¿La otra mejilla? Sobre respeto, autoridad y prestigio docentes



Agredida una profesora en Zizur Mayor por el padre de uno de sus alumnos. La agresión se produjo cuando el hombre vio cómo la docente reprendía al niño, después de que este la agrediera.

La profesión docente tiene unas peculiaridades que no tiene ninguna otra. No, no hablo de las vacaciones, que les veo venir. Es, por ejemplo, el único oficio en el que no nos ponemos de acuerdo respecto al objetivo de nuestra actividad. Piensen en la sanidad. ¿Alguien duda de que la obligación del médico (y así se lo exige la sociedad) es curar al paciente? Nadie. Sin fisuras. Con absoluta claridad. Indiscutible. En la enseñanza, se cuestiona que el profesor ha de enseñar al alumno. No hay que enseñar, dicen, hay que "educar". No somos docentes, insisten, sino "educadores". "Los valores son muy importantes", repiten. Vale, pero ¿qué valores? ¿El respeto, importa? ¿Y qué lección estamos dando a nuestros alumnos si se suceden las agresiones a los profesores y se apuesta por los cursos de mediación, las palmaditas en la espalda y el paternalismo más ñoño? ¿Qué les estamos diciendo a nuestros jóvenes si sus actos no tienen consecuencias? ¿Cómo podremos reconocer a quien actúa bien si no censuramos a quien actúa mal?

La enseñanza es también la única profesión en la que el trabajador ha de "ganarse el respeto" y reclamar autoridad genera de inmediato suspicacias. A nadie se le ocurriría decir que un médico, un bombero, un abogado, (¡un policía) tienen que ganarse el respeto. A nadie. Pero cuidado, nosotros sí tenemos que ganárnoslo, no sé si porque tenemos muchas vacaciones o porque, como este oficio tiene que ser "vocacional" por narices, un bofetón entra en el sueldo (¡bastante suerte tenemos con poder trabajar en "lo que nos gusta"!). Es, vuelvo a decir, una profesión peculiar. Lo es, en tercer lugar, porque ser profesor te convierte en sospechoso. No solo tenemos que acreditar que no somos delincuentes sexuales. También tenemos que aclarar que cuando pedimos autoridad es para actuar de forma justa y proporcionada y no para ejercer la tiranía. Tenemos que aclarar que cuando defendemos el conocimiento y los contenidos ante tantas promesas bondadosas y new-age es porque estamos convencidos de que es valioso, pues contribuye al desarrollo del espíritu crítico y a que nuestros alumnos se conviertan en ciudadanos independientes y con menos posibilidades de ser manipulados, no porque no deseemos su felicidad o no nos preocupen (justo al contrario: porque nos preocupan, queremos que sean personas cultas y formadas); que cuando decimos que los alumnos que "no quieren estudiar" deben permitir hacerlo a los que sí, no queremos excluir a los que tienen más dificultades (al contrario, estos, siempre que quieran y muestren interés, son los que mayor apoyo deben recibir -esto es la escuela pública-); que cuando criticamos el espíritu lúdico de la enseñanza es porque nos la tomamos muy en serio y porque no siempre uno puede aprender divirtiéndose, no porque queramos hacer sufrir a nuestros alumnos; que cuando cuestionamos la motivación no es porque neguemos su importancia sino porque pensamos que es el conocimiento el motor de la misma... Pues no se entiende. Y, aunque no debería ser necesario, tenemos la obligación moral de reiterar estas ideas tantas veces como sea necesario: toda persona merece respeto (no así toda opinión). Además del respeto a la persona, existe (o debería) el respeto profesional hacia quien en el aula es la autoridad intelectual, académica, docente o como quieran llamarla. Lo que un profesor ha de ganarse con su labor diaria de ninguna manera es el respeto (este le corresponde, como a cualquiera). Lo que un profesor ha de ganarse con su desempeño y su actitud es el prestigio. Y son dos cosas diferentes. No las confundamos. Y no pretendamos solucionar estas situaciones solo con cursillos e informes. Los puñetazos, a los profesores, nos duelen igual que a los demás.

Comentarios

  1. Esencial la distinción que estableces entre respeto y prestigio. Enhorabuena una vez más, Alberto.

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  2. El respeto se gana también con respeto.

    Un policía tiene la función de mantener el orden establecido, un bombero apagar el fuego o rescatar a personas. El profesor, la profesora, tienen que enseñar, no son policías, no son militares ni son funcionarios de prisiones, son docentes, su objetivo es que el alumno aprenda lo que se les enseña, ni la disciplina ni la autoridad, que son cosas muy diferentes al respeto.

    El profesor tiene que ser tan respetado como el alumno, pero no es un policía, no debe tener autoridad. Si hace bien su trabajo, será respetado, si sólo es profesor porque estudió matemáticas y sólo encontró trabajo como docente, entonces, tenemos un problema.

    Los profesores son como las demás personas, con una salvedad, su trabajo puede hacer que la vida de los alumnos sea mejor o convertirla en un infierno, por eso deben tene runa preparación muy buena, similar a la de un neurocirujano o un físico nuclear, porque tienen el futuro de sus alumnos en sus manos. y si están amargados por un sistema educativo que los somete a presión, que s eunan a la lucha por mejorar el sistema en vez andar pidiendo disciplina y autoridad.

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    1. ¿Y el prestigio, se gana con prestigio? Precisamente porque un profesor no es un policía, necesita que se le garanticen las condiciones adecuadas para ejercer su labor: enseñar. Y tener autoridad contribuye a ello. Si hace su trabajo especialmente bien, ganará prestigio; si no, no. Pero negarle el respeto me parece, con todo ídem, una barbaridad. Anda que "andar pidiendo disciplina y autoridad"... cómo somos...

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    2. "Los profesores son como las demás personas"
      Oiga, y si las demás personas reciben un puñetazo de sus pacientes, clientes o lo que sea; por ejemplo, si usted recibe un puñetazo en el ejercicio de su labor profesional, o si lo recibe su señora o su padre, o su madre o su hija o su hijo, entonces, pregunto yo: ¿qué tal le parecería a usted que al agresor de usted o de su familiar, le dieran un cursillo?.

      "si sólo es profesor porque estudió matemáticas y sólo encontró trabajo como docente, entonces, tenemos un problema"

      Sí, ya lo veo, está clarísimo, si para usted -y me temo que no sólo para usted- la condición de profesor se puede caracterizar como la de quien sólo encontró trabajo como docente, tenemos, nuestra sociedad tiene, un problema, y muy grave. No sé si puede usted concebir que a algunos, a pesar de vivir en una sociedad donde demasiada gente opina como usted, ser profesor es exactamente lo que desean y lo que les gusta. Disculpe usted que a pesar de ello deseen hacer su trabajo en condiciones dignas.

      "su trabajo puede hacer que la vida de los alumnos sea mejor o convertirla en un infierno, por eso deben tener una preparación muy buena, similar a la de un neurocirujano o un físico nuclear, porque tienen el futuro de sus alumnos en sus manos"

      Si su labor tiene tanta importancia, no sé, ¿se le ocurre que podría ser buena idea pedir que sus condiciones laborales mejorasen?. Ah, no, resulta que cuando alguien lo hace, a usted le parece que los docentes "están amargados por un sistema educativo que le somete a presión".

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