Oposiciones a maestro en Madrid o el tortuoso camino de la educación pública.



Leo en la prensa que el 87% de los aspirantes a ocupar una plaza de maestro en la Comunidad de Madrid no aprobó la primera prueba (la de "conocimientos generales") de las últimas oposiciones convocadas. Únicamente el 13% de los opositores fue capaz de superar un test conformado por preguntas pensadas para alumnos de doce años.

Los disparates que pueden encontrarse entre las respuestas (faltas de ortografía como “veverlo”, “adsequible”, “incapie”, “aprendizage” o “gerarquia”; definiciones como “escrúpulo: salida del sol” o “disertación: dividir una cosa en partes más pequeñas”; ubicaciones geográficas como “el Duero, Ebro y Guadalquivir pasan por Madrid” o “Albacete, Ciudad Real y Badajoz son provincias andaluzas”; clasificación de animales como el caracol como "crustáceo"…), los disparates, digo, son anecdóticos, pues todos podemos cometer un error de bulto en un momento determinado o tener un lapsus, más en una situación de tensión como es una oposición. Lo grave, y lo que debe hacernos reflexionar, es el porcentaje tan exiguo de maestros que aprobaron un examen que, objetivamente, planteaba tan pocas dificultades.

Las excusas sindicales, tras la divulgación de semejante cuadro, son rocambolescas. “No justificamos que un maestro tenga faltas de ortografía, pero hay conocimientos que no se adquieren en Secundaria y que el docente no vuelve a ver en la carrera de Magisterio por lo que puede olvidar, como cualquier titulado, el recorrido de un río”, afirmaban desde una organización sindical de cuyo nombre no quiero acordarme. Hombre, es cierto que se puede olvidar el recorrido de un río, pero también que un maestro de Primaria cuyo objetivo es entrar en la función pública debe conocer, porque está opositando y no viendo en el sofá de su casa el Pasapalabra, que “extasiar” no significa “agobiar a alguien”. “La prueba de conocimiento”, lamentaban desde otro sindicato cuyas siglas no vienen al caso (o sí vienen pero, por discreción, mejor no citarlas tampoco) “se fijó apenas cinco meses antes de las oposiciones y con un temario muy amplio”. Sin comentarios. “Imaginábamos”, añadían, “que iban a sacar esta información como arma arrojadiza”. Desde luego, el análisis de los resultados es un arma, pero de destrucción masiva. Ahora bien, lo inquietante de este asunto no es su difusión (faltaría más) sino el hecho de que desde determinados sectores se esté apostando por ocultar la porquería debajo de la alfombra, justificando lo injustificable, en lugar de hacer autocrítica y buscar soluciones para mejorar una situación que asusta.

Creo que la inevitable reflexión debe llevarnos a extraer conclusiones o, mejor dicho, a que nuestros políticos y muchos de los representantes sindicales lleguen a las mismas conclusiones a las que algunos hace ya tiempo que llegamos.

Primera: Un docente necesita, antes que herramientas pedagógicas, conocimientos, sin los cuales será imposible transmitir a sus alumnos los saberes que estos necesitan aprender. ¿Qué más da que pedagógicamente uno sea un figura de lo más creativo, motivador y amigable si no sabe que el caracol es un molusco y que Badajoz está en Extremadura? O lo que es lo mismo: el axioma según el cual lo importante no es “qué” enseñar sino “cómo enseñar” es una falacia. Si no tenemos "qué" enseñar, "cómo" lo hagamos no tendrá la menor importancia, a no ser que nos dé igual que nuestros alumnos escriban “gerarquia” en lugar de “jerarquía”.

Segunda: Todo aquel que ejerce la enseñanza debe tener una formación académica muy por encima del nivel que tiene que impartir en clase. Argumentar que para enseñar en Primaria basta un nivel de Primaria o para enseñar en Secundaria un nivel de Secundaria es atroz. Cuanto mayor sea la preparación académica e intelectual del profesor, más garantías habrá de que su trabajo resulte eficaz.

Tercera: No hay nada más perjudicial que el fomento de la mediocridad. Es este un virus que se propaga con extrema rapidez y, una vez lo ha hecho, no resulta nada sencillo detenerlo. El antídoto, en cualquier caso, no es otro que la exigencia llevada a todos los aspectos de nuestra colectividad, algo harto difícil si nos fijamos en la capacidad intelectual de quienes promocionan socialmente hoy día (son paradigmáticos los casos de los políticos y los ídolos de la televisión).

Cuarta: Rechazar el elitismo es la mejor manera de convertir nuestra sociedad en una sociedad vulgar, lleno de inútiles útiles para quienes manejan los hilos, a los que seguirán sin el menor espíritu crítico o, adocenados por la estupidez, dejarán hacer. El elitismo como objetivo es imprescindible si lo que queremos es progreso y no degradación. Mientras la casta política, en su continuo y perseverante ejercicio de la contradicción, habla de talento (la estadística y economicista LOMCE de nuestro inefable ministro Wert expone: “todos los alumnos tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país (…) El reto de una sociedad democrática es crear las condiciones para que todos los alumnos puedan adquirir y expresar sus talentos”), sus actuaciones imponen la dictadura de la mediocridad y la marginación del talento. Un elitismo bien entendido favorecería el ascenso de los mejores, en función, no de la clase social de la que procedieran sino de su mérito, de su talento, de su esfuerzo. Pero esto no es lo que interesa a la clase política, más preocupada en mantener sus privilegios y reducir al mínimo la capacidad de réplica que de mejorar efectivamente nuestra sociedad. Y mucho me temo que tampoco la sociedad se lo exige con la contundencia que debería.

Quinta: Siempre hay una excepción que confirma la regla y, en este caso, entre el habitual afán de los políticos por aborregar al ciudadano, nos encontramos con un remanso de sentido común: la Comunidad de Madrid, entendiendo algo tan fácil de entender como que el peso de los exámenes en una oposición no puede ser (como era hasta ahora) del 36,1%, por un 46,8% que contaba la antigüedad y un 16,1% "otros méritos", ha decidido que, a partir de la entrada en vigor de un inminente decreto, la nota del examen supondrá un 80% del total de la calificación final, la experiencia docente un 15% y  “otros méritos” el 5% restante . Pero como de los políticos uno no puede esperar dos ejemplos seguidos de sensatez, la Consejería de Educación madrileña ya ha caído en las redes del gran axioma psicopedagógico: “el principal fallo está en la formación de los docentes en las facultades”. ¿O se estará pensando en la Consejería en la escasa formación que se imparte en las facultades de pedagogía, en cuyo caso podríamos estar de acuerdo? No lo creo. Se referirá, como siempre, a la supuesta falta de formación pedagógica de los docentes. Sin embargo, quiero recordar que lo que los aspirantes a maestro no han sabido responder son preguntas de conocimientos generales, luego no han suspendido una prueba en la que se les exigiera la demostración de estrategia didáctica alguna. Por lo tanto, ¿no estará el problema en el despiste generalizado (despiste, en el mejor de los casos, quizás sea algo peor) de las altas instancias (políticas y educativas -en el sentido directivo: inspección, por ejemplo- a la que se suman los sindicatos tradicionales y los ideólogos, visionarios y demás especies de la neopedagogía) en relación con lo que es imprescindible que un docente sepa y aquello que no lo es?

Decía Miguel de Unamuno: “Sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe... Sólo la cultura da libertad... No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas; no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura".

Comentarios

  1. Permítaseme, por favor, este comentario para suscribir, punto a punto, coma a coma, todas y cada una de las ideas y expresiones contenidos en el artículo. Una vez manifestado el acuerdo total, la admiración va inmediatamente después. Enhorabuena.

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  3. No sé cómo he eliminado mi comentario anterior...bueno, decía que te agradezco la valoración y que ya ves cómo otros se están rasgando las vestiduras por la difusión de los resultados. Por lo visto, la transparencia debe ser selectiva...

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  4. Totalmente de acuerdo con el post. La escasa formación en contenidos básicos de la actual carrera de magisterio es patente, viene ya de hace muchos años y, desgraciadamente, es también ya una realidad en otras titulaciones.
    Resultará muy difícil revertir la situación cuando las universidades se las ven negras a la hora de cubrir su oferta de plazas.
    Lo que se puede cuestionar no es que se publiquen los resultados, sino la intención con la que se hace ahora (y el curso pasado, creo recordar)cuando es una situación que en buena medida viene motivada por nuestras ínclitas autoridades "educativas" que promueven reforma tras reforma siempre en perjuicio del rigor y el conocimiento. Que denuncien quienes son responsables (en buena parte)resulta curioso. Está claro que esperan sacar de ello alguna tajada...

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  5. Creo que con tales datos es incluso muy cuestionable que estos aspirantes a maestros ni tan siquiera tengan una buena formación psicopedagógica. Si no saben escribir, es muy dudoso que hayan estudiado con seriedad a Piaget, Vigotsky u otros similares. Simplemente no los han entendido, pues son demasiado complejos para alguien con tan escasa formación. Así que por no saber, ni de pedabobería.

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  6. Me ha gustado mucho el artículo. Estoy de acuerdo con él.

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  7. Gracias, Darío.

    Pues Francisco Javier, precisamente acaban de enviarme el famoso examen (o sea, la prueba del delito), miedo me da leerlo por si caigo en una depresión. En cualquier caso, se comprenda o no a Vigotsky o a Piaget, lo que no es de recibo es dárselas de moderno con referencias a estos señores y acusar a los demás de estar anclados en el pasado...

    Borja, lo cierto es que resulta inquietante cómo se ha ido degradando la situación, desde la Primaria hasta la Universidad. La Secundaria Obligatoria, es verdad, sufre especialmente el deterioro de la enseñanza, pero ni en Primaria se hacen las cosas bien ni en la Universidad mejora la situación. Al final, los errores se van manteniendo y acumulando hasta llegar a la nada. Lo de las “tajadas”, para otra ocasión.

    Un saludo

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  8. http://ep00.epimg.net/descargables/2013/03/20/b58cf0e98b213617c64a36b75d24f783.pdf

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  9. Después de leer el examen que tan amablemente nos ha proporcionado... comprendo aún menos cómo han podido aprobar tan pocas personas.

    Yo sí culparía, en parte, a las facultades de los resultados de este examen. Aunque las facultades no deberían ser centros donde se saturen a los estudiantes de conocimientos, como si fueran pavos cebados para Navidad; sí deben proporcionar las herramientas necesarias para hacer frente a los problemas que, ya como profesionales, se van a enfrentar; y un futuro profesor necesita tener la capacidad de memorizar y retener datos.

    También existe la duda de si no habrá sido la falta de estímulo de los opositoros -muchos aspirantes, pocas plazas y la convicción de que las pocas plazas ya están dadas- no será la causante de tan nefastos resultados.

    He conocido su blog gracias al de Antonio Muñoz Molina: hoy nos ha puesto un enlace directo a esta entrada.

    Saludos

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    1. BK BK, ha nombrado usted una de las palabras malditas: "memorizar"...

      Un saludo

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  10. Soy maestra, orgullosa maestra; y estoy totalmente de acuerdo con usted. Comparto cada palabra de esta entrada. Nos quieren "estúpidos y flemáticos" como diría el otro. Permítame compartir en Facebook.

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  11. Estimada Marta: Encantado de que comparta el artículo. En más de una ocasión me he sentido malinterpretado al tocar temas delicados como este. Mi crítica no está dirigida tanto a los maestros opositores como al sistema y al daño que ha hecho la psico/pseudo/pedagogía. Defiendo la enseñanza pública como el primero, pero entiendo que debo hacerlo con responsabilidad, criticando aquello que deba criticar y planteando soluciones. Y entre estas soluciones de ninguna manera se encuentra la necesidad de una "mayor formación didáctica del profesorado" sino, por ejemplo, la mayor exigencia en las oposiciones, la distinción entre lo que un docente debe hacer y lo que no es su cometido o la recuperación del prestigio del saber y los conocimientos. En defintiva: a la función pública deben entrar los mejores. Me alegra especialmente que sea usted maestra. Un saludo

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  12. Acepto que la falta de conocimientos en cultura general es intolerable para quien pretende ejercer el magisterio ¡faltaría más! pero es que la cultura general es al maestro lo que el valor al soldadito, se le supone. Y más cuando quienes consiguen cursar los estudios de magisterio son los primeros de la fila. Los números clausus son altísimos. Lo que realmente me parece intolerable es que mediante un artículo se haga mofa y escarnio de todo un cuerpo profesional y docente y que todavía haya profesores que -pretendidamente preocupados por la educación- aplaudan con las orejas, entonen el “pobre de mí” y se hagan eco de la noticia para reclamar menos didáctica. Tan sólo se me plantea una pregunta ¿en qué ayuda ésto a mejorar nuestro sistema educativo? En nada. Nothing, que exclamaría Aloe. Hace tan solo unos años que se hablaba de revestir la figura del maestro como autoridad pública y ahora de un plumazo le arrebatan la poca dignidad y prestigio que les queda. Lo grave y lo que debe hacernos reflexionar es lo que sugiere Borja, a quien leí en deseducativos, en su comentario. En que este artículo es inoportuno y oportunista porque no nos engañemos, en la España del Gran Hermano y Belén Esteban, del cotilleo, la envidia y la pandereta, lo que queda grabado a fuego en las conciencias es que los maestros son un atajo de inútiles que no se merecen lo que cobran y que tienen demasiadas vacaciones. ¿no es así Francisco Javier? Uno comete una falta de ortografía y automáticamente se incapacita para comprender a Piaget o cualquier otra cosa.Y ahora, con estos mimbres, nos ocuparemos de tejer un sistema excelente con un cuerpo de elite que va a dejar sin palabras a media Europa. Venga, va.
    Marta, si yo fuera maestra, estaría tremendamente indignada. Y no me hubiese resistido a sacar el bolígrafo rojo para indicar que un 86% y un 13% conforman el 100% de los aspirantes. A mí me falta un 1% que posiblemente esté comentando por algún blog.;) pero en algo tienes razón. Nos quieren “estúpidos y flemáticos” y para ello nada mejor que el “pan y circo” con el que nos mantienen entretenidos e ignorantes.

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  13. Perdón, todavía no me manejo bien con los comentarios y los he borrado.

    Decía, Elena, que si te parece “intolerable,” quizás es que tu nivel de tolerancia no es muy alto.

    Según mi punto de vista, no se trata solo de una “falta de conocimientos en cultura general”, sino de que el 86% de los opositores (86, 87, 85, es igual, sería tremendo que fuera solo el 50) no han superado un examen muy asequible. Esa es la realidad, la diga Agamenón o su porquero, sea oportuno denunciarlo o no, lo cual (me refiero a la “oportunidad” del artículo) puede ser, por supuesto, discutible, aunque yo creo que una opinión puede ser compartida en mayor o menor medida, pero nunca inoportuna.

    Para mí, que defiendo como el que más la educación pública, la noticia es deprimente y mi intención no ha sido “hacer mofa” ni “escarnio” de nadie (interpretas mal, te lo aseguro) sino denunciar un problema mucho más profundo que no achaco tanto a los maestros que no han sido capaces de superar el examen como al propio sistema.

    Te preguntas si esto “ayuda a mejorar el sistema educativo”. Pues creo que sí, pues entiendo que cuando se quiere que algo funcione se deber ser crítico para mejorarlo y no autocomplaciente. Ahora bien, si lo que pretendes es que me autocensure, siento decepcionarte. No tengo ningún complejo ni sobre mi formación ni sobre mi implicación como profesor, ni sobre mi sueldo ni sobre mis vacaciones. El que lo tenga y prefiera estar calladito, es su problema.

    Solo una cosa más: lo de “los primeros de la fila”, ¿lo has dicho en serio?

    Un saludo

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    1. Alberto, la tolerancia es como el dolor. Uno no sabe cuánto es capaz de soportar hasta que le toca. Y si bien, me he vuelvo algo más intolerante con los años, ya soy algo “talludita”, lo procuro compensar con grandes dosis de paciencia. Pero tienes razón, suelo entrar a debate como un elefante en una cacharrería. No es intolerancia, es poca habilidad con este medio, y por ello pido disculpas.
      Cuando he escrito sobre el artículo no me refería al suyo, que tiene perfecto derecho a dar su opinión aunque no la comparta, o no del todo, sino a la noticia de prensa. Ya ves que no he entrado en ninguno de los puntos que planteas.
      Desde mi punto de vista, cuando se detecta un problema, lo importante es trazar una estrategia para resolverlo. Y noticias de prensa como esta que desprestigia a los docentes no forma parte de la solución sino del problema. Una cosa es ser crítico y otra criticar.

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    2. Hola de nuevo, Elena. Si tu reproche estaba dirigido a quienes gobiernan (en este caso, en Madrid), te diré, primero, que me alegra saberlo y segundo que, como tú, creo que este asunto ha salido a la luz de forma interesada. De ninguna manera pienso que haya habido un afán de mejora de la enseñanza en la difusión de los resultados, pero esto no debe impedir que algunos nos deprimamos y nos rebelemos ante lo que es, en mi opinión, lo más grave de todo este asunto: este examen no entrañaba tantas dificultades para que el 87% no pudiera aprobarlo. La noticia, por más que sea malintencionada, demuestra algo que es muy preocupante y la solución no pasa por meter la cabeza bajo el ala.

      Un saludo

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  14. Amén a cada palabra y pensamiento de su entrada, profesor Royo. Y sí, mucho me temo que lo que falla es el sistema de enseñanza debido a la deplorable clase política. Creo que dejamos escapar una muy buena ocasión con el anterior ministro de Educación, el Sr. Gabilondo, al cual no le quedó otra alternativa que comulgar con ruedas de molino e irse a seguir impartiendo sus clases con el rabo entre las piernas. Pena que no se puedan elegir a los gobernantes por sus cualificaciones, sean del partido que sean.

    Solo añadir que como madre de dos alumnos de 2º y 3º de secundaria, estos hijos míos habrían aprobado con altas notas esta prueba. Han cursado todos sus estudios en la enseñanza pública y salvo pésimas excepciones (como en todas las profesiones) han tenido un excelentes y vocacionales maestros y profesores.

    Un placer haberle podido leer, gracias también como en el caso de Bk a Antonio Muñoz Molina y ser fiel seguidora de su blog.

    Un fuerte abrazo!

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    1. Es usted muy amable, Montse. Y un lujo que quienes, como usted, son fieles seguidores del blog de Antonio Muñoz Molina hayan buscado un momento para pasarse por este otro.

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  15. Soy licenciada en Periodismo además de titulada en Magisterio en Lengua Extranjera y dispongo de un título B2 de inglés. Me presenté a ese famoso examen del que estáis hablando y lo suspendí. Me gustaría explicar como ha sido el examen de la oposición hasta hace poco tiempo, el cual me preparé con ahínco.

    Lo primero: es todo en inglés. Obvio.

    El primer examen de esta oposición consta de 25 temas que hay que prepararse a conciencia. La segunda parte suele ser un tema a desarrollar con un enunciado libre (algo relacionado con la educación) y dónde al final te piden que desarrolles unas actividades que puedas hacer en el aula relacionadas con ese tema. Esta parte del examen se prepara estudiando mucho y leyendo miles de artículos y libros en inglés, sobre TIC, metodologías, necesidades educativas especiales, etc.

    Si pasas esta parte, llegas a la segunda fase. Para llegar a esta has tenido que preparar y estudiarte al dedillo quince unidades didácticas desde cero: el material, los videos, los textos, los murales, los ejercicios, los juegos... todo. Asimismo, hay que preparar una programación didáctica de 60 folios que entregas al tribunal.
    Tanto el diseño y preparación de las unidades como el de la programación llevan mucho trabajo para el opositor.

    Estuve un año preparando esta oposición que os describo. Con mucho esfuerzo e ilusión. En febrero la CM suspende la oposición. Esta solía realizarse a finales de junio. En marzo-abril la vuelven a convocar, pero sin fechas. Anuncian cambios pero sin concretar. Nos vuelven locos. El 26 de junio, si mal no recuerdo, sacan la convocatoria con tres mil cambios y sin fecha de examen. Hay un nuevo examen explicado con tal ambigüedad, al menos para los que nos lo preparamos para la especialidad en inglés, que no nos queda claro si...
    a) Hay que estudiarse el decreto 22/2007 que desarrolla el currículo de E. Primaria en lengua española
    b) Hay que estudiarse el a) en lengua inglesa.
    b) Hay que estudiarse el contenido del currículo, es decir, el temario de contenidos de la E.Primaria.
    c) Hay que estudiarse la opción b) en lengua inglesa (cosa imposible en su totalidad. No se puede estudiar lengua española en inglés, por ejemplo, por una cuestión básica de lógica)

    Llamamos a la Consejería de Educación varias veces cada semana, desde junio hasta noviembre que fue el examen. Cada vez que llamaba, la persona de turno me explicaba con convicción una opción distinta, porque ni ellos entendian su convocatoria.
    Al final, y ya que la convocatoria insiste en que nuestro examen es en inglés en su totalidad, nos preparamos contenidos de Science (Conocimiento del Medio en inglés) y el decreto, por si acaso, pero sin tener claro si lo estamos haciendo bien o no. Y mientras los 25 temas, y Piaget, y Krashen, y diseñar actividades, y Angela Powell, y las TIC, y los TOC, y David Crystal y revisar la programación que quede perfecta... y todo en inglés.

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  16. ...

    Y llego al examen... Y yo tengo dos carreras y suelo ganar al trivial y obtuve una nota media de casi sobresaliente en mis dos carreras y me considero una persona con cierta cultura. Pero en ese momento, después de tanto tiempo preparando la oposición en inglés sobre mil temas, puedo asegurarles que al menos yo no me acordaba, ni de lejos, de cómo se conjugaba el pretérito pluscuamperfecto -aunque sí sepa utilizarlo adecuadamente-, ni del recorrido por provincias del Duero, ni de cómo se realiza el mínimo común múltiplo para operar con fracciones. Y he estudiado todo eso en mi infancia, pero hace ya mucho, y ahora de sopetón, evidentemente, no soy capaz de hacer brillantemente un examen como este. Aún así, contesté a un 85% de las preguntas. Me quejé al final del examen al tribunal sobre la ambigüedad deliberada de una convocatoria de oposición que hace que yo me presentara a un examen sin saber el idioma y el contenido del mismo. Ellos mismos me reconocieron que yo tenía razón.

    Suspendí, pero nunca supe mi nota ni en que fallé. Mi escritura no es perfecta, pero suelo redactar bien y sin faltas escandalosas de ortografía.

    ¿Esto que explico es una excusa para no saberme el recorrido del Duero? No.
    Considero que después de habernos vueltos locos con el examen, sacar estos datos muestra una actitud torticera, hipócrita e injusta por parte de la CM.
    ¿Significa que por haber suspendido este examen soy una maestra analfabeta, inculta y con un cerebro del tamaño de un cacahuete? Pues tampoco lo considero así.
    Mi preparación académica y personal es muy grande, y sigo formándome cada dia en múltiples aspectos, así que considero que caer en tópicos comunes del tipo 'que ignorantes son los maestros' es, como señalaba alguien antes, un arma arrojadiza para que la gente sonría de lado cuando se anuncian recortes en educación, en sueldos o en vacaciones. Y piense: que se jodan. Si total, son unos analfabetos y no hacen nada.

    Pues eso, que les ofrezco mi versión para que vean que en esta vida, como cuando uno lee una noticia, es útil contrastar datos y buscar la información por otras fuentes. Y ustedes ya son libres de formar en su cabeza su propia conclusión del asunto, pero al menos yo he podido explicarles que las cosas no son blancas o negras, y que yo no soy (o no me considero) una maestra ignorante, a pesar de haber suspendido aquel examen.

    Que tengan una buena tarde,

    Irene

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  17. Gracias, Irene, por tu comentario. Aquí queda reflejada su opinión.

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  18. Bueno, pues ¡Por fin! encuentro una voz que "Clama en el desierto"... Estoy verdaderamente entusiasmada, porque la verdad es que desesperaba de que hubiera alguien razonable en este asunto... ¿Cómo no preocuparse por la calidad de la educación? Principalmente, los enseñantes somos - debemos ser - los primeros en reclamarla... pero desde nuestra propia posición, claro. ¿Quién narices se cree capacitado para, como decía una ENORME profesora, "impartir", sólo teniendo años en su haber?... No, por cierto; la vida nos da la experiencia. El conocimiento es labor nuestra.
    Estoy totalmente de acurdo con TODO lo que dices...

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  19. Gracias por tu comentario. Creo (o quiero creer) que somos cada vez más los que denunciamos que el emperador está desnudo. Un saludo

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  20. Me sorprende mucho todo este debate sobre los profesores y su formación. Es como querer tener un tren de alta velocidad y a la vez mantener la tecnología de la máquina de vapor. ¿Es que nadie ve que lo que se hace en las aulas es completamente inútil para la vida moderna del siglo XXI?. Memorizar es un absurdo y todo el sistema de producción es obsoleto. Por eso no hay solución.

    http://blogs.elpais.com/ayuda-al-estudiante/2013/11/reinventemos-nuestra-educacion-porque-se-basa-en-creencias-erroneas.html

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    1. ¡Señor Barajas! ¡Cuánto tiempo sin honrarnos con su presencia! Me sorprende que le sorprenda. Aquí queda su sabia reflexión. Me despido afectuosamente, no sin antes recordarle (esa memoria, Sr Barajas...) que ya se hizo publicidad en este blog en entradas anteriores, seguro que todos pudieron leer entonces el artículo que, una vez más, enlaza. Un saludo cordial.

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  21. Gracias por la bienvenida. Siempre me he sentido muy bien tratado en este blog! y es que de vez en cuando tengo algo de tiempo y me gusta contribuir a estas discusiones tan interesante. El articulo que menciono es muy bueno y arroja mucha luz sobre estos temas.

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    1. Nada nada, pues pásese cuando quiera que la entrada es gratis. Pero no nos arroje tanta luz que lo mismo nos deslumbramos.

      Suyo afectísimo,

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