Dialéctica educativa. Alberto Royo.


Desde que recuerdo, al menos desde que comencé a ejercer la docencia en Secundaria, he comprobado cómo se utiliza el lenguaje en relación con nuestra profesión con muy poco rigor, consciente o inconscientemente, tratando como contrarios conceptos que no lo son. Así, se acusa a quienes hablamos de “enseñanza” de querer evitar la palabra “educación”; a quienes defendemos el conocimiento, de no querer inculcar valores a nuestros alumnos; y a quienes pedimos una mayor presencia de los contenidos, de rechazar la didáctica. Y todo ello es incorrecto.

Primer antagonismo falso: educar o enseñar.

Educar, según la Real Academia de la Lengua, se define como “dirigir, encaminar, doctrinar”; “desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos”; (…); “enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía”.
 Enseñar, también según la RAE, es: “instruir, doctrinar, amaestrar con reglas o preceptos”; “dar advertencia, ejemplo o escarmiento que sirva de experiencia y guía para obrar en lo sucesivo”; “indicar, dar señas de algo”; “mostrar o exponer algo, para que sea visto y apreciado”.

Si reflexionamos sobre estas dos definiciones, podemos observar, en primer lugar, que no sólo los términos no son opuestos, sino que son perfectamente compatibles e incluso intercambiables. Cuando uno educa, dirige mediante preceptos (“mandatos” u “órdenes que el superior hace observar y guardar al inferior o súbdito”; “cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento o manejo de un arte o facultad”) y pretende desarrollar facultades intelectuales, además de morales, objetivos que se han pretendido alejar del concepto posmoderno de “educación”. En segundo lugar, cuando uno enseña, da ejemplo (y también escarmiento) para que éste sirva de experiencia y guía futuro, algo que, pese a la alergia de algunos hacia el término “enseñar”, es de una relevancia indiscutible.

Segundo antagonismo falso: conocimiento o educación en valores.

Conocimiento significa, siempre según la Real Academia: “acción y efecto de conocer”; entendimiento, inteligencia, razón natural”; (…) “noción, ciencia, sabiduría”. Parece difícil refutar su importancia.

Sobre el significado de valor dice la RAE: “grado de utilidad o aptitud de las cosas, para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite” (…); “alcance de la significación o importancia de una cosa, acción, palabra o frase” (…) “cualidad que poseen algunas realidades, consideradas bienes, por lo cual son estimables. Los valores tienen polaridad en cuanto son positivos o negativos, y jerarquía en cuanto son superiores o inferiores”.

Por un lado, resulta incomprensible que todavía se pretenda contraponer la demanda de recuperación del prestigio del saber y el conocimiento con la innegable necesidad de proporcionar una educación en valores, pues es evidente que el conocimiento es, por definición, un valor. Por otro, si nos referimos a valores menos académicos y más directamente relacionados con el enriquecimiento personal, hay que decir que, también en este sentido, el conocimiento es un valor indispensable, pues una persona formada será, sin duda, una persona más libre.

Tercer antagonismo falso: contenido o didáctica.

El término contenido significa “tabla de materias, a modo de índice”. Materia, es, dice la RAE, “asignatura, disciplina científica”. No hace falta explicar por qué son necesarias las materias en la educación.

La didáctica se define como “perteneciente o relativo a la enseñanza”; “propio, adecuado para enseñar o instruir”; “arte de enseñar”.

De lo anterior podemos deducir que la didáctica es una herramienta (metodológicamente plural), por medio de la cual un profesor enseña su materia, materia que está integrada por una serie de contenidos que proporcionará a nuestros alumnos unos conocimientos que son un valor en sí mismo y que permitirán que sean, el día de mañana, personas con formación, espíritu crítico y la independencia necesaria para formar parte de la sociedad y sumar en el progreso de la misma.

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