El "Nota" como paradigma estudiantil


Hay cosas que tienen gracia en el cine pero poca en la vida real. Por ejemplo, si hay un personaje que engancha como pocos, al menos bajo el punto de vista de mis gustos cinematográficos, es el “Nota”, protagonista de aquella comedia excéntrica y alocada titulada “El gran Lebowsky” que dirigieran los Hermanos Coen. El “Nota” es un tipo que, distante del gran sueño americano, refleja a la perfección el modelo pasota, abandonado y conscientemente poco preparado cuyo único objetivo en la vida es el de subsistir.

En los últimos tiempos estamos asistiendo a la intensificación de la ya tradicional campaña de desprestigio de conceptos como “esfuerzo”, “conocimiento” o “mérito” con los que se pretende contrarrestar la filosofía demoscópico-econonomicista del PP, sin tener en cuenta que unos y otros, los fanáticos de la prima de riesgo y los talibanes de la mediocracia, se acomodan en sus posturas axiomáticas sin ningún interés por encontrar el término medio. Parece ser que una “mayoría social” rechaza la ley Wert y reclama el mantenimiento del statu quo. Pero pocos plantean alternativas a una ley, la inminente, que no solucionará casi nada, y a otra, la vigente, que ha estropeado casi todo.

Lo triste de todo esto es que, no compartiendo en absoluto la política educativa del PP, resulta más que complicado asumir los argumentos de quienes la censuran en su conjunto sin reflexión previa. Basta comprobar cómo las contadísimas decisiones de este gobierno potencialmente positivas, como la revisión de la nota media necesaria para la obtención de una beca, no han sido merecedoras si quiera de un mínimo debate; al contrario, han originado un populista rasgamiento de vestiduras en defensa de “los pobres”.

Todas las ideas pueden, deben, ser discutidas. Es más: es indispensable que cualquier planteamiento pase el filtro del debate para desarrollarse y consensuarse con unas ciertas garantías. Pero esto, en España, no es posible, porque nadie está dispuesto a moverse de su sitio. Entre quienes opinan que un estudiante que no llegue al 6,5 de media debe abandonar la Universidad, caso del ministro Wert, y quienes defienden que basta un 5 para recibir una beca con todos los honores, hay un espacio intermedio que debería explorarse, sin perder nunca de vista que una beca debe otorgarse en función del mérito (según la RAE, “acción que hace al hombre digno de premio o de castigo”) y no del simple cumplimiento del deber de todo estudiante, que es estudiar. Además del mérito, la otra condición inexcusable, por puro sentido de la justicia social, es que el estudiante, además de merecer la beca, la necesite.

Tenemos en este país un serio problema: con algunas -audaces- excepciones, muchos de los que deberían defender ciertos postulados (lo que habitualmente denominamos “la izquierda”) lo hacen mediante la defensa de la ignorancia, la dejadez y la demagogia más boba. No hace mucho me llegaba un artículo de uno de los últimamente habituales tertulianos televisivos (definitivamente, debo dedicar a la figura del tertuliano una serie en este blog), que respondía a una pregunta hecha por sí mismo (no en vano es tertuliano): ¿Por qué hay entonces tanto fracaso escolar en España? Básicamente por dos razones; unos altos niveles de exigencia inexistentes en los demás países (en España no se puede seguir estudiando sin el título de ESO) y por la estafa del boom inmobiliario que empujó a muchos jóvenes a dejar de estudiar para ponerse a trabajar en la construcción.

Churras y merinas aparte, afirmar que el fracaso escolar se debe al “alto nivel de exigencia” es propio no ya de ignorantes, sino de bellacos.

En fin, si lo que queremos es que el modelo de nuestros jóvenes sea el del “Nota”, tarugo pero simpático, ya sabemos qué debemos hacer: seguir, unos, fabricando mano de obra y, otros, formando ciudadanos iletrados. Y al que no le guste, que diga, como el “Nota”, “¿de qué cojones estás hablando?” o “le importa que me fume un peta”?


Comentarios

  1. Brillante como pocas, El gran Lebosky es un ejecicio de maestría. Felicidades por la elección del hilo inspirador y por el resultado de tan brillante artículo. Por cierto, inolvidable la escena en la que regresan los tres (Jeff Bridges, John Goodman y Steve Buscemi), sorbiendo refrescos de cola en enormes vasos, en un silencio sepulcral, después de haber destrozado a golpes el coche equivocado. Puro Nota.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Manuel. Los Cohen son irregulares pero tienen mucho talento. El Gran Lebowsky es genial, aunque, si tengo que escoger, yo me quedo con Fargo.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario en la entrada