miércoles, 27 de febrero de 2013

La educación y el reverso tenebroso (III). Todos ellos brujos.


 
De forma algo masoquista, lo reconozco, me veo obligado a referirme una vez más al documental “Entre maestros” por su evidente e indisimulado fomento del reverso tenebroso. Desconozco la relación de los cerebros que maquinaron semejante espectáculo con la secta satánica de “La semilla del diablo”, la novela de Ira Levin adaptada al cine de forma magistral por Polanski pero, sin haberme atrevido todavía a ver el documental y  habiendo arriesgado mi salud mental mediante una nueva ingesta del tráiler y la visualización de esta charla entre los dos sumos hacedores, no puedo evitar encontrar ciertas similitudes.

Cuando el didacta protagonista habla de su “necesidad de regalar lo que tiene en el corazón” y asegura haber “sentido” que el libro “tenía que regalarlo en internet” (sí, la cosa está basada en un libro titulado “23 maestros de corazón”) me viene a la cabeza otro regalo: el colgante con el que Minnie Castevet obsequia a Rosemary Woodhouse (según los Castavet un amuleto de la buena suerte) que contiene raíz de tanis, conocida como “la pimienta del diablo” y habitual en los aquelarres.  Cuando proclama que hay que “llevar el autoconocimiento divertido a las escuelas” asocio la fe del visionario abraza-alumnos con el “seguro que nos volveremos a ver” que Roman Castevet dirige, con el mismo convencimiento, a Rosemary. Cuando el director dice que “la educación puede transformar la sociedad” y asegura que esta transformación se logra “con seres humanos afectando a núcleos de otros seres humanos”(siempre sic), no puedo dejar de acordarme del jefe de los brujos, Adrián Marcato.

Incluso me he sorprendido (y esto ya me preocupa) buscando el anagrama oculto del título, Entre maestros, como Rosemary cuando pone el tablero sobre sus rodillas y saca de la caja las letras necesarias para formar la frase todos ellos brujos. Pero por mucho que reordenaba y reordenaba no me salía ni Steven Marcato, ni Roman Castevet, ni Gilles de Rais, ni Jane Wenham, ni Aleister Crowley, ni Thomas Weir, ni siquiera brujería. Por un instante, cuando formé la palabra “estamos”, sí pensé que lo había encontrado, pero lo siguiente fue rentre, trenre, netren…y esto ya no tenía sentido. Sin embargo, estoy seguro de que alguien que es capaz de preguntar a un alumno que dice que su asignatura es “una basura” si “tiene algo en contra de la basura”, o de afirmar que “en la educación hasta ahora sólo se ha educado en lo necesario y no en lo esencial”, que el alumno “debe ser él mismo”, que no debemos educar para que nuestros alumnos “orbiten el sol de la cultura correspondiente y se conviertan en esclavos de la sociedad” (para evitar lo cual “se necesita el autoconocimiento”), que el profesor debe“ocultar el sol de la cultura y los conocimientos para que puedan brillar las estrellas que cada uno de los alumnos son” o que “necesitamos una segunda alfabetización” porque “sabiendo leer y escribir también te engañan” y los jóvenes deben “aprender a saber leer y escribir de sí mismos”, quien sostiene todo esto, tiene que ser, sin ninguna duda, un discípulo aventajado de Marcato, salga o no salga el anagrama.
 

Todo esto que expongo no lo hago con ánimo, lo digo con total sinceridad, de criticar (mucho menos de hacer de ello una cuestión personal), sino de defender mi profesión de una serie de supercherías que, aunque revestidas de modernidad, parecen más propias de la época medieval que de la nuestra y que agreden con arbitrariedad y desfachatez a la propia esencia de la enseñanza en tanto que transmisión de un conjunto de conocimientos sistematizados y con el propósito de manifestar mi rechazo ante el intento de reconversión del docente en otra figura distinta y más cercana a la del psicoterapeuta o a la del monitor de tiempo libre, monitor que, por cierto, en la antigüedad romana, era el subalterno que acompañaba en el foro al orador romano para recordarle y presentarle los documentos y objetos de que debía servirse en su peroración y nunca el propio orador, a quien jamás osaría reemplazar. Y para que quede claro que mi pretensión es salir en defensa de lo que entiendo que debe ser la enseñanza y no ejercer la crítica por la crítica, trataré de rebatir algunas de las perlas, no todas, que en los vídeos citados se pueden escuchar.

1.- “La educación puede transformar la sociedad” y esta transformación se logra “con seres humanos afectando a núcleos de otros seres humanos”. Bien, esta segunda parte no puedo rebatirla porque no entiendo siquiera lo que significa. Intentaré, no obstante, explicar, en relación con la primera, cómo creo que se puede "transformar la sociedad": proporcionando a nuestros jóvenes la formación intelectual necesaria para que, en el futuro, puedan desenvolverse en dicha sociedad. Porque esta formación académica (en el sentido originario del término) es, de hecho, una auténtica necesidad social que permitirá que todos los alumnos, sea cual sea su procedencia y situación socioeconómica, tengan las mismas oportunidades de progresar. Y esto supondrá, sin ninguna duda, una franca mejora en una sociedad como la actual, que no siempre ampara este derecho a la igualdad de oportunidades y al ascenso social sino que más bien fomenta la mediocridad y la promoción a través, no del mérito, sino de otros factores menos éticos como la repercusión televisiva o la corrupción en todas sus versiones. Ahora bien, si se pretende sustituir la necesaria transmisión de los saberes por abrazos, socialización, terapia de grupo y brindis al sol (o a las estrellas), no dudo de que se conseguirá una transformación de la sociedad pero no en el sentido que se quiere vender sino en otro mucho más casposo y tramposo, aunque desde luego populista y folclórico.

2.- El objetivo de “llevar el autoconocimiento divertido a las escuelas” es un disparate de un calibre tal que casi ruboriza, excepto a quien lo mantiene, primero porque si el alumno fuera capaz de ejercerlo, no sería necesario el profesor y segundo porque cualquier profesor con una mínima experiencia sabe que ningún alumno adquiere el conocimiento por sí mismo y sin la ayuda imprescindible del docente. En cuanto a la diversión, no niego que pueda ser divertido “llevar el autoconocimiento” al aula, pero desde luego sí niego que los conocimientos deban adquirirse, como condición sine qua non, de manera lúdica o divertida.

3.- Tiene poco sentido hablar de una (profética) “segunda alfabetización” cuando la primera está, desgraciadamente, por llegar.

4. Haremos a nuestros alumnos “esclavos de la sociedad” si les hurtamos la posibilidad de una formación de calidad, si no les ofrecemos las herramientas intelectuales que les permitan desarrollar un espíritu crítico y les lleven a ser ciudadanos libres, es decir, si les “ocultamos el sol de la cultura y los conocimientos”.

Por todo lo anterior, y dejando pendientes unas cuantas perlas más, cuya respuesta seguro tendrá cabida en un posterior capítulo de la serie “La educación y el reverso tenebroso”, considero que todas estas recetas que vienen apareciendo y que manejan ingredientes en el fondo muy semejantes tienen el doble peligro de, por un lado, confundir a la sociedad y por otro, puesto que encuentran un hueco mediático que lamentablemente no se ofrece a los profesores que hacen lo posible por desarrollar con rigor y seriedad su importante labor, obligar a una réplica que, en realidad, dado el escaso nivel argumental, no debería ser necesaria. Aquí queda, en cualquier caso, seguro que mucho menos mediático, mi punto de vista.

viernes, 22 de febrero de 2013

La educación y el reverso tenebroso (II): La sotana pedagógica.

  
Hace tiempo que vengo dándole vueltas a una de las grandes contradicciones de lo que se conoce como “secta pedagógica”. Me refiero a la desproporcionada agresividad de muchos de sus adlátares hacia todo lo que suene a religioso (algunos creen incluso que el único problema de la enseñanza es  la presencia de la asignatura de Religión en el currículo) al tiempo que utilizan, para justificar sus aviesas intenciones, argumentos y actitudes de tinte claramente catequístico.

No hay más que ver el tráiler del docu-realitichou titulado “Entre maestros” con el que comenzaba esta serie dedicada al reverso tenebroso de la educación (coproducido nada menos que por TVE, es decir, subvencionado por todos) para constatar cómo el profesor recurre a técnicas de manual de autoayuda, casi diríamos de cura de barrio, para socializar con sus alumnos/feligreses. Hay escenas ciertamente sobrecogedoras (y solamente he visto el tráiler) como aquella en la que un alumno saluda a su profesor con un “este tío está como una cabra" (es verdad que éste acababa de inaugurar la clase -obviamente, matinal- con un "buenas noches"). Pero el que no tiene desperdicio es el momento en que el docente pide un voluntario con el que abrazarse (“un hombre que se dé un abrazo conmigo”, implora el colega, dicho lo de colega un en un sentido literal y de ninguna manera peyorativo porque a uno casi se le saltan las lágrimas ante tal demostración de buenos sentimientos (Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros como yo os he amado. Juan 15:12). Y conste que no pretendo ofender a los creyentes (pues yo mismo lo soy) sino evidenciar que, como suele decirse, no hay nada peor que un converso y que quienes más intolerantes se muestran con las creencias personales más tolerantes son con la estupidez humana. Pero tampoco es eso lo que quiero probar, sino la paradoja de un sector (el que habita lo que llamo “el reverso tenebroso de la educación”) que repudia la fe de los demás mientras trata de imponer la suya. Porque sólo desde el punto de vista de una fe inquebrantable en los dogmas del “lado oscuro” se puede entender tal empecinamiento en conceptos como la comprensividad, el aprendizaje significativo, la caducidad de los saberes o, por supuesto, las Nuevas Tecnologías (NT, como el Nuevo Testamento), Ser Supremo y auténtico Darth Sidious de la pedagogía posmoderna. No quiero terminar olvidándome de otra de las grandes Verdades: la Vocación, esa “llamada” que los disolutos profesores de instituto desoímos, entregados al vicio y al placer de los contenidos y los conocimientos, asumiendo el riesgo de que algún día podamos ser sometidos a un auto de fe pedagógico en el que nos veamos obligados a renunciar a nuestros principios para abrazar la Berdad avsoluta (sí, con “b” y con “v”).

“Tú no necesitas que nadie te guíe”, decía el Emperador Palpatine cual experto pedagógico despreciando la figura del profesor,  “con el tiempo, aprenderás a confiar en tus sensaciones. Entonces, serás invencible”.


jueves, 21 de febrero de 2013

María Dolores de Cospedal demanda a todos los españoles. Xavi Puig.


La secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, ha decidido actuar a título personal en el caso Bárcenas y, tras interponer el pasado viernes una demanda civil en defensa de su honor contra el ex tesorero popular y el diario El País, ha optado hoy por demandar a todos los españoles.

La dirigente popular es la primera persona en proceder por vía judicial contra todos los ciudadanos de su país, aunque ha matizado que la demanda excluye “a algunas personas, las menos, que no me han atacado a mí ni a mi partido. Así que mi Nachito, Cuca, Belén, Caco y Estefi, estad tranquilos porque esto no va con vosotros”.

Cospedal argumenta que “estar al servicio de los ciudadanos no me obliga a sufrir ataques infundados, calumnias e insultos por parte de la opinión pública, a la que yo no he faltado nunca al respeto”, ha explicado, recomendando a la población “que se vaya buscando un buen abogado”.

Otros miembros de la cúpula del Partido Popular podrían tomar la misma decisión en los próximos días, agravando el desencuentro entre la ciudadanía y la clase política.
 
Tras el fracaso de una estrategia consistente en no responder a las provocaciones, el PP considera que no hay otra opción que plantar cara. “Sé que hay caricaturas mías y del propio presidente circulando en Internet. Yo salgo con morros de cerdo y él pronunciando mal las eses”, ha declarado Soraya Sáenz de Santamaría, convencida de que “si nos ponemos a buscar pruebas, nosotros tenemos toneladas de insultos y los ciudadanos solo disponen de unos papeles escritos a mano”.

En la misma línea, el vicesecretario de organización del PP, Carlos Floriano, ha defendido la estrategia de acudir a los tribunales “para no empezar a liarte a tortas con la gente, que es lo que muchas veces tengo ganas de hacer”.
 
Publicado en: El Mundo Today.

lunes, 18 de febrero de 2013

Si todos caminamos en la misma dirección...

 

La vida en B. Juanjo Martínez Jambrina.


Pasa la vida por la madrileña calle de Génova desde que el extesorero Bárcenas empezó a soltar hojas de un cuaderno cuadriculado con la contabilidad más oculta del Partido Popular. Pasa la vida, pasa la vida y esta España nuestra cada día se parece más a un país en B, como ha señalado el columnista gallego Manuel Jabois en El Mundo. Esa doble contabilidad, ese doble fondo que nos aflora no afecta solamente a la economía sino también a la moral, lo que es más grave porque esto es algo que no admite dobladillos como el dinero. Esto de vivir en B, de decir una cosa y hacer la contraria, de vivir ocultando la verdadera magnitud de la tragedia, es un estilo de vida que lleva rampante unos cuantos años entre nosotros. Mi buen amigo José Lázaro, otro gallego genial, apunta en el número de enero de Claves de Razón Práctica, a propósito de la reforma del sistema sanitario, que es muy difícil solucionar los problemas sociales cuando los intereses reales se ocultan bajo el discurso de falsos valores generales. Esta forma de vida en B la ilustra Lázaro con una estampa que trajo de una visita a la ermita de San Andrés de Teixido, de honda raigambre en la mitología gallega. Cuenta el fino intelectual coruñés que en los alrededores de dicha ermita suelen proliferar las vendedoras de souvenirs, reliquias y exvotos del santo. Parece que mientras el peregrino observa las postales y figuritas expuestas sobre las mesas la vendedora observa con sumo cuidado el rostro del visitante. Y que si interpreta que los valores espirituales no le van a animar a sacar la cartera, la vendedora levanta con cuidado el mantel de la mesa, le enseña un cubo discretamente situado bajo ella y le informa: “También hay percebes, oiga”. Le muestra, pues, lo que es la vida en B de la buena.

Pasa la vida y pasa la memoria a juzgar por esta tendencia nuestra a repetir escenas que no conducen sino al desánimo y a la desconfianza de la gente hacia las instituciones públicas y hacia la democracia. Pero ahí seguimos, dando oxígeno a políticos corruptos acantonados en partidos con sistemas de financiación algo más que opacos y con intereses alejados de los ciudadanos. Muchos de estos males tienen que ver con la contemporánea tendencia a dulcificar la realidad, escondiendo cualquier forma de malestar que contradiga el dogma de que en el Estado del Bienestar es posible la felicidad perpetua y de que cualquier dolor puede ser abolido por las agencias al efecto. De tanto edulcorar la realidad parece que nos la hemos llevado por delante o la hemos duplicado, como apuntan los gallegos Jabois y Lázaro. Esta tarde he estado viendo la película El paseante del Campo de Marte, la vigorosa cinta que Robert Guédiguian rodó en el año 2005 para ilustrar los últimos días con vida de François Mitterrand. Ya muy enfermo, el presidente acepta que un joven periodista le entreviste varias sesiones con el ánimo de recoger sus impresiones sobre la sociedad francesa y aclarar algunos interrogantes de la época. Un buen día, Mitterrand pide que le lleven junto con el periodista a la Catedral de Chartres. Pide luego que le bajen a la cripta y que le dejen a solas con el reportero. El veterano político se muestra entusiasmado ante varias de las estatuas yacentes que allí se guardan y que conoce de memoria. Y le pide al joven periodista que acaricie la piedra de la que emergen los transidos rostros. Para que sepa con fuerza que hubo un tiempo en que los hombres no temían mostrar ni siquiera la muerte en toda su crudeza. Al rebufo del último gran político europeo, se me ocurre que hay formas decentes de sanear España sin perder la historia. Será necesario volver a hablar de ideales, de sueños labrados con sudor en mármol, para evitar que la política se coma a la moral. Y empezar a hacerlo cuanto antes. Porque entre tanto se nos pasa la vida y se nos pasa la gloria.

martes, 12 de febrero de 2013

La educación y el reverso tenebroso (I).



Yoda instruye a Luke Skywalker en el planeta Dagobah:

-Eso es: corre, corre, el poder de un Jedi proviene de La Fuerza, pero cuidado con el reverso tenebroso: ira, miedo, agresión… el reverso tenebroso te da fuerzas, ellos se mueven con facilidad y enseguida te inducen a la pelea, si alguna vez caes en el reverso tenebroso, dominará por siempre tu destino, te consumirá como hizo con el discípulo de Obi-Wan Kenobi.
-¿Es más fuerte el reverso tenebroso?
-¡No! más rápido, más fácil, más seductor...
-¿Cómo diferenciar el lado bueno del malo?
-Lo sabrás cuando estés tranquilo, en paz, equilibrado… un Jedi utiliza la fuerza como ciencia y para defensa, nunca para atacar.
-Pero...¿por qué no puedo...?
-No hay un por qué. Libera tu mente de preguntas.


En efecto, Yoda tenía razón: tu enfoque determina tu realidad. He aquí dos enfoques diferentes. El primero, puedo compartirlo; el segundo, en absoluto, aunque mucho me temo que generará muchos aplausos. Mal lo tenemos quienes nadamos contracorriente pero no queda otra que remar y remar. Como diría el Maestro Yoda: difícil misión es, pero imposible no.




miércoles, 6 de febrero de 2013

Chiste.


Ser profesor: conocimientos, pasión y compromiso. Y menos chorradas.



Como profesor, uno ya empieza a cansarse de que todo el mundo opine sobre cómo debe enseñar, especialmente aquellos que no han impartido nunca clase, como los expertos contertulios (expertos en eso: en ser contertulios). Se escuchan auténticas necedades por parte de personas ajenas al mundo académico (a veces, pertenecientes a este mundo pero dentro del subgénero psicopedagógico (-¿o debería decir pseudopedagógico?-) que pueden resumirse en un caca-pedo-culo-pis: necesitamos más formación, no nos hemos adaptado a los tiempos, enseñamos conocimientos caducos, adolecemos de falta de vocación, etc. 

Pues bien, como músico vocacional que ha encontrado en la enseñanza una faceta con la que se identifica e incluso disfruta, pese a la exigua consideración social (y sobre todo política) de esta labor, debo decir que, si algo me ha enseñado la experiencia, es que las tres únicas condiciones indispensables que debe reunir un buen profesor son, por este orden: conocimientos, pasión por su materia y empeño por transmitir a sus alumnos esos conocimientos y esa pasión, o lo que es lo mismo: compromiso. Mi admirado Julian Bream, el mítico guitarrista británico, decía respecto a la interpretación musical: “pasión y deseo de comunicar; esa es la clave”. Creo que este principio es perfectamente aplicable a la enseñanza. Un docente comprometido al que falten conocimientos no tendrá nada que transmitir, aunque rezume pasión; podrá ser entretenido, pero nunca eficaz. Un docente que no quiera transmitir lo que sabe será un mal profesor, por muchos conocimientos que tenga y por mucha pasión que sienta por su asignatura. Por lo tanto, sugiero a todos aquellos opinadores que asesoran sin que ninguno se lo hayamos pedido y desde la más absoluta de las ignorancias que se documenten sobre aquello que desconocen y tengan un mínimo de rigor para, al menos, no confundir conceptos tan básicos como información y conocimiento con el único objetivo de desprestigiar a los profesores y menospreciar su trascendencia como transmisores de ese conocimiento. La información puede encontrarse en internet pero nunca el conocimiento, error en el que estos insignes pensadores caen una y otra vez, de la misma manera que, antes de internet, la información (que no, insisto, el conocimiento) se encontraba en las bibliotecas y no por eso sobraban los profesores o se facilitaba al alumno una remesa de libros para que éste construyera su propio conocimiento. 

Decía al comienzo de esta reflexión que las tres condiciones indispensables que debe reunir un buen profesor son: conocimientos, pasión por su materia y empeño por transmitir esos conocimientos. Además de estas condiciones, deben darse otras dos, que ya no dependen del docente, pero que son igualmente imprescindibles: unas condiciones adecuadas y un alumno que quiera aprender. Lo demás son chorradas.

viernes, 1 de febrero de 2013

Es la lucha de clases. Juan José Millás.


De acuerdo con algunos expertos, resulta imposible en la actualidad estar bien informado, incluso informado a secas. Una conclusión terrible, no menos dura, por ejemplo, que la de que es imposible estar despierto. Imaginemos eso, que un grupo de investigadores de la Universidad de Harvard descubriera, tras rigurosos estudios, que la humanidad duerme irremediablemente desde hace siglos. La hipótesis, dadas las características de la realidad, que son las de una pesadilla, es verosímil. Resulta más difícil explicar cómo, en un mundo de soñantes, un grupo de investigadores permanece despejado.

No sabemos si estamos despiertos o dormidos, en fin, pero la desinformación, desde luego, es total. Y cuantos más telediarios y más programas de debate nos tragamos, o más se multiplican los datos en la Red, mayor es nuestra ignorancia sobre la realidad. Hay un dicho según el cual los peces no conocen el agua porque están rodeados de ella. Nosotros no estamos informados porque vivimos rodeados de noticias. A mayor número de noticias, mayor es nuestra ceguera. Ello dificulta saber dónde se encuentra la verdad y nos impide actuar en consecuencia.

En la fachada de un instituto de enseñanza media cercano a mi domicilio, han escrito esta noche, en grandes caracteres, un lema que reza así: "NO ES UNA CRISIS, ES LA LUCHA DE CLASES". He ahí una información parcial. Si te la encuentras al salir a comprar el periódico y no has vivido lo bastante como para saber que una frase, aunque sea compuesta, no puede contener toda la realidad, a lo mejor te la crees y encuentras una salida a tus dudas políticas. Un poco más allá, hay otro grafiti, según el cual "NO ES UNA CRISIS, ES UNA ESTAFA". Ambas afirmaciones, siendo ciertas, resultan parciales. Te compras cuatro periódicos para intentar completarlas y, curiosamente, las descompletas. No es posible estar informado. Quizá tampoco sea posible estar despierto. Pero lo cierto es que unos sueñan en camas de lujo y otros entre cartones de embalaje. Tal vez, pues, lo de la lucha de clases y lo de la estafa expliquen más de lo que parece a simple vista.