César Bona o la Bona Nova


En la primera imagen, César Bona. En la segunda, yo, como me imaginan sus fans.

NOTA IMPORTANTE: Soy mucho más joven y tengo bastante más pelo que "eltíolavara".

"Alberto Royo, me alegro de que no sea profesor de mis hijos". Este comentario me hacía una señora cuando entraba, con toda corrección, a discutir las afirmaciones de César Bona, considerado la persona que más sabe de educación hoy, nominado al Global Teacher Prize y autor de un libro que probablemente venda más que el de Jorge Javier (y seguro que más que el mío) titulado "La nueva educación" (porque, amigos, la otra, no lo duden, es la vieja). Comprenderán que no escribo estas líneas para desahogarme y evitar ir llorando por las esquinas ante semejante valoración por parte de una madre que está en su derecho de reverenciar la capacidad profesional de César tanto como de aborrecer (intuitivamente, como los teléfonos inteligentes) la mía, sino para avisar, papás y mamás sensatos, colegas y chiquillos despistados, de la que nos viene. Este es el futuro, señoras y señores. César Bona extractaba de una entrevista en el periódico "El Norte de Castilla" lo siguiente:

-Hay que desterrar el "la letra con sangre entra" y abrir el gusto por la escuela.
-Yo recortaría contenidos para ver con mayor profundidad otros que quiero enseñar y poder estimular su curiosidad. 
-¿La lectura? Sin darnos cuenta la convertimos en una obligación cuando debería ser un placer. Cuando se habla de incidir en la comprensión lectora dejamos algo que hay que hacer antes de comprender, y es amar lo que se lee.
¡Nos vemos hoy en el Museo de la Ciencia, Valladolid, a las 20:00 horas!

Como algunos supondrán, no había un solo comentario crítico a las frases del Maestro hasta que llegó el aguafiestas del Profesor Atticus, ni siquiera escéptico o templadamente dubitativo acerca de las palabras de Bona. Todo eran loas y alabanzas, arrobamientos pedagógicos e imploraciones de que el nominado a los Nobel educativos asistiera a predicar a uno y otro lugar, de una parte a otra de España o del Mundo..."¿cuándo vienes a Andalucía?", "vente a Nicaragua", "Asturias te necesita", "fiera", "crack"... el elogio a lo que César representa (repito, representa) iba acompañado de un desprecio muy llamativo a todo aquel profesor que no profesara la misma fe. Quienes no vemos las cosas como Él somos "cobardes". Él es, sin embargo, "extraordinario" y "la pena es que no haya más como Él. Porque Él "ama su profesión" (luego nosotros, no). 

Es curioso lo escurridizos que son algunos. En el momento en que uno intenta argumentar para armar un debate racional (como diría el gran Bunge), pronto encuentra una excusa ("no quiero entrar en bucle", me decía César) para abandonar la discusión (uno no deja a medias un debate si tiene argumentos para entablarlo). Y lo peor no es esto. Lo inquietante es que César Bona parece más cabal que sus seguidores, más cauteloso al menos. En décimas de segundo, justo después de mi apreciación, saltó un hincha solidario (del sector ultra, ya saben, el Fondo Sur Pedagógico) en defensa de la supuestamente agraviada estrella para soltar un mamporro y trata de zanjar el tema (pues no sabe con quién está tratando. Soy de Zaragoza. Con acento en todas las sílabas). Y verán, puede que mis razonamientos no sean los mejores. Pero les aseguro que los suyos son pura homeopatía pedagógica. Mis objeciones eran (copio literal) estas:

Primero. ¿Dónde sigue funcionando aquello de la letra con sangre entra? 

Segundo. Para estimular la curiosidad no es necesario recortar contenidos sino dominarlos y transmitirlos con entusiasmo.

Tercero. Aforismo: No se puede amar lo que se lee sin antes haber aprendido a leer. 

Un cordial saludo.

Respuesta de César Bona:

Alberto, primero: eres inteligente para saber que esa frase no has de llevarla literalmente y que su estela es la que sigue empañando el concepto de escuela-trabajo-sufrimiento. Segundo: enhorabuena si das todos los contenidos dominándolos y con entusiasmo. Yo valoro más atender a lo que me cuentan los niños y lo que tienen en su entorno para invitarles a participar en la sociedad y sí, confieso que no doy todos los contenidos y que sí, lo que doy lo hago con entusiasmo; y sí, los niños vienen con entusiasmo porque se sienten parte de esto más que recipientes que uno llena de datos. Tercero: Cuando dices "aforismo" (sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte), ¿te refieres a tu propia frase?. Confirmo a tu pesar: se puede amar lo que se lee aprendiendo a leer y también con noventa años. Y se puede odiar la lectura desde la infancia hasta la vejez. Un cordial saludo para ti también.

MI RÉPLICA:

Estimado César: 

Primero: la frase de "la letra "la letra con sangre entra", lo que significa, su "estela"... todo ello hace años que no existe en la educación. Muchos años. De hecho, lo hegemónico es hoy que todo gire en torno a lo que el alumno prefiere, que se divierta, que esté cómodo, que disfrute... Tal y como yo lo veo (pero es que yo soy muy raro), hacer pensar a los niños o adolescentes que se puede aprender sin trabajar o asociar trabajo con sufrimiento es muy peligroso.

Segundo: No he dicho que yo siempre imparta clase con pleno entusiasmo (ya me gustaría) y dando todos los contenidos; he dicho que la solución no pasa por recortarlos sino por dominarlos y transmitirlos con entusiasmo, que no es lo mismo. Me parece muy bonito lo de "atender a lo que cuenten los niños" (y no es incompatible con lo que yo sostengo) pero no son ellos sino nosotros los que debemos tomar las decisiones (estoy seguro de que no estaremos de acuerdo en esto -tampoco-). Tener en cuenta su opinión no implica cambiar la jerarquía (sí, quiero decir jerarquía) o que sean ellos los que guíen un proceso que debemos guiar nosotros. En cuanto a venir con entusiasmo o no a clase, es que no creo que sea imprescindible que lo hagan. Claro que sería fantástico que todos estuvieran deseando pasar todas las horas del día en la escuela aprendiendo sin parar, pero los niños (excepto, quizás, tus alumnos) suelen preferir jugar a ir a la escuela (a no ser que vayan a la escuela a jugar, que ese es otro tema). 

Tercero: insisto, no se puede amar lo que se lee si no se sabe leer; añado, aprender a leer cuesta e incluso uno puede sufrir un poco (hasta ahora, eso sí, nadie se ha traumatizado) hasta que lo consigue, pero.... cuando lo consigue es maravilloso. Lástima que no nos acordemos de cuando aprendimos nosotros. Y claro que se puede odiar la lectura (si te dan un sopapo a cada error, por ejemplo, aunque convendrás conmigo, espero, en que no es una metodología muy extendida) pero lo que tú afirmabas era que "se debe amar antes de comprender", lo cual me parece difícil y, además, invierte la lógica: es cuando uno aprende y comprende cuando puede llegar a amar lo que ha aprendido y comprendido. Antes, se trataría más bien bien de una cuestión de fe. 

Un cordial saludo.

DE NUEVO CÉSAR:

No entraré en un bucle. Pero no. Actualmente no gira todo en torno a lo que el alumno prefiere o le interesa. Pregúntale a miles y miles de padres y madres. Hay niños (no solo los míos) que sí desean ir a la escuela, y eso no es incompatible con el deseo innato de jugar de cada niño y niña (y no, ir a la escuela no es ir a jugar pero sí puede ser divertido). Y sí, para que algo cale en ti, mejor y más fácil si estás predispuesto a abrirle la puerta que si lo haces a disgusto. Comprensión lectora se pide en Primaria, en Secundaria... a esas alturas miles de niños y adolescentes o bien no han alcanzado el gusto por la lectura o poco a poco se lo hemos hecho abandonar. Ofrecerles el entorno y las herramientas para que amen lo que hacen y lo que leen (como supongo que tú amas lo que haces) también depende de nosotros, los adultos.

OTRA VEZ YO: 

No se trata de entrar en bucle. Puedes dejar la discusión cuanto te parezca. Pero seguro que, puesto que todos los comentarios que te hacen son tan elogiosos, te vendrá bien uno crítico para poner a prueba tus planteamientos (a mí me suele venir de perlas). Sobre lo que dices ahora (que cada vez se parece menos a lo que decías al principio), verás si todo gira en torno al niño: aprendizaje cooperativo, proyectos, flipped learning, tablets, tertulias dialógicas...y ¡claro que hay niños que desean ir a la escuela! Pero no es la norma. El niño prefiere jugar. Es lógico. Va a la escuela porque le decimos que debe ir. Ese es nuestro papel y el suyo no querer. Estoy de acuerdo en algo que acabas de decir (para que veas que no voy a plantearte objeciones a todo): ir a la escuela puede ser divertido; pero matizo: aprender es lo que puede ser divertido. No digo "es" divertido". Puede serlo pero no "ha de serlo". Y sobre todo es apasionante por el reto que supone, por su influencia en el crecimiento personal de cada uno. Pero hay que poner las cosas en su sitio: que sea divertido no es el objetivo. Otra cosa es que debamos hacer lo posible por plantear este reto de la manera más atractiva. Cuando se pueda. Cuando no, habrá que aceptarlo y esforzarse, se divierta uno o no se divierta. Lo que quiero decir es que el hecho de que algo deba aprenderse y no resulte una experiencia placentera no resta interés al aprendizaje ni disminuye sus beneficios. Por supuesto que es más fácil aprender algo si estás predispuesto. Pero, ¿y si no lo estás? Entonces, ¿lo olvidamos? No te discuto que debamos hacer lo posible por transmitir entusiasmo y tratar de contagiarlo a nuestros alumnos, lo que estoy diciendo es que eso no nos puede condicionar porque entonces les estamos diciendo que aprendan lo que les resulte atractivo. Y solo eso.

Respecto a la comprensión lectora...¿dices que se trabaja? Por mi experiencia, cada vez se trabaja menos. Como "estamos en la era digital"... Y es verdad (estamos de acuerdo otra vez) que depende de los adultos "ofrecerles el entorno y las herramientas para que amen lo que hacen" pero debo volver a matizar: también es nuestra obligación exigirles y también es nuestra obligación decirles la verdad: que no siempre podremos hacer solo aquello que "amamos".

Un saludo.


FAN INCONDICIONAL:

Alberto Royo Me alegro de que no sea profesor de mis hijos. Un saludo.

RESPUESTA A LA FAN:

Muy amable, Nitos Mari. No era necesario entrar en lo personal, pero usted misma. Le aseguro que me tomo muy en serio la educación. Precisamente por eso sostengo lo que sostengo. Suerte con sus hijos. Espero que aprendan mucho. O que sean muy felices. Y se lo deseo sinceramente. Un saludo cordial.

CÉSAR BONA:

¿Comentarios elogiosos? No me alimentan, gracias a dios. Tengo una visión de la educación más positiva que tú, es todo

YO:

Eso está bien. Positivismo al poder. Un saludo. 

EPÍLOGO

Iba a terminar de forma pesimista porque no es fácil mantener las convicciones en situaciones tan adversas (ni siquiera es sencillo mantener la cordura). Cuando en uno de los últimos comentarios, otra madre preocupada por la ¿educación? de sus hijos y (o pero) muy fan de Bona y de sus  "teorías" afirmaba deprimirse "cada vez más" cuando le escuchaba, estuve  a punto de decir: lo mismo me ocurre a mí. Pero callé (de cuando en cuando sufro ataques de prudencia). Pero, a punto de tomar la decisión de irme con mis catastrofismos y malos augurios a otra parte, encontré dos motivos para no arrojar la toalla, que relataré a continuación: 

Primer motivo para "seguir en la lucha":

Un nuevo comentario de César, al que no se le puede negar corrección y buen tono pero sí se le podría pedir algo más de argumentación (o sea, como a Pablo y Albert), en el que, despidiéndose de la discusión ante la entrada (qué malos somos los aguafiestas) de dos nuevos elementos discordantes y reticentes a la conversión *(no crean, de los casi quinientos comentarios, solo los de los tres cenizos que incordiamos eran disidentes), me decía que su fin es "el nuestro", que compartimos la intención de "sacar lo mejor de cada niño" (de lo cual no dudo y lo cual comparto) y que "muchas gracias por los comentarios". A esto le respondía yo que, sin recelar de sus buenas intenciones (aunque mira que son peligrosas las buenas intenciones), considero sus ideas perjudiciales para la enseñanza. Por eso las discuto, como haría si en lugar de profesores fuéramos médicos y viera que el tratamiento que ha aplicado a un paciente no solo no lo va a curar sino que puede empeorar su salud. Debo decir que en este caso creo que es erróneo incluso el diagnóstico.

*  ¡El esfuerzo, el sacrificio = la letra con sangre entra!. ¡¡Y no lo ven", decía un hooligan bonanoviano. ¿¿Ves, César, como muchos pasaron por la pedagogía y la universidad pero la universidad y la pedagogía no pasó por ellos?? (NOTA he corregido las faltas para facilitar la comprensión de la soflama. Triste oír hablar así a "docentes" (nótense las comillas). Aviso desde ya que no voy a contestar a nada. La experiencia me dice que no sirve de nada. Solo pediría que se leyera a Sir Ken Robinson, a Ilich, a Montesori... En fin, a los que han pensado, sentido u actuado mucho en este tema pensando en el objeto de la Educación: ¡¡¡el niño!!! (puesto que de la experiencia están aprendiendo bien poco). Me gustaría tener esa actitud conciliadora tuya, César, pero todavía no estoy tan evoucionada.


Segundo motivo para "seguir en la lucha":

Otro comentario, esta vez de alguien que amenaza, perdón, arenga a los demás en la ambiciosa tarea Matrixrevolutions de "convencer a los padres" e ir "abriendo mentes poco a poco". Es ahí cuando, sacando fuerzas de flaqueza, me he venido arriba, he recordado a Unamuno y su "venceréis pero no convenceréis" de aquel 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca y me he dicho: resistiremos.


Va por usted, don Miguel.


Comentarios

  1. Alberto, ¿puedo preguntarte qué te ocurre? A título personal, sin "fans" como tú irónicamente llamas leyendo este diálogo.
    Me ha llegado tu desahogo en tu página y no voy a darle más importancia pero, ¿acaso sabes qué defiendo yo? Nuestra profesión, sin más. No creo dogmas, no me alimentan los halagos y las loas como tú te empeñas en "predicar". No quiero una lucha entre docentes. Quiero que nuestra profesión sea valorada, y no creo que consigamos mucho echándonos trastos a la cabeza. Es por eso por lo que decidí no seguir con esa "lucha absurda" y sinceramente te dije que sé con certeza que puedo aprender muchísimo de ti y que ni de coña sé todo. Si te ocuparas de investigar un poco más, verías que digo por activa y por pasiva que no soy el mejor en nada, que hay miles de maestros y maestras que son anónimos y merecen toda mi admiración. ¿No lo quieres entender así? Lo siento, no puedo hacer más para acercarnos hacia entendernos y que veamos que lo que importa es el niño y que nuestra profesión sea valorada: ya no con mis "métodos", que no son nada nuevo y no son ni métodos, sino con la unión de los que amamos nuestra profesión, entre los que te incluyo.

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    1. Estimado César:

      Ambos defendemos este oficio. No lo pongo en duda. Pero lo hacemos desde unos planteamientos muy distintos. Lo único que pretendo es aportar otra manera de entender esta profesión, una visión de la misma que no acaparará premios y tendrá poca repercusión mediática (la labor del profesor es, como la música de Mompou, callada), pero sí es, como mínimo, tan legítima como la tuya. Repito: si tú y yo fuéramos médicos y pensara que el tratamiento que has indicado a un paciente va a empeorar su salud, daría mi opinión con la misma contundencia que te la he dado en esta situación. Y eso hago cada vez que me encuentro con colegas o no colegas que proclaman ideas con las que no puedo estar de acuerdo. Creo que no has leído mi artículo con detenimiento o quizás con la distancia adecuada. No digo que tú crees dogmas o busques acólitos. De hecho, y así lo he expresado, tengo la sensación de que eres más cabal que quienes aplauden tus tesis pedagógicas.

      No veas nada personal en mis exposiciones. No nos conocemos y no te ataco a ti sino que defiendo mi profesión ante propuestas que considero descabelladas y peligrosas para la enseñanza pública a la que aspiro para mis hijos y para mis alumnos. No tengo otra intención que discutir (que no reñir). Tienes este blog abierto para intentar convencerme de que tienes razón o para opinar sobre cualquiera de mis argumentos. No está moderado y, como habrás comprobado, lo que escribas aparecerá publicado de inmediato.

      Cuando hablo de "lucha", hablo de una lucha dialéctica. No se trata de buscar pelea sino de que cada uno defienda sus argumentos. No debes sentirte atacado. Los manifiestas públicamente y por eso estás expuesto a crítica. Como lo estoy yo. Y nadie debería molestarse por ello.

      De todas formas, si has sentido mi vehemencia como un ataque personal, te aclaro que no es así (mi discrepancia es puramente pedagógica) y te pido disculpas. Nunca es mi propósito ofender. Pero seguiré rebatiendo lo mejor que sepa y pueda todo aquello que considere nocivo para la enseñanza.

      Te envío un saludo cordial y hasta cuando quieras.

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    2. Quiero añadir algo, César. Aquí podrás dejar los comentarios que quieras. No los voy a borrar. Pero tú te has encontrado tres opiniones distintas a la tuya (y cientos de ellas favorables). Las discrepantes las has borrado, a excepción de la mía. Te agradezco el detalle, pero alguno podrá pensar que tengo amigos imaginarios o que oigo voces porque me refiero a personas a las que has bloqueado y cuyos comentarios ya no pueden leerse. En fin, no me parece que esta sea una buena manera de contrastar argumentos. Si todos queremos una buena educación pública, permitir solo las ideas que nos gustan no parece lo más honesto ni lo más sensato. Nada mas. Un saludo.

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    3. El desprecio y la descalificación a las demás personas no se llevan en mi página, porque pretendemos unir y no desunir. Y eso no implica, como sería tu siguiente respuesta, desoír otras opiniones distintas. Aunque tu camino sea el mismo que quien insultó a otra persona, lo haces con un uso más correcto de las palabras y muestras más sutileza, recreándote en tu propia escritura. Por experiencia sé que cuando uno se encuentra con oídos que no oyen (no para acatar ideas, sino para abrir mente), es inútil seguir dialogando. Así, como tengo bastantes cosas que hacer aparte de escribir esta historia a la que tú dedicas tiempo, "esfuerzo" y deseo, dejo cerrada mi intervención y te invito a seguir recreándote con tus propios argumentos, tan cerrados y faltos de perspectiva como contraproducentes para la educación. Lo mío no es luchar contra docentes sino animar a los que tienen ilusión, cosa que parece ser perdiste hace tiempo.

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    4. No estoy de acuerdo. No había descalificaciones en las opiniones que has borrado. Eres libre de querer discutir, tanto como de no hacerlo. Y por supuesto de borrar las opiniones que no te gusten. Eso sí, no pretendas calibrar mi ilusión, César. Ni yo te conozco a ti ni tú a mí. Me ilusiona tanto y me siento tan comprometido con la enseñanza pública que seguiré empleando tiempo, "esfuerzo" y lo que haga falta para defenderla de propuestas mejor o peor intencionadas pero que entiendo perjudican mi legítima ambición de aspirar a un sistema público de enseñanza basado en el conocimiento y que permita a los más pobres, económica, social o culturalmente llegar tan lejos como quienes parten de una situación mejor. Adiós entonces. Este espacio seguirá abierto para ti como para todo aquel que venga a dejar su opinión, sea parecida, diferente u opuesta a la mía. Un cordial saludo.

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    5. Lo que me gusta de César Bona cuando habla de educación es que habla de tratar con personas. Entiendo también que defiende a los docentes (cosa que le agradezco, pues lo soy). Lo que no comparto, son sus metodologías. El problema es que eso es lo que todo el mundo le alaba y da la impresión de que haya que ser innovador y estar a la moda para ser buen profesor.
      Creo que lo que está criticando Alberto es la metodología y las ideas en las que se basan esas metodologías (en eso estoy con él). Su tono (a mí me encanta) es muy irónico, y puede parecer hiriente para el que no está de acuerdo. Alberto: a mí también me molesta que, cuando argumento, entiendan que estoy atacando a la persona cuando no estoy de acuerdo, y es lo que suele ocurrir con estos temas. Gracias por tus posts, por muy agrios que sean a veces, son una inspiración.

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    6. "El desprecio y la descalificación no se llevan en mi página, porque pretendemos unir y no desunir" Puaj.

      Pretendía redactar algo más sesudo intentando poner de manifiesto todos los motivos por los que considero que es usted la punta de lanza de una amenaza brutal que se cierne sobre la enseñanza pública en forma de la pseudoenseñanza basura que usted nos propone (buen rollismo infinito, educación emocional, charlas TED, fundación Botín, fundación Telefónica, Ashoka, infinita condescendencia con las minorías). Pero no lo haré. Seguiré preguntándome en solitario quien está detrás de todo aquel que le financia y seguiré preguntándome los motivos que pueden tener aquel o aquellos que le han encumbrado al estrellato mediático; seguiré preguntándome en solitario cuantos de sus alumnos gitanos habrán llegado a la universidad o a la formación profesional gracias a sus innovadoras clases de guitarra, tablao, historiadores, abogados y lideres de sublevados.

      Seguiré preguntándome todo eso Cesar, y no me responderé porque me basta y me sobra con saber que además de todo lo que es usted ,es también, muy probablemente, un narcisista arrogante inseguro. Solo así se comprende su talante totalitario a la hora de expulsar de su particular paraíso online a todo aquel que discrepa con usted lo más mínimo. Y no se escude usted en la educación, no sea aún más hipócrita de lo que es, pues en tanto en cuanto mantiene usted en su foro comentarios tan profundamente maleducados como el que una de sus fans (sí, creo que la palabra "fan" es la más cabal para definirla) escupió contra el autor de este blog y que usted perfectamente podría haber eliminado... Pero no lo hace, y no lo hace porque, además de todo lo que es usted, también es un gran maleducado.

      Seguramente ustedes, los pedagogos postmodernos, conseguirán cargarse definitivamente la educación pública, y así los hijos de quienes a usted le financian podrán definitivamente acudir a sus colegios de élite mientras usted regala educación emocional a sus alumnos proletarios y flamenquito a sus alumnos gitanos, pero no dude que en el futuro, aunque sea un futuro muy lejano, habrá alguien que le pedirá cuentas. Usted no lo sabe, porque usted no sabe nada, pero créame, la Historia son ciclos.

      Un saludo

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    7. Esperemos que no, Óscar, esperemos que no.

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    8. Querido amigo anónimo: Te pido disculpas porque se me pasó contestar a tu comentario. Gracias por la visita.

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  2. No admiten diálogo, llaman desprecio a las discrepancias argumentadas, no merece la pena perder el tiempo con un lobbie, se irá pasando de moda, dejalo Alberto

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    1. Eso es lo bueno de las modas, que, tarde o temprano, se olvidan. El problema es que provocan a veces estropicios de difícil solución.

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  3. Aunque estoy abierto a todas las innovaciones pedagógicas, y ardientemente deseoso de empezar a creer, no alcanzó a comprender un nimio asunto: ¿qué tiene que ver la motivación con la capacidad de aprender algo? ¿Hay algún estudio concluyente al respecto? Sé que soy un ignorante...

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    1. Deberíamos hacer algo parecido a la "lista de sobrevalorados" de Woody Allen y Diane Keaton en Manhattan, pero con estrategias didácticas y actitudes. El primer puesto sería para la innovación. E segundo, para la motivación.

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  4. En fin, va por don Miguel y por esas antiguallas que son los libros de los que parece manar sangre de cada letra. Anda que no cuesta amar a los dichosos libros, sobre todo si son de escritores alemanes... Pero amigo, una vez que se los ama, ya está hecho el matrimonio indisoluble para siempre. Abres tu Platón o tu Descartes y no ha pasado el tiempo por ellos. Te hablan a ti y te requieren, y te los debes tomar en serio. Quiero decir que a mí me sirven como muro de contención frente a tantas innovaciones. Pero es que uno es un reaccionario que se fía de que filosofar es meditar sobre la muerte, y que tanta novedad es ruido y vanidad.

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    1. Va por ellos. Por supuesto que sí.

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    2. Y para vanidad lo de esta gente. No hay cosa peor que un arrogante que presume de ignorancia.

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    3. No me refiero a nadie en concreto. Generalizo.

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  5. Profesor, parte de nuestra debilidad es que quizás no sepamos unirnos y hacer fuerza frente a este 'mar de adversidades' que azota a la educación pública en estos crepúsculos de la modernidad en que vivimos. Las iniciativas individuales - como el portal 'deseducativos' que clausuró hace años, o los libros que sacan el profesor Moreno, el que sacó hace relativamente poco un profesora compostelana (¿como se llamaba?) o el suyo, por salir- parecen islas en el mar que no terminan por unirse en un continente o masa que permita que nos hagamos oír, les gusten o no las verdades del barquero que proclamamos.

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    1. Quizás, amigo FraVernero, la pelea debe ser de este tipo: una guerra de guerrillas una lucha desde la trinchera de cada uno. No lo sé...puede que tenga usted razón.

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  6. Alberto, mas difícil parecía detener la barbarie en las Termópilas y lo lograron, sin el concurso de aragoneses, así que ....

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    1. Lleva usted razón. A resistir pues. Muchas gracias y bienvenido.

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  7. Es lo que tiene el star system pedagógico. Lo suyo es lo bueno, lo nuestro, lo de pisar el aula, mancharse con tiza,recomendar codos es malo. Así que para se van a rebajar a discutir, salvo que por discutir entiendan que agachemos la cabeza y les dejemos destrozar esta profesión.

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  8. Detrás de todo esta moda de escuchar al niño, aprender jugando y que para qué memorizar porque todo está en Google, lo que se esconde es una gran operación para desmontar toda la instrucción escolar de calidad en perjuicio de las clases populares. Estuvo dando una charla en la Facultad de Educación de la UAM y bueno, casi me dio algo cuando escuché lo del flamenco y el tablao... en fin.

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    1. Le pido también disculpas a usted. Otro comentario que me pasó desapercibido. No sé si hay detrás de todo esto una "gran operación". Lo que sí sé es que algo debemos hacer para defendernos. Un cordial saludo.

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  9. Creo que mi comentario llega muy tarde, ya que los últimos son de hace un año, pero me ha sido tremendamente útil esta publicación, he de decirlo. César Bona va a llevar a cabo una ponencia próximamente en la localidad donde doy clases y yo, que fui a la reunión con los diferentes agentes de la comunidad educativa en el Ayuntamiento, me quedé alucinado con el bombo que se le daba al acto y con la suerte inigualable que teníamos por poder escuchar a César en directo. Me pareció que podría ser interesante. Pero, como digo, la lectura de esta publicación me ha parecido bastante más interesante.

    Cuando he buscado a César Bona en Google, puesto que no lo conocía, me ha llamado mucho la atención una foto muy bonita que tiene con 19 alumnos de 5º de primaria. A mí, que tengo 6 grupos de unos 30 alumnos de edades entre los 13 y los 17 años, casi la mitad procedentes de hogares con importantes problemas de todo tipo, se me hace, como mínimo, difícil concebir la educación como lo concibe el señor Bona. No digo imposible porque, como bien dices tú y mal dice él, una persona que discrepe de sus técnicas no es automáticamente un profesor que ha perdido la ilusión. Yo tengo la impresión y la percepción de que mis alumnos, la mayoría, me respetan y me quieren. Bastante. Y tengo la impresión y la percepción de que mis alumnos, en general, se entretienen o divierten en mis clases (también es que quizá tengo la suerte de impartir una asignatura con mucho campo en ese sentido, que también de eso hay que hablar).

    Pero para mí es muy importante que mis alumnos sepan que deben esforzarse. Es importante que sepan que la memoria es indispensable en el aprendizaje, no tanto como la motivación, pero desde luego tiene su lugar y su importancia. A mí, personalmente, me da la sensación de que en la inmensa mayoría de los desarrollos, innovaciones y actuaciones pedagógicas se suele dejar bastante de lado a la educación secundaria. Cuesta bastante encontrar ponentes, innovadores y técnicas que no se refieran a la educación primaria, dado el hecho de que la mayoría de los alumnos que existen en nuestro país son de primaria. Pero la educación es más que eso. Por lo menos para mí. Como docente, me parece absurdo la idea de las mismas técnicas que se desarrollan para niños de 10 años pretendan ser útiles para niños de 15, habida cuenta de la inmensa diferencia que existe entre los alumnos de estas edades y de los contenidos y los objetivos que se desarrollan para ambas etapas.

    Continúo en el siguiente comentario.

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  10. En cualquier caso, mi idea, humilde, es que todos los que hoy en día somos profesionales hemos aprendido en la escuela y el instituto. Y, cierto es, una gran parte de lo que hemos aprendido se nos ha olvidado por falta de uso. Personalmente, y no sé si eso será la generalidad, yo aprendí algo muy valioso en la escuela primaria y, sobre todo, en la secundaria: aprendía a esforzarme, aprendí que las cosas no se regalan en la vida, que los éxitos dependen del talento y de la perseverancia, y que cuanto menos tengas de uno más necesitarás del otro, esta es la realidad. La realidad no es que en la vida solo debe aprenderse disfrutando. Eso es una idea preciosa, y ojalá fuera así. Pero no lo es. Los contenidos pueden y deben presentarse de la forma más entretenida y atractiva posible, y está claro que el aprendizaje divertido es mucho más fructífero, y así debe entenderlo y practicarlo el docente (y así lo hago). Pero no se puede hacer así todo el tiempo, ni con todos los grupos, ni con todos los alumnos, ni a todas las edades. Quizá sea posible con un grupo de 19 alumnos de 5º de primaria. No lo sé. Lo que sé es que a mis alumnos no les hago ningún favor si les enseño que el aprendizaje se consigue sin ningún tipo de esfuerzo. Porque, y esto lo tengo bastante claro, la tendencia de cualquier estudiante (y de cualquier persona, en general) es esforzarse lo mínimo para conseguir los mayores resultados. Cuando esos alumnos vayan a unas oposiciones o a una entrevista de trabajo, o tengan que trabajar haciendo algo que no les gusta o no les divierte, no sabrán qué ha pasado y de qué ha servido todo lo que les contaron en la escuela. Sentirán que les mintieron, que no les contaron la verdad, que no los trataron con respeto.

    Porque para mí no hay mayor respeto a una persona que valorar su talento y su esfuerzo. Es terrible acostumbrarse a tener ayuda sin necesitarla. El tiempo, como siempre, dirá quién tenía la razón y quién estaba equivocado. Solo hago una última reflexión: ¿cuántas de las personas que siguen las teorías de César Bona (o de cualquier persona que tenga ofrezca las mismas) son madres, padres, inspectores, pedagogos, psicólogos y políticos, y cuántos son profesores y maestros, es decir, esos que, al final, son los que tienen que meterse en el aula con los alumnos, hacer el trabajo y constatar los éxitos y fracasos de primera mano? Pero claro, es que igual los que no pensamos como César Bona es que somos maestros del franquismo y vamos con la vara de avellano. Igual hay la misma cantidad de profesores y maestros de acuerdo con César Bona que de médicos en contra de las vacunas (y perdón por la comparación si alguien se siente atacado, pero me parece bastante acertada). Un saludo y disculpas por la perorata.

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  11. Todo lo contrario: muchas gracias por estas excelentes reflexiones. Un saludo.

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