Adiós a la extra de Navidad. Alberto Royo.



EL Gobierno del PP ha decidido que, como muchos otros empleados públicos, no cobraré la paga extraordinaria de diciembre.

Gané mi oposición como profesor de Enseñanza Secundaria hace ocho años. De las únicamente tres plazas que se ofertaban en mi especialidad, obtuve la primera de ellas. Tuve que superar tres pruebas eliminatorias: un primer examen teórico en el que debí desarrollar un tema a elegir entre dos extraídos al azar de un total de setenta; un segundo examen con varios apartados (análisis de audición, análisis de partitura, aplicación didáctica de una pieza musical, interpretación); y un tercero, comúnmente llamado encerrona, en el que, tras dos horas de preparación de otro tema escogido entre dos, hube de exponer cómo desarrollaría dicho tema, defender mi programación y debatir con el tribunal sobre cuantas cuestiones me planteó. Para conseguir mi plaza, estudié muchas horas durante muchos meses y sacrifiqué proyectos personales y profesionales, apostando por la función pública, no por vocación (eso se lo dejo a los frailes y los toreros) sino por cuestiones mucho más terrenales y prácticas (entonces aún se hablaba de aquello del sueldo fijo).

No les cuento cómo aprobé la oposición para presumir de nada, sino para explicar cómo nos hemos ganado los funcionarios nuestro puesto de trabajo y por qué ningún Gobierno tiene derecho a reducirnos el sueldo (como hizo Zapatero), congelarlo (como hizo Aznar) o quitarnos pagas extras (como va a hacer Rajoy). El motivo de que un funcionario tenga una plaza fija no es otro que evitar que su situación laboral pueda estar condicionada por el Gobierno de turno en menoscabo de su independencia como trabajador público, al haber accedido a través de los principios de mérito, capacidad y transparencia. Decía recientemente el ministro Montoro que "la oposición es un método de selección para que estén al servicio público los mejores, no para tener un puesto seguro frente al resto". Señor Montoro, cuando una persona gana una oposición, merece un puesto seguro frente a quien no lo ha hecho, justamente porque en ese proceso de selección ha sido mejor que los demás (parece mentira que haya que explicar esto a alguien con estudios); por otro lado, ¿qué sistema de selección ha afrontado usted para ganarse la vida, tan bien, con la política?

Cuando decidí preparar oposiciones ya sabía que en la función pública no ganaría lo mismo que en una empresa privada, pero opté por la estabilidad de trabajar para la Administración, suponiendo que mi sueldo, aunque nunca se parecería ni de lejos al del directivo de un banco, tampoco sería recortado cuando las cosas fueran mal. Evidentemente, no ha sido así. Y ya estoy harto. Ni me he enriquecido con la especulación inmobiliaria, ni he vivido por encima de mis posibilidades, ni he defraudado a Hacienda, ni he despilfarrado el dinero de los demás, así que no tengo por qué pagar por todo ello, cuando ustedes, señores políticos, perdonan a los defraudadores, amparan a los especuladores, se enriquecen a nuestra costa, regalan a los bancos nuestro dinero y continúan haciendo del nepotismo un estilo de gestión pública.

Mientras quienes hemos accedido a nuestro puesto de trabajo con esfuerzo, dedicación y sacrificio seguimos siendo vapuleados, ustedes siguen cobrando pensiones vitalicias, manteniendo coches oficiales, malgastando nuestro dinero, conservando un número de diputados, parlamentarios y senadores a todas luces desproporcionado y tapando numerosos casos de corrupción en sus partidos sin asumir las consecuencias… Tienen ustedes cuantiosas subvenciones públicas para sus partidos y fundaciones; paguen con ese dinero lo que miembros de su partido se han llevado y devuélvanlo a la sociedad. ¿Qué decir de la Casa Real y el despiadado recorte de un 2% o del bochornoso caso Nóos? ¿Quién va a restituir todo ese dinero robado y defraudado? ¿Y los clubes de fútbol? ¿Y las televisiones públicas? ¿Y las grandes fortunas, a las que todos ustedes (sí, todos, también la izquierda) protegen? ¿O son ellos los que les protegen a ustedes? Reintegren todo lo que se han llevado de forma injusta, insolidaria y aprovechada (complementos de cesantía, asistencia sanitaria de uso especial, supresión del pago de cuotas a la Seguridad Social, seguros de vida y accidentes privados…). Eliminen competencias si es necesario y ahorren consejeros, directores generales, directores de servicio, jefes de sección, jefes de negociado, asesores y demás cargos que están ahí cobrando de forma más que generosa sin haber superado ninguna oposición. Sé que no lo van a hacer porque no les queda decencia, ni siquiera en un momento como este, en el que España encabeza el índice de miseria de la Unión Europea, con un 26,4%, una situación similar a la de la posguerra, y no son capaces de renunciar a sus prebendas. Señores políticos, su actitud y su gestión son una auténtica vergüenza.

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