jueves, 30 de mayo de 2013

Elogio de la equidistancia (IV). Reflexiones de un futbolero arrepentido



Que uno sea plenamente consciente de sus propias contradicciones le hace sentir, de alguna manera, sereno. Y, al mismo tiempo, le permite coincidir y discrepar con honestidad (o eso cree, al menos), independientemente de con quién se coincida o se discrepe, así como posicionarse sin la obligatoriedad de mantener una postura contra viento y marea y sin posibilidad de evolución, matización o modificación.

Reflexionaba sobre este asunto hace unos días, mientras buscaba en el teletexto el resultado de mi equipo, el Real Zaragoza (si es que podemos llamar equipo a un grupo de muchachos que se parecen, por ejemplo, a los del Barcelona, en que visten también de corto y pegan patadas a un balón -más generoso aún sería llamarles, como a estos, futbolistas-). Buscaba el resultado con cierta (vale, con bastante) ansiedad, dada la crítica situación del equipo (penúltimo en la clasificación y al borde del descenso) a la vez que experimentaba la convicción de que era preferible que el equipo bajara a segunda división (así, me decía a mí mismo, el constructor dueño del tinglado, que tiene al club lleno de deudas y bajo la espesa sombra de la corrupción, lo venderá y se marchará camino Soria, como cantaba Gabinete Caligari) y de que no era razonable tal sufrimiento (si se han endeudado tanto, pensaba, que quiebren y punto, no sea que al final haya que acudir al rescate por obligación como con los bancos. Y eso sí que no).

Confinado en estas hondas e intensísimas cavilaciones, pero también avergonzado por perder el tiempo con estos asuntos y reconociéndome pendiente de un vulgar resultado de fútbol, recordé, por simple conexión futbolística, un excelente artículo de Félix de Azúa que había leído no hacía mucho. Se titulaba “Sobre lo insoportable” y en el mismo encontré una nueva muestra de equidistancia, tan ansiada por mí y sobre la que llevo tiempo escribiendo y pensando o, mejor dicho, pensando y escribiendo. Equidistancia, unas veces buscada y otras obligada por las circunstancias, que concede un cierto sosiego a quien, abrumado por la realidad, tiene la tentación de desviarse hacia lo pesimista o incluso hacia lo apocalíptico.

Hablaba Azúa sobre la izquierda lobotomizada y la derecha que solo vive para conservar los privilegios de los cientos de miles de parásitos que impiden cualquier acción eficaz de la Administración; sobre la dificultad de elegir entre Verstrynge y el alcalde de Marinaleda, que no es, decía, tarea fácil ni siquiera para la prensa deportiva; y sobre lo significativo del regalo que Mariano Rajoy entregó al Papa Francisco: una camiseta de “la roja” (he aquí la conexión futbolística que me hizo rememorar el texto) que el Papa, según Azúa, habría mirado con perplejidad, como si fuera un ornitorrinco. El regalo del Presidente es un claro ejemplo de lo que entiende como relevante nuestro gallego mendaz (no en vano, es un ávido lector...del Marca). El fútbol como cortina de humo. El pan y circo romanos. El ornitorrinco de Azúa como metáfora de la actual gestión política.


Por un momento me sentí como purificado, una vez hube sustituido las meditaciones futboleras por las elucubraciones políticas. Pero poco duró. Enseguida me di cuenta de que las segundas eran tan cutres o más que las primeras y que, en realidad, quizás valiera más la pena seguir mirando el teletexto. Otra lección de equidistancia: fútbol y política. Tan lejos y tan cerca, que diría Wenders.



miércoles, 29 de mayo de 2013

Un caracol en las acelgas



Así como a Maritrini se le cayó una estrella en el jardín, a Mediterránea de Catering se le ha caído un caracol en el plato de acelgas de una paciente del Complejo Hospitalario de Navarra. Como les cuento. Para que no se diga que Mediterránea de Catering, la empresa que, sin ánimo de hacer negocio sino de colaborar en el mantenimiento de los servicios públicos por pura conciencia social, se encarga desde hace un tiempo de las cocinas de la sanidad pública navarra (ya saben, que era deficitaria y tal y cual), para que no se diga, comentaba, que la empresa no hace lo posible por hacer más entretenida la estancia a quienes deben permanecer en el hospital, ahora se dedica a colocar moluscos (¿o era un crustáceo?) en los platos de verdura de los pacientes pacientes. 

Mediterránea de catering sigue batiendo récords. Seguro que no es habitual que Cáritas rechace comida sobrante para su acción sociocaritativa; pues la de Mediterránea de Catering, la ha rechazado. Seguro que no es habitual el hallazgo de restos fecales en la comida de un hospital público; pues con Mediterránea de Catering, sí es posible. Seguro que no es habitual que una empresa de alimentación suscite más de 1500 reclamaciones entre el 21 de enero (fecha de su estreno) y el 12 de mayo; Mediterránea de Catering lo ha conseguido.


“El paciente es nuestra máxima prioridad”, afirma Mariano Muñoz Orejón, fundador de la empresa, que tiene contrato con más de cincuenta hospitales públicos cuyas cocinas han sido privatizadas (perdón, externalizadas). Creo que el Gobierno de Navarra ha decidido abrir a Mediterránea de Catering un expediente (si no me equivoco, es ya el tercero). Lo que parece que todavía no ha valorado es la posibilidad de llamar a Chicote. Todo llegará.





lunes, 27 de mayo de 2013

¿Hesto es la rebolucion?



Jorge comentaba el otro día en su blog cómo, en el claustro de un instituto, alumnos invitados por algún profesor moderno y revolussionario, pedían el apoyo de los docentes a la huelga del 9 de mayo. El líder estudiantil que, según se comenta, no era lo que se dice un alumno brillante, arengaba a sus compañeros de la comunidad educativa (a los profesores, digo) y les pedía su participación en un encierro en el centro desde las 8 de la tarde, al que seguiría un “piscolabis” entre profes y alumnos. Hasta la Directiva del instituto “invitaba” a los profesores a colaborar.

La noticia, a estas alturas, ya no sorprende. Pero sí entristece comprobar cómo son precisamente los alumnos que no han dado un palo al agua los que toman las riendas de esa supuesta revolución que pretende llevarnos hacia no sabemos dónde.  Todos hemos tenido algunos buenos alumnos (no muchos, desgraciadamente) y bastantes malos alumnos, por falta de capacidad unos pocos y por falta de esfuerzo la mayoría. No he conocido a ninguno del primer y selecto (con perdón) grupo que liderase huelgas de estudiantes, incluso que participase. Por mi experiencia, son precisamente los que no saben (porque no quieren) hacer la o con un canuto los que, camiseta del Che mediante, capitanean las movilizaciones estudiantiles.

“La lucha es el único camino para defender la enseñanza pública”, dicen. ¿Se les habrá ocurrido intentar estudiar? Porque, como alegato, el suyo es bastante pobre. Me recuerda al entrenador de fútbol que apela a la testosterona (o sea, a los cojones) porque es consciente de que en su equipo no saben pasarse el balón sin sacarlo fuera del estadio o entregárselo al contrario. Huelga decir (nunca mejor dicho) que la cojonera no es suficiente y el equipo desciende a segunda división. En fin, es lo que hay.


 "Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios los discursos". 

(Oscar Wilde)

jueves, 23 de mayo de 2013

¿El profesorado que la escuela necesita?



El Consejo Escolar de Navarra ha organizado una Jornada para el día 25 de mayo en el IES Plaza de la Cruz de Pamplona, con el título “El profesorado que la escuela necesita”. Observando el cartel, comprobamos cómo se destaca tipográficamente la palabra “profesorado”, toda una contradicción una vez leemos la selección de ponentes.

Los catorce intervinientes previstos en la Jornada son: seis, cargos políticos digitales -dicho esto en un sentido estricto y sin ningún tono peyorativo- (José Iribas, Consejero de Educación; Francisco López Rupérez, Presidente del Consejo Escolar del Estado; Pedro González, Presidente del Consejo Escolar de Navarra; David Herreros, Director General de Educación, Formación profesional y Universidades; y María Isabel Beltrán, Jefa de la Sección de Formación y Calidad del Departamento de Educación); tres, del ámbito universitario público y privado (Jesús Manso, Profesor de Política y Teoría de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid; Miguel Rodríguez, Responsable del Grupo de Investigación en Didáctica de la Matemática de la Universidad Pública de Navarra; y Aurora Bernal, Profesora de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad Privada de Navarra); solamente tres del Cuerpo de Profesores de Secundaria, si bien ninguno es profesor de a pie pues todos ellos son directores (Juan Carlos Ciria, Director del CIP ETI de Tudela; Martina Garralda, Directora del IES Plaza de la Cruz; y Jesús María Ezponda, Director del Colegio Privado Miravalles-El Redín y Vocal del Consejo Escolar de Navarra): para terminar, dos representantes sindicales (Pedro Baile, de CONCAPA y Fernando Barainca, de FSIE SEPNA), ambos de la enseñanza privada-concertada.

Tratándose de una Jornada cuyo objetivo es analizar el tipo de profesorado que necesita la educación y celebrarse en un instituto público, resulta sorprendente (o no, que diría nuestro plasmático presidente del Gobierno) la total ausencia del punto de vista del Profesor de Secundaria. Eso sí, quien asista a la Jornada tendrá el privilegio de conocer qué opinan sobre nuestra labor (dar clase en Secundaria) teóricos de Universidad, tanto pública como privada, cargos políticos como el Consejero (abogado de profesión), directores de centros públicos y privados y delegados sindicales de la enseñanza privada-concertada.

El Consejo Escolar de Navarra (o Junta Superior de Educación) se autodefine como el “máximo órgano de participación de la comunidad educativa en la planificación de la enseñanza no universitaria de Navarra. En él están representados los principales sectores implicados en la educación”. En esta Jornada no parecen estar representados todos esos sectores. Falta el principal. Y esto, tratándose de una institución pública, no es muy presentable. La organización de esta Jornada demuestra: una visión desfasada de la educación y, sobre todo, conscientemente alejada de la realidad; una desconsideración hacia los principales protagonistas del proceso de enseñanza (los profesores de instituto); la sospecha (sospecha en el sentido del aquí alguien ha matado a alguien de Gila) de que el Consejo Escolar de Navarra se siente más cómodo tratando con la educación privada que con la pública; y, sobre todo, la demostración de que las instituciones siguen cometiendo, una y otra vez, el mismo error: pretender descubrir la piedra filosofal educativa desde la distancia, la teoría y la elucubración, desestimando la irreemplazable visión de quien tiene la experiencia directa y puede aportar los más fiables elementos de análisis. ¿Recuerdan el lema del despotismo ilustrado, verdad? Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Pues sustituyan pueblo por profesorado. Otra vez será.

O no.

domingo, 19 de mayo de 2013

En la escuela, conocimientos y no creencias. ¡Penitengiacite!


Ya he defendido en varias ocasiones mi postura, que podría parecer poco agresiva visto el fervor logsiano ante la nueva ley educativa, una ley que no me gusta nada, casi más por lo que deja de reformar que por lo que reforma. Que el sistema educativo no funciona, es una evidencia. Que esta nueva ley no lo va a arreglar, es otra. Retirarla para quedarnos como estamos no sería, para mí, demasiado consuelo.

La LOMCE, que podríamos definir como un totum revolutum, o como un quieroynopuedo, o incluso como un querríaperonomeatrevo, contiene alguna ideas potencialmente positivas como el adelantamiento de los itinerarios, la implantación de evaluaciones externas o el (demasiado tímido) arrinconamiento de conceptos como comprensividad constructivismo. Esto, ya de entrada, permite esquivar la actitud apocalíptica y mantener un halo de esperanza.

Pero entre lo que el PP ha dejado de hacer pese a que se comprometió en su programa electoral (o quizás precisamente porque se comprometió), lo más grave es el arrepentimiento, por imposición de la concertada (¡penitengiacite!) a la hora de de ampliar el Bachillerato a tres cursos. Agua de borrajas.

El mayor estropicio puede causarlo el Gobierno de Rajoy, con el sociólogo ministro a la cabeza, al otorgar al director un poder tan desproporcionado que ni el anillo único de Tolkien. Otros aspectos claramente negativos y reprochables son la inclusión en la ley de la segregación por sexos (contraria a las sentencias de varios tribunales), ya de forma oficial e incuestionable y el más controvertido e indisimuladamente ideológico: la defensa a ultranza de la Religión.

Vaya por delante mi condición de creyente, para que ningún fundamentalista me acuse de querer quemar iglesias. Puedo ser un creyente sui generis y poco (nada) dogmático, incluso un creyente indignado por las incoherencias de la Iglesia como institución, por sus incoherencias y por sus privilegios (patrimoniales, fiscales…), pero creyente al fin y al cabo, con mi fe, por encima de todo, en el ser humano y en quienes, desde dentro de la Iglesia o fuera de ella, aportan su granito de arena en la mejora de nuestra sociedad.  Y con mis dudas, claro, y mis vacilaciones porque, como Unamuno, quiero creer. La cuestión es que mis creencias no tiene por qué repercutir en mis conciudadanos. Por ello, y sin entrar en una razones todavía más objetivas (como el sistema de selección -es un decir- de los profesores), considero que la Religión no debe estar en la escuela (obviamente, me refiero a la escuela pública), y menos si su presencia resta espacio a materias cada vez más vapuleadas como la Filosofía o la Música y menos aún con la importancia que se le va a dar en la nueva ley, pues contará para la nota media y para la obtención de una beca. Básicamente podríamos resumir el asunto en el siguiente axioma: en la escuela, conocimientos sí; creencias, no.


NOTA A POSTERIORI: El proceso de implantación de la LOMCE ha dejado claro que más que la propia ley es su aplicación lo que puede dar la puntilla a nuestro sistema público: doctrina pura y dura (no solo religiosa, pues esta es la menos nociva) y mercadeo permanente, sumados a los despropósitos logsianos. El halo de esperanza del que hablaba al comienzo de este artículo queda, por lo tanto, disipado.

jueves, 16 de mayo de 2013

Esperanza, solo sabes bailar chachachá




La sin par Esperanza Aguirre, Presidenta del PP madrileño, ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid, Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, Funcionaria del Cuerpo de Técnicos de Información y Turismo, Asesora de Seeliger y Conde para la “búsqueda y desarrollo de talento directivo” y Grande de España, escribía recientemente en ABC sobre las movilizaciones contra la LOMCE. Titulaba el escrito “La educación y la izquierda”, así, globalmente, para que no haya duda de que ella, y solo ella, es capaz de conocer a la perfección lo que todos los ciudadanos de izquierdas opinan sobre la educación. Y ella, y solo ella, es capaz de resumirnos a todos la situación para enseñarnos a pensar, como es su obligación, tratándose de una mente taaan privilegiada.

Me sucede algo fastidioso con determinados personajes. Pudiendo estar de acuerdo con algunas de sus tesis (veremos luego con cuáles y por qué), es tal la grima que me produce el tono con que las endilgan (uno no sabe si le tratan de idiota, si le riñen por pretender pensar por sí mismo o si le intentan sermonear o incluso abducir) que termino por sentirme francamente incómodo con las coincidencias.

Esperanza, la abogada, técnica de información y turismo, cazatalentos directivos y Grande de España, habla sobre la LOMCE desde su púlpito moral. Afirma Esperanza, por ejemplo, que los convocantes de las manifestaciones contra la ley de educación (de las que yo no participo, no por estar de acuerdo con la futura ley sino por estar en desacuerdo también con la todavía vigente y porque la alternativa a la retirada de la LOMCE es continuar con la LOE), manifestaciones que son para Aguirre “inmovilistas y retrógadas”, han escogido “unos sencillos eslóganes para que los posibles participantes puedan corearlos con sus gritos”, a saber: “Contra los recortes” y “Contra la ley que el Gobierno está preparando”. Toma, claro. ¿Y qué coreaban los manifestantes contra el aborto, Esperanza incluida, cuando gobernaba el PSOE? “España unida por la vida”. “Vida sí, aborto no”. ¿Y los manifestantes contra la ley de matrimonio homosexual, apoyada por el PP (la manifestación, no la ley)? “La familia sí importa”. ¿Y los de la marcha por la unidad del Archivo de la Guerra Civil, que secundaron Zaplana, Acebes o la propia Esperanza? “Zapatero y Caldera, traidores a su tierra”. “Carod, cabronazo, baja tú a por los legajos”. Muy elaboradas tampoco es que fueran las consignas. Ni muy finas, desde luego (Esperanza, una chica distinguida como tú -permíteme que te tutee-…). En cualquier caso, un eslogan, por definición, debe ser breve. Y original, de acuerdo, pero en esto se quedan cortos tanto unos como otros. Sigamos.

“Hay que saber”, dice Esperanza,  que el único “recorte” que ha habido en Educación es pasar de dieciocho a veintiuna horas de clase las que tiene que dar a la semana un profesor de Secundaria”. Cuando Esperanza dice “hay que saber” está siendo muy precisa en su expresión: “hay que saber”. Hay que saberlo y punto. Esperanza dice además que el único “recorte” (entrecomilla la palabra, muy cuca, Esperanza) es que “se ha pasado de dieciocho a veintiuna horas de clase” y no hay más que hablar. No hay más que hablar y que nadie ose poner en cuestión lo que Esperanza dice. ¿Que no se cubren las bajas de los profesores? Chitón. ¿Qué a los profesores se nos hurta una mensualidad? Chitón. Solo existe lo que Esperanza dice que existe.

“Los que vociferan contra la ley que está preparando el Gobierno”, continúa Esperanza, “tienen que saber, antes de nada, que el Gobierno goza de una amplia mayoría absoluta, entre otras razones porque llevaba en su programa la elaboración de una ley que acabe con el calamitoso estado de la educación en España.” Pasando por alto la consideración de “vociferante” de quien discrepa, que ya de entrada es “todo un gesto de altura política” (y absurdo, porque es corriente que un manifestante, contra la LOMCE o contra lo que sea,  vocifere en un momento dado), alegar que su partido consiguió una mayoría absoluta por llevar algo, la reforma educativa en este caso, en su programa, resulta bastante cínico, primero, porque el PP llevaba en su programa educativo la ampliación del Bachillerato a tres cursos. Y miau (estuvo ágil la concertada -con la Iglesia hemos topado-). Segundo, porque también llevaba en su programa no subir impuestos (ya saben, “el sablazo que el mal gobernante le pega a sus compatriotas” -Rajoy dixit-). Y miau. Tercero, porque aseguró que el paro bajaría (ah, esa foto del Presidente en la oficina del INEM… -“No lo hagas si no conviene. No lo digas si no es verdad”, decía Marco Aurelio-). Y miau. Cuarto, porque no iban a recortar ni en sanidad ni en educación. Y marramamiau. Etcétera. Prosigamos.

Según Esperanza, “nadie en España tiene hoy la menor duda de que nuestro sistema educativo no funciona”. “Y que quede claro”, añade, “que, a pesar de haber estado el Partido Popular nueve años en el Gobierno, este diseño socialista de la Educación en España no ha cambiado en estos veintitrés años”. Comparto con la Sra Aguirre la valoración de nuestro sistema educativo. No comprendo, sin embargo, que, considerando (con acierto) que no funcionaba, su partido no haya tenido la valentía de abordar antes y sin complejos una reforma tan profunda como necesaria para terminar elaborando un anteproyecto que no deja satisfecho a nadie (lo cual tiene su mérito).

No rebatiré la observación de que estamos “en un marco educativo basado, no en la igualdad de oportunidades, sino en la igualdad de resultados” y que eso “sólo se puede conseguir rebajando hasta extremos inimaginables el nivel académico de lo que se enseña”, ni tengo nada que objetar a la denuncia de Aguirre del “falso igualitarismo” que lleva “a que los alumnos no se esfuercen, a que los profesores se desmoralicen y a que los resultados académicos sean cada vez más pobres”. Sí matizaría que el problema fundamental no es que los resultados sean cada vez más pobres, sino que los alumnos saben cada vez menos. La aclaración no es baladí, pues la finalidad de esta reforma parece más el maquillaje estadístico que la verdadera mejora de la enseñanza (no en vano, el primer objetivo es “reducir la tasa de abandono educativo temprano y mejorar la tasa de población que alcanza ESO” y solamente el tercero habla de “mejorar el nivel de conocimientos”, pero es que incluso este se refiere en exclusiva a las “materias prioritarias”, ocasionando una penosa marginación de otras materias tan importantes como las que este Gobierno estima “prioritarias”.

Esperanza, empeñada en vendernos su pócima milagrosa, acude para su diagnóstico al Informe PISA y a “los resultados recientes de los exámenes para profesores en la Comunidad de Madrid”. Se equivoca en lo segundo, pues los exámenes a los que se refiere y que han sido objeto de encendidos debates y de lo que ya hemos hablado aquí, no eran para profesores sino para maestros y sus causas convendría buscarlas antes en las Facultades de Pedagogía que en el sistema educativo. O si no, en ambos.

Pero donde Esperanza riza el rizo es en el establecimiento de una relación causa-efecto entre el sistema educativo y el paro juvenil. Ahora entiendo la matraca de la “empleabilidad”. Le diría a Esperanza que “hay que saber” que la crisis económica es la principal causa del paro, juvenil o senior, da igual, y que todos sabemos por qué hemos llegado a esta situación y por culpa de quién (o de quiénes). Aceptando que el sistema educativo no funciona con eficacia, porque no funciona, hay que decir que es precisamente su partido, y en concreto su Ministra de Empleo (es un decir lo del empleo -desde que Zapatero bajó la “talla mínima” ministerial, no hemos levantado cabeza-) quien tiene la responsabilidad y la obligación de crear políticas activas de empleo eficaces que permitan a nuestros jóvenes afrontar el futuro con un mínimo de optimismo en lugar de tener que buscarse la vida en otro país.

Para Esperanza Aguirre, llevamos veintitrés años “con un marco educativo inadecuado, y eso quiere decir que hay ya muchos millones de españoles que lo han sufrido y que toda su vida van a cargar con el lastre de no haber aprendido lo que tenían que haber aprendido en sus muchos años de escolarización”. Hace falta atrevimiento para admitir que, habiendo gobernado nueve años el Partido Popular, hay “muchos millones de españoles que toda su vida van a cargar con el lastre de no haber aprendido lo que tenían que haber aprendido”. ¿Y cómo lo han permitido ustedes? (Paso de nuevo al usted, no sea que cojamos confianza) Ya imagino. Llevando a sus hijos a un centro privado y guay (“Los mejores colegios del mundo separan a chicos y chicos”-Aguirre dixit-).

Más cosas. Razona Aguirre que “ante este fracaso evidente y continuado cualquiera puede pensar que algo hay que cambiar. Pues no. Los militantes y dirigentes de los sindicatos y partidos de la izquierda española, aferrados a sus anticuados dogmas, siguen erre que erre en su defensa de políticas educativas que la práctica ha demostrado profundamente erróneas”.  Tampoco puedo poner pegas a este comentario. Es cierto que los más combativos contra la reforma (que, por cierto, serían, en rigor, los contrarreformistas) pretenden mantener un statu quo cuyos funestos resultados ya conocemos pero, Esperanza, no basta con cambiar algo para mejorar. Para que algo, y más un sistema educativo, mejore es imprescindible tener claro qué se quiere conseguir (¿reducir la tasa de fracaso escolar? ¿Incrementar el nivel de conocimientos? No es lo mismo), conocer bien la realidad educativa (creo que no ha ejercido usted la docencia, Esperanza) y entonces, solo entonces, proponer el sentido de las reformas. Aunque presuma del “exquisito cuidado que está teniendo” el Gobierno “para escuchar a todos los sectores involucrados en la enseñanza”, mucho me temo que entre esos sectores no se ha incluido a los profesores. Si se hubiera hecho, la LOMCE sería otra cosa. Lo que ha hecho su partido es una nueva ley (y van…) pero no una reforma del sistema. Como los otros, ha optado por elaborar un plan a la medida de su ideología, con algunos aspectos, es verdad, que podrían suponer un tímido avance si se hicieran bien (que está por ver -me refiero al adelantamiento de itinerarios, a las evaluaciones externas o al fomento de la Formación Profesional, pero también a la leve variación terminológica que se afea en la parte “economicista” pero se oxigena al sortear conceptos como “comprensividad”-). La realidad, por mucho que ustedes nos intenten convencer del amplio consenso con que han confeccionado la LOMCE (se han limitado a recibir sugerencias por correo electrónico y poco más) es que, como en anteriores ocasiones (en todas ellas) el Gobierno ha sacado “su ley” sin haber promovido un amplio y profundo debate sobre educación como habría sido deseable y sin haber siquiera intentado alcanzar un pacto de estado en un asunto de vital importancia para nuestra sociedad.

Tiene usted razón, Esperanza, en que “los dogmas igualitaristas han acabado por ser el mayor enemigo de la igualdad de oportunidades y de la posibilidad de promoción social que siempre debe ofrecer un sistema educativo” y en que “un sistema que no es exigente con los alumnos impide que los que provienen de las familias más desfavorecidas económicamente puedan acceder a las oportunidades que siempre tendrán los de familias más pudientes”. No solo tiene razón sino que hasta me haría una camiseta con semejante alegato. Pero esta reflexión no resulta muy creíble cuando proviene de una persona con la trayectoria de privatizaciones y patrocinio de la educación privada (la subvención pública en la Comunidad de Madrid se incrementó entre el curso 2004-2005 y el 2009-2010 en un 29,8%) que tiene usted.

“Education, education, education!”, dice Esperanza acordándose de Tony Blair, a quien admira tanto como a Margaret Thatcher. Yo le respondo: Chá, chá, chá, porque, como decía Machín, “Esperanza, solo sabes bailar chá, chá, chá”.


lunes, 13 de mayo de 2013

Así estoy yo…



El humorista Eugenio contaba aquel chiste en el que un excursionista cae por un barranco y queda colgado de unas ramas. Angustiado ante la situación, grita: ¡¡¿¿Hay alguien ahí??!! Después de repetir varias veces la pregunta, cada vez con mayor desesperación, una voz grave, poderosa, solemne, le responde: “Sí, hijo mío. Estoy Yo. Suelta las ramas y déjate caer. Enviaré cien ángeles dirigidos por el Arcángel Gabriel que, batiendo sus alas, te recogerán, remontarán el vuelo y te dejarán en lo alto del precipicio sano y salvo". El hombre respondía: "Muchas gracias, pero, ¿hay alguien más?".

Cuántas veces me viene a la memoria este chiste cuando pienso en el PP y el PSOE. En la LOGSE, la LOE y la LOMCE. ¿Qué opción tenemos quienes no queremos ni las unas ni la otra, quienes no confiamos ni en el uno ni en el otro? ¿Qué futuro le espera a nuestro sistema educativo? ¿Hay alguien más ahí? Así estoy yo, que diría Sabina, “extraño como un pato en el Manzanares, torpe como un suicida sin vocación, absurdo como un belga por soleares, vacío como una isla sin Robinson”. Entre el fuego cruzado, entre logsianos y lomcianos, entre progres y neoliberales, entre el emprendimiento y la educación emocional, entre el economicismo y la comprensividad, entre la empleabilidad y el constructivismo…



viernes, 10 de mayo de 2013

LOMCE. Tigres, leones. Todos quieren ser los campeones.



No seré yo quien defienda conceptos como empleabilidad (una muestra de que la derecha, cuando se pone, no tiene nada que envidiar a la izquierda a la hora de inventar vocablos  ridículos) en relación con un tema tan importante como es la enseñanza. El palabro, que ya de entrada es horrible, revela una visión tan marcadamente economicista de la educación que tira por tierra los intentos de la derecha mediática de reservar la acusación de sectarismo para la izquierda. Unos y otros adoctrinan. Unos y otros prefieren satisfacer a sus respectivas clientelas (que, al fin y al cabo, son los que les votan) antes que reformar nuestro sistema educativo para mejorarlo con eficacia. Víctimas de sus propios clichés, izquierda y derecha legislan mirando de reojo las reacciones del público, sin valentía, sin compromiso. Y, por supuesto, sin el más elemental sentido común.

Ayer, zapeando, me topé con una tertulia sobre la huelga y la LOMCE en la que personas que probablemente no habían leído el anteproyecto opinaban, como buenos tertulianos, sin saber muy bien de lo que hablaban. Entre los intervinientes, para dar un cierto marchamo de pluralismo a la discusión (que no colaba, por cierto), un socialista y un popular. Ambos coincidían en el cómo es posible que cada gobierno saque adelante una nueva ley sin consenso pero discrepaban en la causa de esa falta de acuerdo. No se lo imaginarán: el primero decía que el PP no quiso negociar con el anterior ministro socialista porque prefería esperar a tener la mayoría absoluta y el segundo que el PSOE no quiso moverse de su postura para lograr un pacto y que aprobó la LOE sin contar con el PP. Y aún se sorprendían de que no fuera posible que los dos “grandes” partidos se pusieran de acuerdo.


Si el primer problema de las leyes educativas es que no somos los profesores los primeros en ser consultados, el segundo es, sin duda, la ínfima altura política de nuestros dirigentes, incapaces, por falta de voluntad, de firmar un pacto de estado por la educación en el que la ideología de cada uno no tuviera cabida y en el que ambas partes cedieran hasta encontrar el punto medio. Su poca voluntad de acuerdo no deja de ser reflejo de la situación que se da en una sociedad cada vez más hooliganizada, como en el ámbito de la enseñanza (es decir, entre los propios profesores) o, por supuesto, en el mundo sindical (que es algo así como la política en edición de bolsillo): uno debe abrazar la LOGSE/LOE o se le tacha de pro-PP, tardofranquista y nostálgico de la memorización de la lista de los reyes godos. Por el contrario, si pone pegas a la LOMCE pasa a ser un defensor de los escraches, del asalto a supermercados y de la ocupación de pisos deshabitados. No hay mesura cuando se trata de (des) calificar al otro.
  
Un ejemplo de esta falta de moderación y criterio es la superficialidad con la que se toma postura a favor o en contra de la LOMCE. ¿Cuántos de los que la critican (o defienden) la han leído? No es serio condenar (o apoyar) un texto que se desconoce. No es serio criticar o defender nada que se desconoce. Pongamos un ejemplo: La educación, dice la LOMCE en su preámbulo, es el motor que promueve la competitividad de la economía (...) Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global. Las huestes marinalenizadas acusan al PP de pretender mercantilizar la educación. No niego el hedor paleoliberal de determinados puntos del escrito, pero ninguno de los aguerridos enemigos de la LOMCE ha comentado nada sobre este otro párrafo del preámbulo: Los alumnos son el centro y la razón de ser de la educación. El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, criticas, con pensamiento propio. Todos los alumnos tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país. Quitando las dos últimas frases, más propias de Mary Poppins que de una ley educativa, creo que no es posible discrepar de la necesidad de que la escuela forme personas autónomas, críticas y con pensamiento propio.

Seamos sensatos. Ninguna ley es completamente positiva o completamente negativa (bueno, puede que alguna sí, pero no viene al caso). Sería bueno que todos intentásemos llevar a cabo la crítica después de haber analizado aquello sobre lo que queremos debatir y que admitiéramos al menos la posibilidad de estar equivocados. De otra forma, nos encontraremos con algo bastante penoso: quienes piensen como nosotros nos darán siempre la razón e invariablemente seguiremos discrepando de los que opinan diferente. Pero nunca, nunca podremos convencer ni ser convencidos.



jueves, 9 de mayo de 2013

Adiós, ciudadanos



Aunque la escena que más se cita de “Esta tierra es mía”, la película de Jean Renior, es el monólogo del gran Charles Laughton durante el juicio, en el que denuncia la hipocresía de los comerciantes que se enriquecen con la guerra y el mercado negro y llama a la resistencia activa contra la ocupación, mi  preferida es la escena final en la que  Albert Lory, el maestro, lee a sus alumnos varios artículos de la Declaración de los Derechos del Hombre antes de ser detenido por los alemanes.

Me temo que ya no daré más clases. No sé cuánto tiempo me queda aún. Como la lección de hoy será muy breve, he querido elegir un buen libro. Uno que me prestó el Profesor Sorel. No lo quemaron como los otros porque lo escondí en mi casa y así lo salvé del fuego. Todo lo que vais a oír ahora es algo que escribieron grandes hombres. Fue escrito en una noche de entusiasmo hace ya mucho tiempo: ciento cincuenta años. Eran hombres de diferente condición. Los había prósperos y muy pobres. Religiosos, comerciantes...Y no entraron en polémica. Se pusieron de acuerdo en aquella noche maravillosa. Otros hombres querrán destruir este libro. Es posible que acabe en el fuego pero no lo borrarán de la memoria. Vosotros lo recordaréis siempre. Y de ahí vuestra enorme importancia. Sois el nuevo país. Declaración de los Derechos del Hombre. Artículo primero: Todos los hombres nacen y permanecen libres con los mismos derechos (...).

Bien, he de irme. No por perjudicar a la sociedad que sois vosotros, sino porque perjudico a la tiranía (…). 

Adiós, ciudadanos.



martes, 7 de mayo de 2013

Discurso de Barak Obama en la Escuela Secundaria de Wakefield (Arlington) -extracto-




He dado muchos discursos sobre educación. Y he hablado sobre responsabilidad. He hablado sobre la responsabilidad de vuestros profesores de inspiraros y haceros estudiar. He hablado sobre la responsabilidad de vuestros padres de asegurarse de que permanezcáis encarrilados, que hagáis vuestros deberes y no paséis cada hora que estáis despiertos frente a la televisión o con la Xbox. He hablado mucho de la responsabilidad de vuestro gobierno de implantar niveles altos, apoyando a los profesores y a los directores, y mejorar las escuelas que no están funcionando, donde los estudiantes no obtienen las oportunidades que merecen.

Pero en última instancia podemos tener los profesores más entregados, los padres que más nos apoyen, y las mejores escuelas del mundo –y nada importará a menos que todos vosotros cumpláis con todas vuestras responsabilidades. A menos que asistáis a esas escuelas; pongáis atención a esos profesores; escuchéis a vuestros padres, abuelos y otros adultos; y trabajéis todo lo duro que hace falta para triunfar.

Quizás no tenéis adultos en vuestra vida que os den el apoyo que necesitáis. Quizás alguien en vuestra familia ha perdido su trabajo, y no hay suficiente dinero. Quizás vivís en un vecindario donde no os sentís seguros, o tenéis amigos que os presionan para hacer cosas que sabéis que no están bien. Pero al final, las circunstancias de vuestra vida- vuestra apariencia, vuestra procedencia, el dinero que tengáis, lo que pasa en vuestra casa –no son una excusa para descuidar vuestros deberes escolares o tener una mala actitud. No es excusa para ser groseros con vuestro profesor, hacer novillos, o abandonar la escuela. No es excusa para no intentarlo.


viernes, 3 de mayo de 2013

De tintas verdes y contrarreformas (III). Clasismo y "reválidas".




Insiste la izquierda anti-ilustrada en que la escuela no puede convertirse en una carrera de obstáculos. Sobre este asunto escribí hace poco en este mismo blog pero me gustaría añadir algo más dejando claro, si es que todavía no lo está, que no estoy a favor de la LOMCE, pero tampoco quiero callar ante la pretensión de algunos de sus más ruidosos detractores de mantener el statu quo educativo que tan nefastos resultados nos ha proporcionado.

Dice Izquierda Unida de Navarra que la nueva ley apostará por una enseñanza basada en la presión del examen convirtiendo la educación en una constante superación de pruebas donde las condiciones socioeconómicas y familiares van a ser determinantes del éxito escolar. Las tres reválidas previstas, denuncian, sólo persiguen seleccionar cuanto antes al alumnado para enmascarar el abandono y el fracaso escolar.

La presión de un examen solo puede evitarse suprimiendo ese examen, pero ¿de qué manera entonces puede comprobar el docente el grado de asimilación de los contenidos por parte de un alumno? Un examen no deja de ser un ensayo de las pruebas que cada alumno, cada joven, cada futuro ciudadano deberá tratar de superar después en su día a día. Nunca he entendido esa animadversión a las pruebas escritas. Un examen, bien enfocado, bien planteado, bien digerido su resultado y bien analizadas las causas de este último, es, no solo una eficaz herramienta sino que puede (debe) ser una motivación, un reto para el discente, como lo es una competición deportiva en la quien pierde felicita al ganador y se compromete consigo mismo a ser mejor en una próxima ocasión y quien gana disfruta de lo conseguido gracias a su esfuerzo y dedicación. Por otro lado, los propios alumnos tienen claro (más claro, parece, que algunos adultos) que deben pasar por un examen para refrendar su aprendizaje (“Profesor, ¿esto entra para el examen?”, “Dinos alguna pregunta”, “¿Vas a hacer recuperación?”). ¿Acaso no existe la competitividad después y fuera de la escuela? ¿Qué se van a encontrar nuestros alumnos una vez finalice su escolarización? No creo que, dadas las circunstancias, nadie espere un camino de rosas. ¿Qué es un concierto sino la oportunidad de que el músico demuestre su talento? ¿Qué es una exposición sino el momento en que un pintor expone su arte? ¿Qué es una final sino la ocasión para que un deportista se supere? ¿Cómo afrontarán nuestros alumnos los escollos que tengan que superar en el futuro si les evitamos que se enfrenten siquiera a las pruebas académicas, sin duda mucho menos crudas y de consecuencias mucho menos trascendentes?

Según Izquierda Unida de Navarra, las tres reválidas (término que, por cierto, no aparece en el texto en ningún momento) sólo persiguen seleccionar cuanto antes al alumnado para enmascarar el abandono y el fracaso escolar. Se enmascara el abandono y el fracaso escolar cuando se rebajan los niveles hasta conseguir que nadie destaque, ni por arriba ni por abajo (algo que se viene haciendo desde la implantación de la LOGSE). Nada más contrario al mérito y al esfuerzo (y contrario, por lo tanto, a la esencia de lo que debe ser la educación) que rechazar unas pruebas que precisamente , si se llevan a cabo de forma razonable, lo cual está por ver -pero esto ni lo sé yo ni lo sabe IU- evitarán el maquillaje de la realidad y supondrán un acicate para que nuestros alumnos entiendan que, sin esfuerzo, ningún aprendizaje es posible, y que en la vida hay que hacer frente a las dificultades. En cuanto a las condiciones socioeconómicas y familiares determinantes del éxito escolar, es justamente al contrario. La igualdad, como dogma de fe,  como punto de partida y no de llegada, es, paradójicamente, la mayor enemiga de sí misma. Esta igualdad, que únicamente es real a nivel jurídico (e incluso podríamos discutir si no lo es solo a nivel teórico), no puede anteponerse al principio fundamental e inexcusable de la enseñanza pública: el amparo del derecho a la promoción social de todos (todos y todas) los alumnos, siempre que quieran y pongan el empeño adecuado y sin tener en cuenta su origen social, económico o familiar, para lo que la selección (y cuanto antes) es un filtro indispensable.

Lo igual solo se dice de lo distinto
(Platón)

Indestructible enseñanza. Gabriel Albiac

La enseñanza en España no puede ser destruida. Lo fue hace mucho. Es la continuidad mayor del último medio siglo. Y el síntoma menos equívoco del suicidio colectivo. La sentencia de muerte la apuntó una ley del último franquismo: la de Villar Palasí. Hasta entonces, la dictadura había preservado una enseñanza media robusta en su arcaísmo. Un doctrinarismo repugnante, no había ahogado, sin embargo, la dureza de las disciplinas básicas: lengua y matemáticas eran intangibles. Y el aprendizaje de la lectura se producía —al revés que ahora— muy temprano y configuraba hábito. Si el placer de leer pudo salvarnos a algunos de la asfixia moral de esos años, a esa primacía de la lectura lo debemos: juego de primera infancia, antes que disciplina.


Al duro bachillerato anterior, se opuso una enseñanza complaciente: esto es, una no enseñanza. El prestigioso cuerpo de catedráticos de instituto fue desmigajado. Y el noble oficio de maestro —lo sé bien, de una familia de maestros vengo—, léxicamente corrompido en esa necedad de «profesores de EGB»: algo así como ascender un santo a monaguillo. Se iniciaba la dictadura más funesta: la de los pedagogos. Esas curiosas gentes que, en lugar de enseñar, enseñan cómo se enseña; que, en lugar de saber, deciden cómo debe saber quien sabe. Que infantilizan. Siempre.

Pero el golpe final, aquel cuyas consecuencias pagan nuestros hijos, lo dio la LOGSE socialista. Lo loco fue que se dijera «progresista». Desde que, en 1789, Condorcet formulara cómo la revolución sólo puede consumarse allá donde un estricto sistema selectivo haga de la enseñanza trampolín para la «aristocracia de la inteligencia», única «aristocracia republicana» que enterrará los viejos privilegios estamentales, la dureza en la transmisión y control de los saberes había sido considerada como partera de la democracia. A partir de la más funesta ley de los años González, el saber era tildado de fuerza reaccionaria. Se trataba de que las criaturas lo pasaran bien. Esto es: siguieran siendo criaturas para el resto de sus vidas. Al servicio de eso, se masacró el rigor en la selección del profesorado: un opositor a cátedra de instituto podía obtener la calificación máxima en los ejercicios; no importaba, todos los interinos le pasarían por delante, porque así lo habían decidido los sindicatos, y él se quedaría con su arrogante saber a cuestas y en la calle; tantos de mis alumnos recién licenciados pasaron por esa traumática experiencia…

¿Al final? Al final, llegó esto. En los últimos dos decenios los alumnos acceden a la Facultad tras dos años de bachillerato, después de un parvulario indefinido. No saben leer: les es imposible tomar un libro en la primera página y cerrarlo en la última. Desconocen las lenguas clásicas. Sumar y restar sin calculadora no siempre les resulta fácil. Hablan jergas comanches aprendidas en el ruido sordo de los televisores. No importa que tengan talento. Porque algunos lo tienen. Pero no importa. Las cartas están trucadas. Y todos los esfuerzos de una vida no colmarán el vacío de lo que tiene tiempos precisos para un buen aprendizaje.

No, no puede ser destruida la enseñanza en España. Los sindicatos lo saben. Ellos la destruyeron. Hace mucho.


Septiembre de 2011. ABC

jueves, 2 de mayo de 2013

Con el carrito del helao. Las dietas de Caja Navarra (VIII). Y yo con mis dietas como un gilipollas, madre.



Pensando en el alcalde de Pamplona Enrique Maya y en su devolución de las dietas, dietas que también han ido devolviendo unos cuantos más (no todos) de nuestros insignes políticos forales (Sanz, Barcina, Iribas…), reflexionaba yo sobre si esta devolución podría considerarse una suerte de atenuante o llegaba demasiado tarde, pues parece evidente que de no haberse conocido el pastel nadie habría devuelto nada y que lo honesto no es tanto devolverlo como no haberlo cogido. Y en estas estaba, dándole vueltas a lo tarde que llegaba el gesto que, sin comerlo ni beberlo, me acordé de la canción de Krahe en la que el protagonista parecía predestinado a no estar ni en el momento justo ni en el lugar adecuado sino todo lo contrario e imaginé a nuestro alcalde diciendo aquello de “y yo con mis dietas como un gilipollas, madre, y yo con mis dietas como un gilipo-o-o-llas…”.

Con el carrito del helao. Las dietas de Caja Navarra (VII). Navarra siempre p´alante.



Cante Navarra sin miedo, cante Navarra y más cante. Si se hunde el mundo que se hunda. Navarra, siempre p´adelante, dice la jota.

Diario de Navarra denunciaba recientemente que la única concejal de Izquierda-Ezkerra en Pamplona, Edurne Eguino, había cobrado dietas por unas reuniones de grupo en las que se citaba con ella misma. La edil de Batzarre presentó un recibo de cobro correspondiente al periodo entre el 11 de junio y el 31 de octubre de 2011. Cuatro meses y medio en los que tenía que justificar 67 reuniones para llegar al tope. Y lo consiguió.

La concejal y diputada de Geroa Bai Uxue Barkos, siempre según Diario de Navarra, inventó durante 2012 decenas de reuniones de grupo en Pamplona para poder percibir los casi 19.000 euros en dietas que marca el reglamento. De hecho, Barkos aseguró en sus dos recibos del año que asistió a 17 plenos, 39 comisiones y 162 reuniones de grupo. En total, Barkos ratificó con su firma que celebró 218 reuniones en días distintos cada una, puesto que sólo es posible percibir una dieta por jornada.

Otra concejal, esta vez del PSN, Pilar Ferrero, pasó a cobrar por segunda vez 6 reuniones de Comiruña y Mancomunidad de la Comarca por las que ya había recibido 2.012 euros. Además, añadió en su recibo de cobro del primer semestre de 2012 reuniones sobre las que no puede recibir remuneraciones: consejos escolares, Asimec, etc. En total, 16 reuniones que no podían contabilizarse, tal y como informó el propio Ayuntamiento tras una junta extraordinaria de portavoces.

Por último (o por penúltimo), el concejal Iñaki Cabasés (Nafarroa Bai) pasó un recibo con 131 reuniones durante el primer semestre de 2012: 10 plenos, 25 comisiones, 11 juntas de portavoces y 85 reuniones de grupo. Curiosamente, durante esos días sólo hubo 120 días hábiles. De los 131 días entre el 1 de enero y el 30 de junio, 56 fueron sábado y domingo y otros 6 fueron festivos. Suponiendo que Cabasés hubiera acudido todos los días a reunirse al consistorio sin tomarse ningún puente ni días en Semana Santa, habría dispuesto solamente de 120 jornadas.

Cante Navarra sin miedo, cante Navarra y más cante. Cante el que estamos dando con estas informaciones. Si son ciertas, mal; si no lo son, peor. Menuda manera de exportar “la marca Navarra”.


PD_: Diario de Navarra (Agencias) / 3 de mayo de 2013:

Todos los grupos niegan cobros irregulares de sus concejales de las dietas del Ayuntamiento.

CALIFICAN LAS INFORMACIONES DE "FALSAS" Y CREADAS PARA DESVIAR EL ASUNTO DE LA CAN.