creencia irracional y los dogmas (o sea, contra la nueva educación).
En consecuencia, no sólo los profesores de verdad sino la sociedad en su conjunto deberían agradecer a Alberto Royo, escritor, profesor, músico y joven –excelentes atributos donde los haya–, que se haya tomado la molestia. Savater decía –y yo lo comparto– que su epitafio favorito era el de Willie Brandt: “Se tomó la molestia”. Ojalá muchos otros nos tomemos también la molestia y empecemos a ver la luz al final de un túnel con más de 25 años-sombra de extensión.

Siempre nos quedará la lectura


Gerard Romo ha vuelto a tener la gentileza de mencionarme en su blog (ya lo hizo aquí), junto al estupendo trabajo de Javier Orrico. No lo traigo solo para agradecerle la mención y recomendar la lectura de su texto, titulado Vuelve el taparrabos, en el que da todo un repaso a la modernidad gaseosa que padecemos. Quiero, sobre todo, darle las gracias por introducir algo de optimismo en estos tiempos aciagos. Dice Gerard:

No dejan de aparecer voces autorizadas denunciando este atentado contra la cultura. Este mes de marzo se presenta interesante en novedades editoriales para todos aquellos preocupados en el proceso de degradación educativa que nos ha tocado vivir: Además del libro de Javier Orrico, aparecerá a finales de mes el nuevo libro de Alberto Royo, “La sociedad Gaseosa”. Siempre nos quedará la lectura. Siempre, por mal que vayan las cosas, podremos leer, aprender. Que es justo lo que estamos robando a las futuras generaciones, y por lo que algún día seremos juzgados.

El artículo completo (leánlo, insisto), aquí.

lunes, 13 de marzo de 2017

La sociedad gaseosa, en Elche



La semana que viene estará por fin en las librerías mi segundo libro: La sociedad gaseosa. Esa misma semana, el viernes 24, tendré el placer de presentarlo en Elche, en un lugar ciertamente atractivo como es la Torre de la Calahorra, una fortaleza almohade de fines del siglo XII y principios del XIII que servía para defender la entrada más importante de la ciudad, aquella que la comunicaba con Alicante, que se encuentra ubicada en la plaza de Santa Isabel, la que fuera lugar de encuentro de la medina islámica. Me acompañará Antonio Javier Abellán Cano.


Antes de la presentación de este ensayo, impartiré una conferencia titulada Tradición y posmodernidad. La nueva pedagogía o el efecto placebo, dentro del Curso que organiza la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante cuyo hilo es la figura de G.K. Chesterton. Por supuesto, quedan todos invitados.

En la sociedad gaseosa...


La ¿respuesta? del publicista Risto Mejide (aquí) tras el muletazo de la Milá (aquí) es una muestra evidente de que la sociedad líquida quedó atrás. Aquí dejo un breve reflexión:

En La Sociedad Gaseosa, se equipara al que insulta con el insultado.
En la sociedad gaseosa, el moderador no es neutral ni secundario, sino parcial y protagonista.
En la sociedad gaseosa, se presume de combatir el acoso escolar mientras se permite que a un invitado se le llame "gordo".
En la sociedad gaseosa, quienes deberían disculparse por una actitud bochornosa, por acción u omisión, arremeten contra la persona que ha sido vejada, convirtiendo a la víctima en victimario.
En la sociedad gaseosa, la solución que se propone para evitar que vuelva a producirse una escena lamentable en televisión es sugerir un nuevo programa para que se repita, si es posible con mayor virulencia.
En la sociedad gaseosa, se da oxígeno a la pseudociencia, colocándola al nivel de la ciencia y otorgando el mismo peso a la opinión del ignorante que a la del sabio.
En la sociedad gaseosa se confunde el debate con la bronca y se manipula a la opinión pública haciéndole creer que es discutible lo que la ciencia ha demostrado que no lo es.

jueves, 9 de marzo de 2017

Reportaje en la Cadena SER. Argumentos a favor y en contra de las pedagogías alternativas que triunfan


Hace no mucho, una periodista me pidió mi opinión sobre las "pedagogías alternativas". Las incluyó en un reportaje para la Cadena Ser (que puede leerse aquí), junto con la postura de Almudena García, autora de un libro titulado "Otra educación ya es posible". 

Encuentro en los planteamientos de mi "contendiente" la habitual confusión entre desmotivación y esfuerzo, entre deberes y sufrimiento infantil (lean este estudio que demuestra que los deberes benefician el rendimiento y evitan acentuar las diferencias entre alumnos en la Secundaria). Pero mejor que cada uno saque sus propias conclusiones.

martes, 7 de marzo de 2017

Ya está impresa La sociedad gaseosa



Pues aquí está, recién salida de la imprenta. En menos de dos semanas (a partir del 20 de marzo), en las librerías.

lunes, 6 de marzo de 2017

Milá y la Yihad


No pensaba escribir nada sobre este asunto porque ya se ha opinado mucho, pero sobre todo porque estoy seguro de que el rato que pasó José Miguel Mulet en el "pograma" de Risto Mejide emitido el domingo en Cuatro, ese en el que el presentador reía las gracietas (entiéndase por gracietas los bochornosos insultos) de la otrora periodista Mercedes Milá, no fue agradable. Preferí comentar brevemente en su muro de Facebook para mostrarle mi reconocimiento por su asombrosamente civilizada reacción a la injustificable actitud de la Sra Milá, así como por la didáctica explicación que intentó aportar Mulet desde el punto de vista de un experto, en unos momentos en los que el auténtico experto se ve más bien como un personaje folclórico, mientras se reserva el papel de técnico en la materia al embaucador de turno.

He decidido reflexionar sobre lo sucedido porque hace tiempo que vengo dándole vueltas a algo: no tengo claro que Mulet acertara acudiendo al programa de Risto Mejide y aceptando el ¿desafío? de intentar "convenZer" a Mercedes Milá (que ya se había escandalizado, junto a la monja sor Lucía Caram, en su programa "cultural", de mi pobre valoración de Punset) de que la leche no es mala o de que no existen las "enZimas MILAgrosas". Y no lo tengo claro precisamente porque yo mismo, desde que se publicó mi libro Contra la nueva educación, he venido admitiendo prácticamente todas las invitaciones que he recibido para hablar de mi libro y, por extensión, de mi modelo de enseñanza. No hace mucho que comencé a rechazar algunas ofertas que antes habría aceptado de inmediato, después de haber participado en el programa de Ana Rosa Quintana, de igual forma que me han entrevistado en Radio Nacional de España o he charlado con Carlos Alsina en Onda Cero. He hablado con Iker Jiménez en Cuarto Milenio y me ha reseñado Luis Alberto de Cuenca en el Cultural de ABC. He salido en la revista Mía, pero también en El Mundo, El País o La Vanguardia. No he hecho, hasta hace bien poco, distinciones de ningún tipo porque creía que debía hacer lo posible por defender mi posicionamiento a favor de una enseñanza pública basada en el conocimiento y en la evidencia en toda circunstancia, aprovechando que los medios de comunicación me daban voz para tratar de compensar la desproporcionada presencia en los mismos de charlatanes y estafadores educativos. Pero no estoy seguro de que sea buena idea acudir a un programa en el que la "adversaria" es una señora que defiende la pseudociencia y que, estaba cantado, a la primera de cambio montaría un numerito digno de Crónicas Marcianas. Dudo que debamos meternos en la boca del lobo asistiendo a eventos en los que nuestra opinión no se va a escuchar. O se va a tergiversar. O se va a trivializar. Tengo ya algunas experiencias desagradables al respecto. Recuerdo el programa de Jesús Cintora, por ejemplo. Eso sí, he tenido la suerte de haber sido insultado muchas veces, pero nunca en televisión. Sí me he visto debatiendo con personas con las que jamás se me habría ocurrido debatir, en discusiones que de ninguna manera (¡cómo no lo vi!) iban a enseñarme nada ni suponer ningún tipo de beneficio para nadie. No se trata de que uno solo esté dispuesto a discutir con profesionales acreditados, ni de renunciar a hablar en medios pequeños o con menor repercusión, sino de entender que no podemos exponernos a la frivolización de materias tan relevantes como al educación, la salud, la ciencia... Intentar divulgar nuestra opinión para que cale, hacer lo posible por ejercer cierta influencia, puesto que pensamos que nuestras ideas no son descabelladas, no nos puede llevar a inmolarnos públicamente, no por la inmolación en sí, que total, uno ya está hecho a todo, sino porque hablar en un lugar en el que no se nos va a escuchar, quizás sea contraproducente. Estos días, parece que la inmensa mayoría de la gente está indignada con Mercedes Milá por llamar "gordo" a un científico que, como todo el mundo sabe, es algo con una influencia determinante en su capacidad como científico. Mi pregunta es: ¿Para qué? ¿Ha dado un paso atrás la pseudociencia? ¿Algún incauto ha dejado de creer en supercherías? ¿Se valora más el conocimiento que antes de la participación de José Miguel Mulet en el programa?
Estas preguntas me hago desde el respeto y admiración a José Miguel Mulet por su decisión valiente de acudir a un programa, el de Risto Mejide, al que yo no quise ir porque, como digo, sigo firme en mis convicciones, pero dudo de la conveniencia de hacer de ellas una suerte de Yihad. Y he verificado que quienes defendemos la racionalidad nos manejamos mal en un ambiente irracional. Dicho en otras palabras: no me importa que me sacudan. Pero, al menos, que sirva para algo.

viernes, 3 de marzo de 2017

Profesores contra pedagogos


Hace un tiempo contactó conmigo el periodista Andreu Asensio, jefe de redacción de la revista La Torre de Barcelona, para pedirme una valoración sobre las pedagogías "innovadoras". En relación con el reportaje publicado, que se titula "Profesores contra pedagogos", me gustaría matizar algunas cuestiones, entre otras, que no me considero un profesor "clásico", que no atribuyo a las nuevas modas los malos resultados (pues el problema es mucho más profundo, a mi entender), o que no creo que toda la culpa sea "de los pedagogos" (pues tan pedagogo es Fernández Enguita como Inger Enkvist, por poner dos ejemplos conocidos y antitéticos).

Por lo demás, es un placer haber compartido espacio con José Manuel Lacasa, siempre atinado.

Para leer la noticia, aquí.

domingo, 26 de febrero de 2017

Entrevista en Infobae


Claudia Peiró es una periodista comprometida con la educación que escribe habitualmente sobre este tema en el diario digital argentino Infobae. Hace unos día me entrevistó para charlar sobre las "nuevas tendencias educativas", con motivo de mi primer libro (Contra la nueva educación), aunque algo hablamos también sobre La sociedad gaseosa. Fue una conversación agradable, que se puede leer transcrita aquí, y de la que se editó también un vídeo al que puede accederse desde la misma página.

martes, 21 de febrero de 2017

Conferencia en Elche


"Solo quien nada a contracorriente tiene la certeza de estar vivo", dijo Gilbert Keith Chesterton.

La Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante ha tenido la amabilidad de contar conmigo para abrir el curso Chesterton, democracia, revolución y reacción, que tendrá lugar entre el 24 de marzo y el 8 de abril en Elche. Después de mi conferencia, que lleva por título Tradición y posmodernidad. La nueva pedagogía o el efecto placebopresentaremos, junto con el profesor de filosofía Antonio Javier Abellán Cano,  mi segundo libro: La sociedad gaseosa.

Daré más detalles cuando se acerque la fecha.

lunes, 20 de febrero de 2017

Manifiesto por la educación


Siempre me he mostrado contrario a un pacto educativo, por motivos que ya he expuesto en varias ocasiones. Sin embargo, cuando me propusieron adherirme a este manifiesto, en cuya redacción he participado con algunas sugerencias, no lo dudé. Si fuera este el punto de partida, apoyaría sin duda el pacto por la educación. No lo será, pero que conste en acta este planteamiento. Aquí puede leerse el Manifiesto por la educación. Para firmarlo, aquí. Por último, el vídeo "Protege la educación", que dejo justo aquí debajo:


lunes, 13 de febrero de 2017

viernes, 10 de febrero de 2017

Entrevista para el periódico "Escuela"


Ayer se publicó una larga conversación que mantuve hace unas semanas con Daniel Sánchez para el periódico Escuela. La transcribo a continuación:

Cuando Alberto Royo (Zaragoza, 1973), profesor de Secundaria y músico profesional, escribió su libro Contra la nueva educación (Editorial Plataforma) era consciente de lo que iba a pasar. Adhesiones cerradas y críticas furibundas se han mezclado por igual en la acogida de un texto que reivindica el esfuerzo como método para llegar al conocimiento en la escuela frente a lo que él llama "la obsesión por la innovación", una corriente por la que la educación ha ido cambiando sus valores hacia la felicidad del alumno en detrimento de su aprendizaje. Lo que quizá no esperaba es verse etiquetado como supuesto líder de una confrontación que rechaza.

¿Qué es la "nueva educación" a la que alude en el título de su libro?

La "nueva educación" ni es nueva ni siempre es buena. El título trata de alertar contra la obsesión con la innovación. Pienso que un buen profesor puede serlo independientemente de si su método es tradicional o innovador. Percibo que hoy en día se está presionando al profesor de tal manera que ya no se trata de saber si enseña bien o mal, sino de si innova o no, y esto es peligroso porque se está confundiendo lo nuevo con lo bueno. Yo pretendo defender la libertad de cátedra del profesor, que pueda enseñar como a mejor le funcione. Y tener claro que el principal objetivo de la enseñanza pública ha de ser transmitir conocimiento.

¿Transmitir conocimiento frente a...?

Hoy en día parece que está en cuestión que en la escuela se tenga que aprender. Se habla de conceptos muy vagos como la felicidad o la empatía. El objetivo de la escuela ha de ser transmitir los conocimientos que fuera de ella los alumnos no van a encontrar. Es una confrontación que no debería darse en realidad, porque se obliga a los padres a escoger entre dos opciones, que sus hijos sean felices o que aprendan. Y no son incompatibles. Hoy en día muchas de las metodologías que se intentan imponer buscan más el bienestar del alumno que el aprendizaje. Eso es lo que encuentro peligroso. Y no solo eso, sino que cuando se defiende una educación basada en el conocimiento, que es lo que hago en el libro, se hace una lectura superficial y se piensa que los profesores que defendemos el conocimiento no nos preocupamos por los alumnos, no defendemos el oficio. Esto no es así porque el fin es extraer de cada alumno el máximo posible, en función de la capacidad de cada uno.

¿Esperaba la polémica que generó con el libro?

Sí, esperaba el revuelo porque es un libro pedagógicamente incorrecto. No va a favor de corriente. Pienso que hay un discurso oficial a nivel educativo, un discurso único que no es mayoritario entre el profesorado, pero sí hegemónico, que es el que ese impone. Y es peligroso porque está relegando la parte más importante de la enseñanza, que es el conocimiento. Esperaba revuelo porque hay muchos intereses en todo lo que tiene que ver con la enseñanza. Pero así como ha habido opiniones negativas ha habido respaldos importantísimos, desde el prólogo de Antonio Muñoz Molina a las opiniones que han podido tener Fernando Savater o Luis Antonio de Cuenca, gente de mucho prestigio que a mí me reconforta. No ha habido opiniones tibias, digamos. Muchas veces las opiniones negativas son superficiales, tratando de confrontar cosas que yo no confronto. Yo no estoy en contra de que los alumnos puedan alcanzar la felicidad, lo que cuestiono es que la responsabilidad del profesor deba ser proporciona esa felicidad. Además, un alumno va a tener más posibilidades de realizarse siendo una persona culta que un ignorante. Lo mismo ocurre con asuntos muy de moda hoy como la creatividad o el espíritu crítico. Es muy difícil que una persona que no tiene conocimientos sea auténticamente creativa. Y mucho más difícil todavía que tenga espíritu crítico. El espíritu crítico procede del conocimiento.

¿Está reñido aprender con disfrutar?

No. Pero no siempre se puede disfrutar aprendiendo. Lo que ocurre es que el premio es a medio o largo plazo, no inmediato. Y no siempre que uno aprende disfruta, es imposible. Piense en un músico. Disfruta mucho durante el concierto. Pero antes de eso no todo es agradable. Practicar escalas es aburrido. Pero si quiero disfrutar y dar un concierto, ser expresivo y transmitir, necesito antes un trabajo imprescindible. No todo lo que se aprende en la escuela es divertido, pero no pasa nada porque no lo sea. No es que el aprendizaje esté reñido con el disfrute, sino que no lo puede condicionar. Pasa lo mismo con la motivación. ¿Es importante para aprender? Por supuesto, pero no puede ser lo primero siempre. No siempre algo que afrontamos nos motiva de entrada. La motivación la podemos encontrar por el camino. El motor ha de ser el conocimiento y no la propia motivación.

¿Se han perdido los valores de esfuerzo, sacrificio...?

Sí, porque se consideran de otra época y son valores atemporales. Se confunden muchas cosas. Se suele decir que todos los alumnos tenemos las mismas capacidades o que todos somos igual de inteligentes. La realidad indica que no todos tenemos la misma capacidad. En aquellas cuestiones en las que no tenga tanta capacidad tendré que esforzarme más. Y en las que tenga más, requeriré menos esfuerzo. Puede ser injusto, pero es así.

¿Incluimos a las familias en estas ideas de felicidad y de no fomentar el esfuerzo?

Creo que las familias son fundamentales. La educación es un término global y muy amplio. Tenemos que tener claro que los padres tenemos una parcela y los profesores otra. Es verdad que están conectadas, pero cada uno debe asumir su parte. Un padre quiere que sus hijos sean felices. Mi responsabilidad con mis hijos es hacer lo posible para que sean felices y mi responsabilidad como profesor es que mis alumnos aprendan. Si yo me dedico a intentar que mis alumnos sean felices, ¿quién les va a enseñar? Hay una cuestión fundamental que tiene que ver con las familias: los hábitos. La exigencia, la disciplina, la capacidad de atención... Son hábitos que si se inculcan desde pequeños, desde el amor de los padres a sus hijos, luego no resulta traumático exigirlos cuando son mayores. En la secundaria muchas veces encontramos alumnos con una falta de hábitos alarmante. Y es muy difícil, si nadie se lo ha inculcado, que nosotros consigamos que atiendan.

Mucha gente últimamente comenta que los padres andan muy perdidos con la educación de sus hijos. No ya que tengan ideas erróneas, si es que se puede decir que las hay mejores o peores, sino que ni siquiera saben lo que quieren.

Creo que en general hay una sobreprotección con los hijos. Creo que sí. Tiene mucho que ver también con la situación de falta de conciliación. Se ve en la polémica de los deberes. Se está achacando a algo como la tarea escolar —que, bien planteado, es positivo— la responsabilidad de impedir la conciliación laboral y familiar. Parece que por culpa de los deberes los padres no pueden conciliar.

¿Usted pone deberes?

Curiosamente, pongo pocos. Los profesores que defendemos la disciplina somos los más cercanos luego con los alumnos. Los que decimos que los exámenes son útiles ponemos menos exámenes y los que decimos que la tarea escolar sirve para ejercitar una serie de hábitos necesarios para aprender somos los que menos deberes ponemos. Es curioso, pero es así, lo he comprobado con muchos compañeros. Ahora bien, a veces conviene que algo que has visto en clase se repase, poner una tarea, que también sirve para que a los alumnos les surjan dudas y las planteen luego. Además, unos deberes que estén ajustados a la edad y la etapa pueden ser útiles para ir desarrollando estos hábitos: pasar un rato concentrado, atender, cierta disciplina. A partir de Primaria se pueden ir poniendo tareas.

Usted dice: "Debe hablar de educación el que enseña y ahora los gurús de la educación no son docentes". ¿Se opina demasiado alegremente de educación?

Cualquiera habla de educación, excepto los profesores. La opinión de casi cualquier persona ajena al mundo académico tiene más importancia, parece, que la de los expertos, que son los que ejercen la enseñanza y tienen años de experiencia. El fútbol y la educación son los únicos temas en los que cualquiera puede opinar como si fuera voz autorizada. Se argumenta que todos hemos sido usuarios de la educación porque hemos ido a la escuela o tenemos hijos en la escuela. Suelo poner un ejemplo: casi todos hemos pasado por el médico y no nos ponemos a opinar sobre cómo debe ser la salud o la sanidad.

¿Esto es nuevo o ha pasado siempre?

Más que nunca se opina de educación sin saber de qué se habla. Opina gente que no se enseña, muchas veces basándose en teorías que la ciencia ha descartado. Hay un debate, que se ha dado siempre, que es aquel que tiene que ver con la confrontación entre conceptos y procedimientos. Entre el qué enseñar y el cómo enseñar. Cada poco tiempo vuelve a surgir esta polémica. Hoy en día parece que los contenidos no importan, que son obsoletos. Se dice que los tiempos son cambiantes y no se sabe qué conocimientos importan. Es absurdo, si no sabemos qué conocimientos van a ser los útiles, vamos a intentar asirnos a algo, a lo que durante mucho tiempo se ha considerado un conocimiento relevante.

Pero también por eso se dice que los conocimientos están en internet y ya no hace tanta falta enseñarlos.

Pero no es verdad. Por la misma argumentación, antes teníamos bibliotecas, pero la gente entraba ahí y no salía sabia. Internet es una fuente estupenda y puede ser una fuente de conocimiento para el alumno formado. Para el que no tiene ninguna base, internet le proporciona unas oportunidades de desorientación impresionante. No va a encontrar nada, no va a ser capaz de discernir si la información que encuentra es relevante o no. Y no debemos confundir el conocimiento con la información.

¿Hay un debate entre saber o saber hacer?

Existe el debate, pero no tiene sentido. Son compatibles. La segunda sin la primera es incompatible. Como músico lo veo claro. Tengo que saber y tengo que saber hacer. Si yo doy un concierto tengo que tener unos conocimientos y luego ponerlos en práctica. Pero no puedo salir al escenario, dejar la guitarra y que toque sola. O tocar la guitarra sin saber la partitura. Uno puede hacer aquello que previamente ha asimilado. Se confrontan modelos inexistentes. Que a estas alturas estemos hablando de que la clase magistral no debería seguir vigente es desconocer la realidad. Hoy es casi imposible ver una clase magistral. Los niveles han bajado, la exigencia ha bajado, si uno diera una clase magistral muy pocos alumnos le seguirían. No entiendo la asociación que se hace entre clase magistral y aburrida. Si una clase magistral es aburrida no es magistral. En el ámbito de la música, que alguien vaya a una master class está muy bien visto. Pero parece que los alumnos de Secundaria no merecen buenas clases.

Leyes educativas. ¿Cree que realmente influyen en lo que se hace en clase? Siempre se dice que son un desastre, pero si uno se va a PISA hay regiones que funcionan muy bien con la misma ley que otras que van mal.

Lo primero es decir que la ley ha sido siempre la misma. Entre la LOGSE, LOE y LOMCE el fundamento pedagógico es muy similar. Lo que hace es colocar en el centro de todo al alumno, lo cual para mí es un error. El objeto del sistema no ha de ser el alumno, ha de ser el conocimiento. Y el alumno el beneficiario. Las leyes influyen. En el 90 cuando entró la LOGSE lo que se hizo fue reducir los contenidos. Esto lo explica muy bien José Manuel Lacasa. Dice que cuando el currículo era uno y se sabía la mitad se tenía un cinco. Al reducir esos contenidos, el 10 pasaba a ser la mitad de lo que era antes y el 5 pasa a ser lo que era un 2,5. Si vas reduciendo los contenidos y vas bajando el nivel de exigencia, nos encontramos lo que nos encontramos. PISA, sin ser perfecto, sirve para diagnosticar qué ritmo lleva cada país. Y, por mucho que digan, el de España ha ido bajando desde entonces. En PISA también vemos que los países que mejor nota sacan son aquellos donde prima más la transmisión directa que lo que hoy llaman aprendizaje por descubrimiento.

Habla de la caída de los conocimientos, pero sin embargo se dice que esta es la generación más formada.

Es cierto que esto se dice y tampoco quiero ser excesivamente pesimista, pero creo que no es así. Siempre va a haber buenos alumnos, pero creo que tenemos muy pocos alumnos excelentes. No creo que esta sea la generación mejor preparada de la historia.

¿Tiene alguna esperanza en el pacto educativo que se va a negociar?

Muy pocas. Leyendo las propuestas de los partidos de antes, de los de ahora... No hay partidos que de verdad se atrevan a apostar por el conocimiento y que haga propuestas serias. De hecho, dependiendo de cómo sea el pacto, casi prefiero que no haya porque de alguna manera se va a consolidar todo esto.

¿Debería evaluarse al profesorado?

Depende. Si se evalúa de forma objetiva sobre aspectos que realmente tienen incidencia en cómo enseño, no tengo mayor problema. Pero me tendrá que evaluar alguien que realmente sepa y sobre los conocimientos que yo tengo de mi asignatura.

¿Entonces no evaluamos cómo se enseña?

Hay que evaluar los conocimientos que uno tiene. El primer factor en la eficacia a la hora de enseñar, y hay estudios que corroboran esto que digo, es dominar la materia que uno imparte. Hay tres requisitos que un profesor debe tener. El primero es el dominio de la materia. Los otros dos son más difíciles de evaluar. El segundo sería el compromiso por enseñar y el tercero el entusiasmo. Un profesor no puede limitarse a enseñar la lección, ha de tratar de persuadir a los alumnos, convencerles y trasladarles el entusiasmo que él siente por su materia.

Dominio de la materia, compromiso y entusiasmo. ¿La didáctica no cuenta?

No hablo de la didáctica porque, aunque es imprescindible, tiene mucho que ver con la forma de trabajar de cada profesor. No hay una metodología que se pueda compartir por todos los docentes. Un buen profesor que tenga conocimientos, que domine la materia, que está comprometido, aprenderá enseñando. Yo cuestiono eso de que se pueda enseñar a enseñar. Un profesor con experiencia puede compartir sus experiencias, aconsejar a profesores más jóvenes... pero a enseñar no. El buen profesor innova constantemente, no da dos clases iguales ni un grupo es igual que otro. No se trata de innovar como hoy se entiende la innovación, sino de tener una metodología flexible y la capacidad que te da la experiencia de irte adaptando a las situaciones que vayan surgiendo.

Por los recortes, la LOMCE, etc. ¿Cree que es el peor momento desde que usted da clase para ejercer de maestro?


No sé si es el peor momento, prefiero casi no pensar así, pero sí es verdad que no es un momento en el que el oficio de enseñar esté reconocido. Prueba de ello es que se culpa al profesor de muchas cosas. Y prueba de ello es que cualquiera, aunque no enseñe, es capaz de pontificar sobre la enseñanza y no sólo eso sino que se le considera un experto educativo. Si realmente hubiera un respeto por la labor del profesor, tan importante a nivel social, todas estas propuestas extravagantes se rechazarían inmediatamente. Sin embargo, tenemos un montón de excentricidades pedagógicas que se van instalando y no pasa nada. No sé si es el peor momento, pero me preocupa el futuro.

La entrevista, en su formato original, puede leerse aquí.